Siempre que voy cruzando la calle y veo que viene un auto rápido empiezo a caminar más lento, para hacerlo frenar. Me divierte molestar al otro y creo que hago un poco de justicia poĂ©tica anti capitalista y reivindico al oprimido peatĂłn.  y a veces, si veo que el auto es caro,  me hago el rengo, para cruzar más lento. Hasta ayer, que hice frenar a un auto y se bajaron tres gorilas y me empezaron a correr. TenĂan aspecto de barrabravas, mafiosos y sindicalistas. Estaba tan asustado que cuando los perdĂ me escondĂ en un bar, por si me estaba buscando.
En el bar me sentĂ© en una mesa cerca de la ventana, me quedĂ© un rato pensando y me prometĂ no volver a hacer frenar a los autos nunca más. Me acordĂ© de una frase que dijo “el dengue” (le decĂamos asĂ porque habĂa tenido dengue) “siempre hay alguien más loco que vos”.
Como pasaron 40 minutos, y nadie me atendĂa,  me acerquĂ© a la barra y  le preguntĂ© al mozo si me podĂa dar un cafĂ©.
-estamos de paro, en huelga, hace dos meses que no nos depositan el sueldo- me dijo y siguiĂł mirando su celular. Como vio que yo seguĂa ahĂ parado, dejo el celular y me mirĂł fijo y me dijo : “de verdad chabĂłn”
Otro mozo que estaba sentado en una silla, con las piernas apoyadas en la mesa me dijo:
-a vos te corrieron unos tipos en la calle. Te afanaste algo?? Â
-bueno, no importa, yo estuve preso dos años,  sabĂ©s??. Fue asĂ, me fui de campamento a Santa Clara, solo yo y mi carpa. Era hippie y antisistema o algo asĂ, me metĂ en una playa, la más alejada y solitaria que encontrĂ©, y me quedĂ© ahĂ. VivĂa bien, rodeado del mar y la naturaleza. En silencio y armonĂa. Experimentaba momentos de paz y de dicha que nunca más los volvĂ a sentir.  Un dĂa me despertĂ© y habĂa veinte tipos alrededor de mi carpa. Eran barrabravas de Boca, se habĂa roto su micro en la ruta y habĂan bajado en mi playa. Me hicieron lavarles la ropa, hacerles  la comida, darles masajes  y me hicieron bailar arriba de una lata “ProvĂłcame” de chayanne y tambiĂ©n la cumbia del recuerdo “lo escribĂ en un boleto”. Me humillaron y me maltrataron, como te daras cuenta.  AsĂ dos dĂas, hasta que arreglaron el micro y se fueron. Pero para mi sorpresa se habĂan olvidado un arma, un revolver calibre 32.  Al tiempo yo tambiĂ©n decidĂ irme, me afanĂ© una moto en el pueblo, asaltĂ© un restaurant y me agarraron. Me habĂa vuelto malo. Ahora soy sindicalista, que es la forma más mala de querer ser bueno. Y tambiĂ©n tengo la cara de un lado más hinchada, me di cuenta que me estabas mirando, por eso te lo digo,  hace dos dĂas la tengo asĂ.
-por ahĂ es un tumor- le dije
- Cerramos el bar y nos vamos ya al hospital. Tenes la cara como un globo. Primero la salud, después la lucha por los derechos del trabajador.
En el hospital entramos directo a urgencias. Sebastián y Jorge hacen el papeleo, parece que tienen un problema con la obra social que ya no les cubre la consulta.  Su cara está más hinchada, sobre todo en la papada.
-Parezco un sapo, la concha de mi madre-le dice Jorge a la chica de la administraciĂłn. Â
Para matar un poco el tiempo decido recorrer el hospital. Me cruzo con una piba llorando.
- no hay drama- le digo- y a demás perdón por qué??.
No-me dice- la verdad que no, la otra vez me comprĂ© dos pizzas, era una promo en una pizzerĂa cerca de mi casa. A mĂ me encanta comer y me gusta la idea de tener pizza para comer al otro dĂa. Por eso comprĂ© dos.  Me comĂ una y me fui a dormir, al otro dĂa cuando volvĂ de trabajar, con la idea de comer la otra pizza, entro a mi casa y veo una rata arriba de la pizza, comiendo el queso. TenĂa tanta hambre que me larguĂ© a llorar y me la comĂ igual. Ahora tengo miedo de tener hanta virus. La enfermedad de las ratas, es onda la peste negra.
-uy, qué bajón- le digo y me voy a ver a los pibes.
-Y jorgé??- le pregunto a Sebastián.
-reciĂ©n hablĂ© con una piba que tenĂa hanta virus, la enfermedad de las ratas.
- es como la peste negra??
Cuando lleguĂ© a mi casa me puse a ordenar. LimpiĂ© los platos y lavĂ© la ropa. TambiĂ©n le pasĂ© un trapo a los pisos. Lavandina y pinolux. Antes compraba el limpia pisos suelto, lo vendĂan por litro y la lavandina tambiĂ©n, pero despuĂ©s me di cuenta que la lavandina estaba aguada y que el pinolux era agua destilada con perfume. Cuando terminĂ© de limpiar, me sentĂ© y me puse a tomar mate. Mi ex novia, la Ăşltima con la que convivĂ, siempre me decĂa que no hacĂa nada en la casa. Y me dejaba tareas del hogar escritas en un papel colgando de la heladera. Â
La noche ya habĂa caĂdo y la casa estaba oscura, me levantĂ© para prender la luz. Antes me quedĂ© un rato pensando en las ratas. LlovĂa y hacĂa frio.