Notar la presencia de alguien más en la habitación logra que termine de forma abrupta el video que filmaba (o intentaba filmar). Y es eso mismo lo que la lleva a soltar un suspiro frustrado, porque si le avergüenza hacerlo frente a una única otra persona, ¿cómo hará para publicarlo en las redes sociales de su grupo? Baja el libreto que lleva en las manos en un gesto casi rendido, y decide solicitar ayuda: “Hey, ¿tienes ganas de ayudar a un alma en pena?”
Cejas en alto, curiosidad irradiando dentro del suspenso generado por la falta de detalles: “Uh, si puedo hacerlo...” necesita más información sobre la ayuda requerida antes de ofrecer una respuesta, no cree que la intención de cooperar con su compañera sea suficiente para resultar útil. “Me fue bien en la última clase, por cierto — me adelanto a lo que seguro me ibas a preguntar.” agrega, entre sonrisas, un reproche que no delata rencores, ni molestias, más bien confianza y plena comodidad.















