La nostalgia es contemplar en las mañanas el lado de la cama de quien se fue; la soledad, es dormir en las noches en el otro extremo vacío...
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La nostalgia es contemplar en las mañanas el lado de la cama de quien se fue; la soledad, es dormir en las noches en el otro extremo vacío...

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La cama está que extraña el movimiento
Tu ropa extraña el aire que le quitas
Y como un batallón en huelga de futuros
Se asoman tus zapatos por el closet
La casa está con ganas de clonarte
Y el cuadro en la pared está aburrido
Y es que hasta tu aliada la cocina
Extraña aquellos guisos que le hacías
Y no se hable del reloj que haraganea
Haciendo de un instante una odisea
Y pa' qué te hablo de mí, si está de más
Pa' qué la dosis diaria de anestesia
Pa' qué decirte que el agua es escarcha
Pa' qué decirte que hoy que ya te vas
Los perros solo ladran de tristeza
Y los naipes se suicidan en el mueble...
El sillón aún guarda huellas de tus curvas
Y el piso no es el mismo sin tus pasos
Y el sol ya ni se asoma en la ventana
Sabiendo que no estás para observarlo
Y no se hable de tu olor que flota inerte
O del espejo que se inclina para verte
Y pa' qué te hablo de mí, si está de más
Pa' qué la verborragia cursi y necia
Pa' qué decirte que el peor es quien te habla
Pa' qué decirte que hoy que ya no estás
La casa se derrumba en mi cabeza
Y la puerta se abre sola por si vuelves...
Hoy me sentí solo, pero no solo eso, hoy estuve solo... hubo un silencio abisal en este segundo piso. La única nota que se escuchó fue la del silencio, un Sol sin tener donde sostenerse.
En realidad daba igual si era 1876 o 2022, nunca hubo sonido del teléfono que me hiciera sopesar la oreja derecha bajo el sonido de nadie... poco importó también que fuera domingo, pudo ser lunes o jueves, ni siquiera el sonido de las campanas penetró al espesor del vidrio del ventanal que funge como pared en el baño.
A las seis menos diez, el agua cayó sobre mi cuerpo iluminado por los rayos del sol que sí pudieron taladrar donde el sonido de las campanas inexistentes no lo hizo, pero lo hizo enmudecida y las gotas que bombardeaban mi piel a penas y se sentían como el plástico burbuja en el que envuelven las tazas y jarrones.
La casa era un jarrón sin salida y sin cobertura con plástico burbuja, porque el calor quemaba y el ventilador de agua al lado de mí a penas y daba unos soplidos en amenaza a huelga por no poder silbar al viento... porque el silencio era la antesala de este domingo que pudo ser miércoles porque la soledad no entiende de calendarios y hoy estuvo presente.
Se sentó desde la mañana cuando me levanté a preparar café, admiró mi nueva taza, 'always be yourself', escrito en cinco líneas de colores diferentes simulando un arcoiris vertical... me detengo y aunque comprendo el mensaje inclusivista que distorsiona el capitalismo y retuerce el consumismo, me pregunto si realmente es sano y deseable el 'siempre ser uno mismo'.
Hoy estuve solo, al lado únicamente de la soledad que se sentó en la silla a mi izquierda y al igual que el ventilador de agua, estuve meditando la idea de ponerme en huelga contra mi régimen, así que doblegado mi novedosa filosofía de que la tecnología es la responsable de la soledad colectiva que nos embarga peor aun que la nueva cepa Covid-19OmicronB.01.02, o algo así, abrí mi laptop y comencé a jugar con un rom de la Gameboy Advance, lo jugaba cuando tenía 13 o 14 y decidí ver que sentía hacerlo ahora. En medio del silencio y retratado por la soledad, que me pintaba un lienzo desde la puerta derecha del closet, comencé a jugar, de las siete se dieron las diez y no me di cuenta que todo lo que hacía el personaje sujeto a mis dedos en el teclado, era realizar actividades cotidianas y socializar y tener un departamento agradable mientras cuidaba que no se marchitaran las plantas, me di cuenta de ello, cuando interrumpí la obra de arte, al tener que ir al baño y notar que a mi Cuna de Moisés le había brotado una hoja nueva, verde y brillante como el encendedor que me hará fumarme el doceavo cigarro del día.
Desde la taza de café con el mensaje pro LGBT hasta el brote de la nueva hoja en la planta sobre el depósito pasó todo el domingo que pudo ser viernes, pero ni siquiera el sonido de los coches al salir al balcón se escuchó entre la avenida principal 'Independencia' y me río de la ironía, vivo en la Independencia, al norte de la Libertad; y la poesía de la Soledad está casi completa a juego con las figuras retóricas que empleó macabramente.
