En El corno emplumado, n°7, julio 1963
hello vonnie
sheepfilms

titsay
RMH
Color Me Curious
I'd rather be in outer space 🛸

shark vs the universe
𓃗
Misplaced Lens Cap
Mike Driver
d e v o n

❣ Chile in a Photography ❣

tannertan36

Show & Tell
The Stonewall Inn

oozey mess
Cosmic Funnies

Game Changer & Make Some Noise

Andulka

seen from Argentina
seen from Canada
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from Venezuela
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from United States

seen from Malaysia

seen from Canada

seen from Finland
seen from Brazil

seen from United States

seen from Singapore
@eloisegore
En El corno emplumado, n°7, julio 1963

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
LA ÚLTIMA ISLA
De nuevo vida y muerte se confunden
como en el patio de la casa
la entrada de las carretas
con el ruido del balde en el pozo.
De nuevo el cielo recuerda con odio
la herida del relámpago,
y los almendros no quieren pensar
en sus negras raíces.
El silencio no puede seguir siendo mi lenguaje,
pero sólo encuentro esas palabras irreales
que los muertos les dirigen a los astros y las hormigas,
y de mi memoria desaparecen el amor y la alegria
como la luz de una jarra de agua
lanzada inútilmente contra las tinieblas.
De nuevo solo se escucha
el crepitar inextinguible de la lluvia
que cae y cae sin saber por qué,
parecida a la anciana solitaria que sigue
tejiendo y tejiendo;
y se quiere huir hacia un pueblo
donde un trompo todavía no deja de girar
esperando que yo lo recoja,
pero donde se ponen los pies
desaparecen los caminos,
y es mejor quedar inmóvil en este cuarto,
pues quizás ha llegado el término del mundo,
y la lluvia es el estéril eco de ese fin,
una canción que tratan de recordar
labios que se deshacen bajo la tierra.
Jorge Teillier, Para ángeles y gorriones, 1956
La pena, como uno de esos arbustos cuyo desarrollo se acelera con la electricidad, crecía en las honduras de su pecho retrepándole hasta la garganta.
Roberto Arlt, Los siete locos
Alguien tiene un tenedor mientras agoniza su vecino.
Alguien se ha puesto más verde que el color.
Alguien, a gatas, busca un recuerdo que se ha perdido.
Alguien se olvidó de tomar su caldo: muerto está.
Alguien le da cuerda a la noche, impaciente.
Alguien, si pudiera, volvería a nacer y a llamarse Isaías.
Alguien no quiere saber nada con sus manos. Acurrucado en un rincón no quiere.
Alguien canta un salmo en la boca del cadáver.
Alguien, que dibujara una vez fantásticas ecuaciones sobre la luz del día, está contando ahora, uno a uno, todos sus piojos.
Alguien ora en silencio. Vomita. Vuelve a orar sobre su vómito (pero el ave ha dejado su ala en el exilio.)
Alguien acaba de nacer y ya espera
en el banquillo de los acusados. Vinagre.
Alguien quiere venderle su alma a Dios, Pero Dios "ni siente ni padece".
Alguien que pudo ser pianista
en una gran ciudad sobre una gota de agua
aúlla sus bemoles más oscuros, pierde los molares.
Alguien que tuvo un maestro, una guitarra
frente al mar; una enamorada de gustos lánguidos
se ha perdido irremediablemente.
Alguien traiciona; muérdese el alma
en el dorso de la mano: acecha
entre dos latidos. Tiene frío.
Alguien, en el jergón de la tifus, ha vivido
los tres días difuntos de su madre.
Alguien vio entrar el cordero en la boca
del lobo: tiene hambre. Sácase los ojos.
Alguien, en cambio, no puede sacarse el clavo; tararea en la oreja del tísico el "Actus Tragicus".
(Recuerda tantas cosas.)
Alguien cava una fosa, la suya, honda,
honda, para enterrar todas sus palabras.
Alguien se ha quedado sin hermana mayor
arrodillada.
Alguien no sabe qué sucede. Querría escribir
una carta, una larga carta a través del mar,
pero esto tampoco se puede.
Alguien necesita- urgentemente- un arma
en defensa propia.
Alguien quiere vivir a pesar de todo,
a pesar de la poesía que nada, nada hizo:
que se lavó las manos.
¡Alguien ya no puede más!
Sarina Helfgott. "El libro de los muertos", 1962
Bajada a pico. Cincuenta pies, setenta y cinco, cien, ciento veinte. Era como ver las montañas de Colorado bajo el agua. Riscos y barrancos, desfiladeros y valles. Animales y plantas que Eloise no había visto nunca; los peces que conocía eran allí enormes, audaces. Apuntó a una garlopa, falló, apuntó de nuevo y la atravesó con el arpón. Era tan grande que Juan la ayudó a subirla a trancanil; la cuerda le laceró los dedos. A su alrededor todos pescaban y cargaban con frenesí. Loras, pargos, medregales. Sangre. Eloise le dio a un mero y a otra garlopa, contenta de no haber visto a César, de estar buceando sola. Se asustó por un momento, pero lo vio a lo lejos y se lanzó a su encuentro entre las escarpadas paredes de roca. César la esperó en la oscuridad moviendo apenas las aletas y entonces la atrajo hacia él. Se abrazaron, sus reguladores entrechocaron. Al notar que la estaba penetrando, entrelazó las piernas a su cuerpo mientras daban vueltas y ondulaban en el mar oscuro. Cuando César se apartó, el esperma quedó flotando entre los dos como tinta blanca de pulpo. Siempre que Eloise rememorara la escena en el futuro no sería como suele recordarse a una persona o un acto sexual, sino más bien un fenómeno de la naturaleza, un ligero temblor de tierra, una ráfaga de viento en un día de verano.
Lucía Berlín, "Toda luna, todo año". Traducción de Eugenia Vásquez Nacarino

