A Troya A Troya se llega a pie, se suben las montañitas de sus costados. Se saltan grietas, se esquivan fisuras. A Troya se va al trote, se le monta con la fuerza de los caballos de Helios, se le reclama con los ojos de frente a las estrellas. A Troya se le besa con la guerra y se le conquista con el fin; se le reclama el adiós y se le abraza con las pérdidas. Troya es una mujer, Troya soy yo
—Melissa B.








