MAMÁ.
BENJAMIN.
Avellanas se posan sobre bloque de caoba, verdor en forma de tallo se ve arropado entre dígitos. La bocanada de aire se adentra en cueva bucal, antes de efectuar pasos que distancian de meta adoptada, mientras en raciocinio continúa la repetición de discurso de infante. Es el corazón el que palpita a velocidad alarmante contra caja torácica, creyente del abandono del bombeador ante el pavor que embarga, siendo olas de temperatura las que terminan concentrándose en mejillas que se tiñen en bermellón. Extremidad diestra se eleva, artilugio que proclama sonidos en avisos de nuevos visitantes que se encuentra a estatura desmesurada para párvulo, por lo que son los golpes contra madera las que dan aviso de presencia masculina. Anhelando pasos de menor, entrega inmediata de níveos pétalos, antes de abandonar escena.
@bethanics
Pausa toda tarea cuando a sus oídos llega el golpeteo en la puerta de entrada, seca sus manos con una de las servilletas que encuentra en la cocina y, entonces, emprende camino a atender al visitante. Una mezcla de extrañeza y expectación crece dentro de la castaña, pues no recuerda haber programado ninguna visita a su residencia, mucho menos durante un horario donde los deberes se ven todavía pendientes, más sin embargo, eso no impide que la pequeña figura que encuentra del otro lado de la madera le robe una grata sorpresa. Es desconcierto lo que le ataca primero, una aparición inesperada, mas el mismo se ve reemplazado por una entrañable sensación en el pecho cuando sus pupilas se detienen en la flor que se extiende en su dirección. “Azra,” voz endulzada por al ternura, no esconde la sonrisa que se apropia involuntaria de sus labios. “Hey, ¿estás buscando a Emma?” Es la única explicación que encuentra para su presencia a la puerta del porche. Beth echa un vistazo hacia el interior de la casa por encima del hombro para elevar la voz. “¿Emma? Tienes visitas, cielo.”
La mención de su nombre es suficiente para despertar interés en la pequeña que frente al televisor de la sala principal se encuentra mirando dibujos animados. Emma dirige su vista en dirección al corredor y, por un instante, considera la idea de ignorar al llamado de su madre porque su parte favorita de la película está por llegar, más sin embargo, como suele ser usual, la curiosidad termina ganándole. Deprisa, busca el control remoto sobre la mesita de café y pausa la televisión para, entonces, dirigirse hacia el pasillo. Medio cuerpo se asoma por el umbral de la sala, rizos dorados se mueven ligeramente tras inclinarse hacia afuera con intenciones de divisar desde su sitio quién se encuentra a la espera por ella. “¿Quién es, mamá?” Inquiere, antes de permitir que pequeños pasos la guíen en dirección a la entrada. Cuando la silueta del niño se forma delante de sus ojos, una leve punzada de desconcierto le golpea, mas no es disgusto lo que siente. “Benjamin, ¿qué haces aquí?” ( @bazratcnks )


