No hubo optimismo el día de hoy, pero tampoco hubo pesimismo y a decir verdad, pasó tan inverosímil que podría dudarse incluso del "sí hubo", porque el acto final de la soledad, consistió en abrazar, también con 's', incendiando la alcoba y acabábdose el poco oxígeno que el alquitrán consumido del cigarro número quince, dejó a la suerte.
Y se fue el domingo que pudo ser domingo, en medio de la luna que hasta al conejo le tapa hasta los bigotes, con mi perro, Zeus, echado frente a mí usando el pañuelo rojo de mi disfraz de Woody para el día del niño, y pienso si Zeus también se sintió solo, o si lo acarició la soledad mientras estuvo debajo de la cama, si lo calmó cuando fuimos al parque y el silencio fabricaba una escena de las películas de Charles Chaplin, pero a color. Hoy Zeus se sintió tan humano como yo y yo, bebiendo un poco de cerveza en la taza que dice 'Always be yourself', me sentí encarnado a la soledad que se va a destaparle la cara al conejo para volver cuando de nuevo haga falta...
2021: Un año para perder.
Quizá por lo romántico que resulta este día para hacer un recuento del pasado, me di cuenta que el 2021 fue un año que me dio donde duele y fue a través del perder.
Podría hacer una lista de todo lo que se perdió este año, (si no a nivel Global, que haría que la queja que escribo parezca un chiste), pero creo que es la última de la que verdaderamente quiero aprovecharme para despedir al año.
La noche del diecinueve de diciembre que recibí la noticia de que mi perro, Zeus, se había extraviado, experimenté una a una, en un instante, las fases del duelo, la incredulidad como acto reflejo, la ira del hubiera, la negociación absurda con cosas banales, la tristeza de asumir la realidad para darle paso a la aceptación. Comencé a hacer un cartel en la lap top a las dos de la mañana después de ocho cigarros y media botella de vino que tenía reservada para navidad. Compré por teléfono un boleto de autobús con salida a las 4:10 de la madrugada y me quedé despierto sin hacer nada hasta que llegué a la central.
Iba totalmente serio, ni siquiera podía pensar en hablar, solamente tomaba café en el termo donde siempre llevo agua. Casi al llegar estaba confundido al mirar por la ventana, porque al limpiar el vidrio con mi manga el paño no se quitaba, al bajar vi mi ciudad tapizada de neblina, creo que nunca la había visto así, tardé una eternidad para conseguir un taxi que me llevara a casa y al llegar comencé a pegar carteles en los postes al lado de mi mamá. Pasado un rato me mandó un mensaje que regresaría un rato a la casa para preparar café y desayuno. Y me quedé en medio de la neblina en un parque totalmente vandalizado buscando a Zeus. No lo sé, creo que fue una escena muy dramática, de hecho pensé, justo ahí, que de existir Dios, le gusta mucho el humor negro, creo que nunca olvidaré que la neblina me hizo perder la fe por un momento.
Y así continuaron los días, yendo y viniendo de Delicias a todos los sitios posibles: parques, postes, tiendas, automóviles, perreras y veterinarias; todo como un aspecto desaliñado, los tennis enlodados, el cabello con una cola mal amarrada y un olor que ni yo sabía que existía. Al cuarto día ya estaba fuera de sí, solo traía dióxido de carbono en el estómago y como seis horas de sueño y me subí a un puente por el camellón central a buscar a un perro que presumían de haber visto atropellado, en medio de los carros que pasaban, por los dos sentidos, a buena velocidad.
Para como soy podría escribir a detalle todo lo que pasó, pero Zeus regresó mientras yo estaba buscándolo con una lámpara minera en el canal de las aguas residuales. Llegó solo, aruñó la puerta y mi mamá lo hizo saber por teléfono. Pensé que al llegar lloraría y lo abrazaría muy fuerte, pero solo me senté y lo abracé como la última noche que lo vi, pero sentí paz.
En este año perdí muchas cosas, me mudé cuatro veces de casa, perdí compañeros realmente valiosos de mi trabajo, perdí contacto con amigos que significaban muchísimo en la vida para mi, perdí a la persona que quizá más quiero en el mundo, perdí a mi abuelo al que era mi amigo, perdí planes y muchísima estabilidad, perdí regalos con valor sentimental y cuando más me quejaba de las cosas que perdí, más cosas crueles se presentaban, como en la última mudanza cuando al conductor se le metió un tornillo en una llanta, mientras entraba a la calle donde me iba a recoger, terminando en una explosión en frente de la clínica del parque a la una de la mañana, cargando la última maleta que me quedaba de la casa que había dejado, sin celular para comunicarme porque se me había roto la noche anterior.
