La que casa de mis abuelos ya no es lo que solía ser ahora que no están, pero aun hay cosas que me gusta ver, como mi cuadro favorito de la escalera, o el cuarto de música de abuelo.
Es raro crecer en un lugar y verlo envejecer después de habitarlo, supongo que el tiempo pasa igual para ambas, pero solo a una de las dos se nos notan las paredes desgastadas y las ventanas rotas.
"Ya se ha hecho vieja" pensé, como si yo no hubiera crecido a su vez, a la casa le rechinan las puertas y a mi las rodillas. Nunca sería mas fácil abandonarla a ella que a mi misma, pero hay lugares de donde simplemente tienes que aprender a irte. No porque ya no tengan nada que ofrecer, pero por que ya no hay espacio para ningún recuerdo bueno.
Mis lugares favoritos se llenaron de polvo y la cocina de mi abuela ahora es diferente, ya no existe su comida y el libro de recetas se perdió, al igual que la mitad del jardín.
Ya no existe el árbol de granadas, ni la mesa donde tomábamos el café en las mañanas, es casi como si también se hubieran llevado mis memorias en cada pedazo de escombro que recogieron alguna vez.


















