—Sebastian, no corras...—
Oh, ya, solo es tu hi… —se cortĂł a sĂ misma y guardĂł silencio, asimilando sus palabras. MirĂł a Franco y luego al pequeño. TenĂan los mismos ojos, y ahora que los observaba con detenciĂłn, veĂa algunos parecidos más. No pudo contener la exclamaciĂłn—. ¡No eres virgen!
Se quedĂł esperando por la reacciĂłn, mirándola con cierta curiosidad y cuando por fin reaccionĂł, rodĂł los ojos, ella seguĂa siendo la misma chica de siempre --De todas las cosas que pudiste haber dicho, Âżeliges eso?-- RiĂł, dejando a Sebastian nuevamente en el suelo --Pues no, no lo so--