En realidad, aunque al principio escribí que no, tenía que narrar una minuta de todo lo que el año me vio perder, acotando que me quedé un poco corto; sin embargo, pese a que me queje en días pasados alegando que ya no quería aprender de esta manera (porque es lo que todo el mundo te dice cuando pasan estas situaciones: ‘es aprendizaje’), resulta que si estoy aprendiendo este día al recapitular. Creo que la búsqueda no era del todo por Zeus, era por mi, por lo que soy capaz de buscar, durante todo el año a los meses que ocurrían las cosas desagradables aparecía algo que me abría los ojos de que tomé una buena decisión. Como Zeus, las cosas explicaciones que queremos encontrar, aparecen mientras estamos buscando otras; pero lo importante es no cansarse de buscar, en realidad la paz que sentí fue por encontrar una respuesta que buscaba en ese momento, y esa conjunción parece hacerme ver que a veces se pierde o se gana... pero a veces, se recupera. Después de que este año me enseñara a perder, confío en que en el que viene estoy mejor preparado para ganar, entusiasmado para recuperar y comenzando a entrenar para el perder. Les deseo que también en su 2022 encuentren, lo que sea: el negocio, el anillo, el ascenso, el viaje, la independencia, el título, el coche, el amor... lo que sea, pero que si no es así o pierden, no se cansen de seguir buscando y que siempre, en medio de la búsqueda, encuentren a menudo momentos de felicidad. Feliz inicio... feliz 2022.
Estoy en un parque
Después de cumplir con todos los deberes del día, estoy en un parque. Compré un café frío y un par de Twinkies y junto a una cajetilla nueva de cigarros me senté en la mejor banca que mis ojos acertaron en elegir y encendí el primero.
Hay un moro detrás de mi y sinceramente no son sus hojas amarillentas y grandes las que llaman mi atención, lo es más bien el álamo de casi diez metros frente a mí, ese se ha encargado de tapizar todo el triángulo que funge como jardín lateral, mientras estoy escribiendo me pregunto si cumplo con el cliché literario de ser un sujeto de cabello largo, con unos cuantos cabellos que se escapan de la oreja y me cubren el ojo, como un rayo, junto a un abrigo viejo gris que cubre una camisa a rayas atada a una corbata índigo a puntos morados, zapatos café forrados y un pantalón azulado oscuro que combina con los calcetines a rayas horizontales de distintos tonos de azul; pero ese no es el cliché, el cliché verdadero es que mientras las hojas caen y el viento sopla con más frigidez a cada minuto, yo, un falso Charls Dickens con smartphone y plan de datos, pienso en ti.
En el mensaje de la mañana, donde me decías que ya te ibas y decidí encender el segundo mientras me doy cuenta que el café fue insuficiente. ¿Cuál es la diferencia de que estés a metros o a kilómetros?, si de cualquier manera ya no somos nada, nada en el sentido del cliché literario, porque en realidad, con un buen mechón de cabello que acaba de caer sobre mi ojo, me doy cuenta que tu eres mi todo.
Te vas lejos y se esfuma la ilusión de que tome un frenesí y vaya a tu casa, toque y tu puerta y al verte tras de ella te abrace fuerte y te diga que te quedes, que te necesito... como anoche, ¡anoche lo pensé!, te necesito.
El parque está vacío, pero más vacío estoy yo aquí sentado y el vacío se vuelve abismal cuando intento llenar el parque con tu recuerdo: Enseguida del álamo hay una jardinera circular que amuralla a un sauce llorón pequeño, con unas hojas colgantes amarillas que se asemejan a la silueta de un perro lanudo, ahí paseábamos juntos en algunas noches de verano y te veo, con tu sonrisa brillante y perfecta y tu cabello corto, el cual me encantaría estar acariciando imaginando que estás sentado a mi lado viendo el baibén de las copas frágiles del álamo de en frente.
Te extraño, digo en voz baja mientras enciendo el tercero, esperando sea el último, porque me duele el pecho de una forma extraña. Cuando estamos enamorados el estómago revolotea, y cuando hay furia se calienta la cabeza, mi dolor de pecho se llama soledad...
Tengo soledad y estoy en un parque.

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No me quiero sentir solo esta noche. No es que se piense que no sé estar conmigo, lo es por el contrario, disfruto escuchar música y volar con las melodías al mismo tiempo que me tomó un café o me fumo un cigarro; me gusta ir al parque con mi perro y correr por el puente que está en medio del pasto mientras él me persigue. Me gusta ir caminando al súper, aunque solo vaya a comprar una manzana y una cerveza para el regreso. Me gusta mucho mirar las estrellas en las noches, antes de dormir, y me gusta más cuando lo hago durante el otoño para escuchar las hojas de los árboles chocando entre sí con el viento, aunque he de aclarar que no me molesta ninguna de las estaciones. Me gusta estar solo y limpiar mi recámara mientras suena la música que mi mamá escuchaba cuando limpiaba la casa y yo era niño.
