Y dejΓ© de sentir la necesidad de volver a ti, de llamarte, de verte, de amarte.
Hubo un tiempo en el que pensΓ© que jamΓ‘s sucederΓa. CreΓ que mi mente no dejarΓa de pronunciar tu nombre y que mi corazΓ³n jamΓ‘s dejarΓa de doler. Pero lo hizo.
No fue fΓ‘cil. No ocurriΓ³ en un dΓa, ni en un segundo. Me llevΓ³ mucho tiempo comprender que aquello que sentΓa no era amor.
Nadie trata asΓ a la persona que ama. Y yo me amo demasiado como para permitir que algo siga haciΓ©ndome daΓ±o. Me amo lo suficiente para abrir los ojos y reconocer que ahΓ no habΓa amor. No habΓa nada.
Era una batalla entre mi corazΓ³n y mi razΓ³n, donde yo justificaba cada gesto, cada palabra, cada ausencia. Siempre jurΓ© que algo asΓ nunca me pasarΓa, pero me pasΓ³.
Y entonces aprendΓ a amarme. AprendΓ a dejarte ir. No a ti, sino a la idea que habΓa creado de ti. Porque cuando retirΓ© todo aquello que mi imaginaciΓ³n habΓa colocado sobre tus hombros, solo quedabas tΓΊ: una persona a la que, en mi sano juicio, jamΓ‘s habrΓa permitido entrar en mi vida.
No dirΓ© que me enseΓ±aste nada, porque no fue asΓ. Todo lo que creΓ haber aprendido contigo era solo una ilusiΓ³n, una trampa mΓ‘s para mantenerme atrapada.
Y crΓ©eme, ahΓ ya no quiero estar.
Y soy completamente feliz.