Como algunos sabrán, el FIB es el festival al que —con diferencia— más años he ido, y todavÃa mi indudable favorito de todos a los que acudo. A punto de cumplir —si todo va bien— sus 20 ediciones, es inútil acercarse al Benicà ssim de 2013 del mismo modo que al de 1995. Ha crecido, ha evolucionado y sÃ, se ha llenado de ingleses, pero ya sea por cariño, nostalgia, anglofilia, fanatismo o las indudables virtudes que todavÃa posee —y que muchas veces son injustamente ignoradas—, no hay momento del año que espere con más ansia que el de esos cuatro dÃas de mediados de julio, asà que I will definitely be back here next year and every year for as long as it socially acceptable. Esto fue lo que más y menos me gustó este año: Lo mejor: • Woodkid. De verdad que no me lo esperaba: el álbum de Yoann Lemoine me gustaba, pero moderadamente, y ni siquiera tenÃa muy claro si ir o no a su concierto. Pues bien, de no haberlo hecho me habrÃa perdido uno de los espectáculos más emocionantes en los que he estado en mucho tiempo, presidido por un sonido perfecto que hizo brillar especialmente la voz del francés y su sección de viento y percusionistas. El mejor del FIB 2013. Como muestra, un minuto que a lo mejor se pierde en la frialdad de YouTube, pero que a mà me pone los pelos de punta rememorar. • Temples, AlunaGeorge y Chvrches. Bandas de esa clase media emergente que darán mucho que hablar en el futuro, que parecÃan más carne de Primavera Sound y sin embargo se colaron en el cartel de Benicà ssim y cumplieron con nota. • Rizzle Kicks, Rudimental y Jake Bugg. Estos son los que, por su carácter de artistas casi rozando el mainstream y de gran cercanÃa con el público británico más joven, hoy por hoy solamente es posible que estén en este festival. Yo encantado: "When I Was A Youngster", "Waiting All Night" y "Broken" también pasan a mi lista de momentos musicales memorables. • Miles Kane y Dizzee Rascal. Se están convirtiendo en fetiches del FIB, camino de ser tan habituales como en su dÃa lo fueron —eran otros tiempos— The Chemical Brothers. Dos conciertos sobresalientes, y que además en Benicà ssim tienen un plus que parece una perogrullada pero no lo es en absoluto: la experiencia de ver un artista británico acompañado de un público británico. Es otra cosa, en serio. • El público. Son jóvenes e ingleses —y además muy guapos—, ¿algún problema? Para mÃ, desde luego, no. Lo de la mala educación es un mito que se deberÃa desterrar, y en energÃa, diversión y tendencia genética a crear un pogo —en el que, obviamente no es obligatorio participar— son imbatibles. Gente que vuelve a casa (y aquà me permito incluirme) con la sensación de haber vivido algo más que un festival de música, algunos dicen que la mejor semana de su vida, otros que una muesca más de las experiencias vitales memorables. • La pinchada de los chicos de Indiespot. Nos Ãbamos a pasar un ratito como preámbulo a Benny Benassi (sÃ, escuchar "Satisfaction" en un festival es una de esas experiencias que apetece vivir una vez en la vida) y ya no nos movimos de allÃ. Excelente selección y magnÃfica respuesta del público. En Spotify han colgado la lista con su sesión. • Aldo Linares pinchando a Chiquito de la Calzada. • ParecÃa haber menos y más pequeñas barras que el año pasado, pero este sigue siendo el lugar en el que, con diferencia, menos colas hay que hacer y más rápido te atienden. Y donde te dan papel higiénico todas y cada una de las veces que entras en los baños. • El apartamento del Torreón. • El párking del FIB. • Quedarse en Benicà ssim tres dÃas más después del festival. • Letizia al FIB. Lo peor: • Beach House. Hubo mucha gente a la que le gustaron, pero yo no acabé de conectar con ellos como sà lo hice la primera vez que los vi en el Primavera. Puede que fuera por estar en un sector donde la gente no dejaba de hablar (curiosamente, no en inglés), que no habÃa demasiada en general y lo hacÃa parecer un poco desangelado, el sonido que llegaba a veces desde otro escenario o que no fuera mi dÃa de conexión con ellos, pero salà muy decepcionado. • Madeon. Me esperaba un concierto/sesión un poco más pop-friendly por parte del DJ prodigio y resultó ser demasiado zapatillesco para lo que me pedÃan la hora y el cuerpo. • Beady Eye y Johnny Marr. Ni siquiera llegué a ir a verlos, por pereza. No estoy en contra de los revivals ni las reuniones, pero sà de las viejas glorias viviendo de rentas más ajenas que propias. • La selección de grupos españoles tampoco me mató demasiado. HabÃa algunas cosas interesantes, pero desde luego, no me atraÃa tanto como lo de Juanita y los Feos, La Casa Azul, Thee Brandy Hips, klaus&kinski o Crepus del año pasado. • La cancelación de Azealia Banks. Esta chica tiene una problema que puede truncar lo que podrÃa ser una prometedora carrera. • La nueva orientación del FIB Club. Me dio la impresión de que lo único que se consiguió al girarlo 90 grados fue conseguir que su sonido se proyectara más directamente hacia los otros dos principales. Lo preferÃa como estaba antes. • Los precios: 3 euros la cerveza y 9 la copa (ah, y 10 subirse a la atracción). Excesivos y creando precedentes. No es extraño que corrieran las petacas.