Lo que no me gusta es sentirme solo, sentir que yo también me abandono y que se escucha solo el silencio, no me gusta sentir que requiero otra compañía que no solamente sea yo, y busco el teléfono y comienzo a buscar si entre en mis contactos hay alguien que me ayude a llenar el vacío que se presenta aleatoriamente durante el día; pero no. Está mi mejor amiga, la incondicional, pero a veces me frustro y no le quiero escribir para mejor esperar su presencia y verla con más gusto, aunque muy dentro de mí sé que es ella a quien terminaré escribiéndole porque me entiende; luego veo a mis padres y a mi hermana y realmente dubito sobre si una conversación convencional para saber mi estado de salud o ánimo es lo que necesito, luego aparecen algunas personas con las que quisiera hablar, pero me parece soso y aburrido el hecho de saber que en realidad no llegaré a ningún lado y me fastidia la idea de que solo estaré creando ilusiones en cualquiera que sea el lado de la pantalla.
Y luego apareces tu, no sé si no me quiero sentir solo o más bien quiero sentir que estás conmigo, como un espejismo, he de aclarar que sigo sin descubrirlo, porque tú silencio ya resonó por más de medio año y en realidad hace tiempo dejó de doler, aunque, es preciso admitir que aunque esta vida parece bastante distinta que la que tenía hace tan solo unos meses, sigo pensando que es tú compañía la que me hace falta en algunos momentos, como ayer que fui al dentista, en medio de la confusión embriagante de la anestesia, volteé con el doctor y le dije: Aquí estaría él, sosteniendo mi mano, mientras me dice que no haga tanto drama, que todo estará bien y que el dolor es necesario.
¿Es en realidad el dolor necesario?
No me quiero sentir solo esta noche, pero es que no sé tampoco si quiero sentir la añoranza que siento al tenerte en la mente y me confundo de nuevo, me confundo al levantarme y comenzar a acomodar por colores mis camisas por trigésima vez, y de pronto aparece la blanca, la que me regalaste en la Navidad pasada y mejor me propongo buscar una nueva cita a escribir en mi pizarrón blanco, como la camisa que me regalaste la navidad pasada, ¿lo ves? Ahí estás de nuevo, sin embargo, me arriesgo y cito a Platón: “La libertad consiste en ser dueños de la propia vida?”.
¿A Platón le gustaría estar solo?, me haces preguntarme. Pero no es Platón quien me preocupa, es el hecho de que estás de nuevo en mi cabeza, la pregunta no fue retórica, fue dirigida a ti que estás oculto en el resplandor de la silla que está en la esquina, sola.
Y continúo, me siento en la cama decidido a que no me sentiré solo, ya fue suficiente el tiempo que dediqué a una soledad que se disfraza de ti, y luego con esa palabra volteó hacia el armario, está colgando, con un púrpura brillante, el último disfraz que usamos juntos para la fiesta de Halloween. Te apoderas de cada centímetro cuadrado y prefiero el silencio, pero se inunda con tu voz, diciendo frases qué en su momento fueron cálidas, pero hoy son estalactitas que me perforan la existencia y que encajan perfecto con el frío invernal que se plasma en el espejo.
Y me pregunto, el porqué si ya quemé tus fotos, mis cartas… nuestros recuerdos, sigues aquí, aprovechando el hecho de que esta noche no me quiero sentir solo. Me cuestiono si tengo que regalar la camisa blanca que me diste en navidad, o el disfraz de satín que cuelga en el armario, pero yo mismo me contesto que sería tan eficaz como la noche que puse en una caja de cartón corrugado nuestro álbum de fotos y le prendí fuego mientras se consumía el tabaco también en mi boca, sería tan útil como borrar la frase de Platón que escribí en el pizarrón, sería tan rentable como hablarle al futbolista con el que tuve un par de citas, o a mi hermana para saber si aún se siente triste por el desempleo o tomar el teléfono y marcarle a mi jefa para ver si hay alguna forma de acortar mis vacaciones. Lo cierto es que sería tan provechoso como guardar silencio, porque incluso en él ahí estás.
No me quiero sentir solo esta noche, pero aún no son ni las doce y sé que lo estaré, aunque ya le haya hablado a mi mejor amiga, la incondicional, y aunque haya puesto el álbum de la agrupación favorita de mi mamá mientras mi perro se acomoda para dormir en el tapete enseguida de mi cama. Está noche es de las que no me gustan, porque yo me abandono, me voy de la habitación y me quedo solo, sin mí, para darte cabida a ti que en realidad no estás… y es así que no me gusta estar solo porque en realidad no lo estoy es una trampa en la que me acompaña tu ausencia y esa no se va.