Me siento un hereje perdido entre tus piernas, disfrutando el fraudulento sacrilegio donde tus palabras se reducían en gemidos que hacían eco en mi oído, inolvidable. Que me mantienen sediento de placer, de disfrutar como tus pliegues marcan mi piel con aquel delicioso néctar del cual me he vuelto adicto; aquel oasis que me nutre de pecado como si fuera la mismísima manzana del Edén.
Eres un sacrilegio, mi entrada violenta al segundo infierno; eres ese camino sin sendero donde no hay vuelta, ese trazo donde mi piel se eriza llena de necesidad, de placer, de lujuria.
Quiero que sientas cómo mis palpitaciones disfrutan el calor y humedad de tus paredes; quiero manchar tus sabanas con sudor y la leche que se escabulle entre nosotros. Quiero que te sientas repleta de tanta presión contra tu útero, al punto que caiga por tus muslos de forma lenta, haciendo que mis movimientos se retomen hasta perder por completo mi virilidad.
Joder, pensarte es suficiente para que mis hormonas se alboroten, apareando mis deseos de la forma más descompuesta. Puedo disfrutar cómo tu anillo de músculos se dilata ante mí, destrozando cada lastre de cordura y devorarte un animal salvaje, sin piedad alguna. Dominándote con mi apetito sexual al punto de volverte una preciosa muñeca dispuesta a que su conciencia sea trasquilada por mi distorsionada mente; mutilando tu humanidad de las formas más crueles y lentas, despertando esos instintos primitivos donde en la gloria al ser expuesta y humillada.
Debes estar dispuesta a beber mi sangre si es necesario, esa sangre caliente como el mismo infierno mismo y un rojo tan intenso, que sería capaz de exponer hasta tus deseos más fugaces.
Te deseo, te deseo al punto tan obsesivo que mi mayor placer es verte temblar; hacer que tanto tus piernas como tu corazón se destruyan dentro del ardor de mi infierno. Saboreo tu creciente deseo de placer, disfruto cómo tu mejilla suena cada que la contacto con mi mano, y cómo tus muñecas amarradas me llenan de satisfacción, como puedo trazar un mapa con cada marca que dejo en tu piel, sin duda eres mi obra de arte.
Realmente te deseo con locura, deseo destruirte y ver lo miserable que puedes llegar a ser, y perderme en la excitación que me envuelve al ver tu rostro lleno de saliva luego de cada felación.
Mi apetito crece como vampiro sediento de sangre, con una abstinencia insoportable a punto de despertar mi instinto de caza, queriendo jugar con tu cuerpo como un depredador.
Me he vuelto aquel ser dependiente de tus quejidos, vigorizado al poseer tus fluidos de la forma mas promiscua. Con una labor clara; transportarte al barrio rojo donde tu piel se manche de mi esencia como si delimitara mi territorio en tus curvas, manipulada por mis deseos incontrolables y que tu vida sea mía.
Para que me pertenezcas.
