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Nuevamente murmura la piedra que me habita. Su voz sepia, tersa, de granito a punto de transformarse en carne, me dice que debo detenerme, estirar las volutas de tiempo que emanan de mis labios cada tarde. Cómo dejar de llevar bolsas de noche en la cartera, cómo no partir de la oficina al zoo, del zoo a la cama, sin dejar de hacer piruetas y largar al público a punta de bramidos, qué ganas no faltan de apedrear los espejos que retumban en cada oído. Pero hace cuánto que estamos conociendo cada barrote, describiendo su color, su forma, el parentesco de cada uno, su semejanza con nuestras venas. Entiendo. Debo cerrar los ojos y dejar de partir, de partir imaginariamente en cada segundo. Hoy, de nuevo, el peñasco en mí grita. No debo dejar de oirlo.
En Todo orgullo humea la noche, Carmen Ollé
Utilizo este espacio como una cueva en la que escucho mi propio eco, mi cráneo es frágil lecho de sueños y miedos. Qué me detiene ante cada palabra. Qué me lleva a dudar de cada una de ellas, a mirarlas con recelo antes de que caigan en manos ajenas. Qué impide que pueda decir mi propio nombre a mí misma sin asco. Demasiado pudor en cada acto. Casi casi puedo sentir cómo se deterioran mis ideas, como agua de riachuelo sediento, calcinado. Se evapora mi fe y no sé que más hacer.
Maria Emilia Cornejo, En la mitad del camino recorrido, 1989
Decir, escarbar, corroer, esconder una palabra para luego mostrarla sobre una mesa pronta a la disección. Cómo negar la caída del sonido de sus sílabas hacia el error, hacia la grieta que engulle el grito. Cómo detener el eco del balbuceo propio. La especialista escucha mis síntomas borbotear por sus audífonos rosas inalámbricos. Sostiene la mirada en la videocámara, lejos, muy lejos de mi rostro. Silencio y luego la misma palabra rebotando entre las paredes de la habitación, de mi cráneo. Cuál será el truco, la fórmula que logra desarmar la quietud de mi pulso, que logra arrancar de mi garganta todo lo habitado por palabras, nada más que sonido desenrrollado para ser tomado con pinzas sobre una mesa de vivisección.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
El frío toma la forma de mi cuerpo, pone entre sus manos el murmullo de mis ideas, carne fantasma que se asusta a sí misma. Afuera solo habitan ladridos, un poco de paz obligada a toda mente que pudo saciar su hambre. Afuera la desnudez, la violencia, de la tierra no espera el paso de nadie, lo repele diría. Unas cuantas sirenas aparecen para recordar la fatalidad de la noche, la cercanía de un día blanco que otorgue fin a cada deuda, fin a cada deseo, a cada sonrisa. Imagino, para poder cerrar mis ojos y emular a la muerte, la mirada del gato más pequeño de la cuadra, su brillo bajo la luz de los postes. ¿Qué reflejarán los ojos de ese chico todavía despierto entre la garúa? ¿Piedad, dolor, ganas de engullir cualquier bocado sin temor a envenenarse? ¿O solo la extraña forma de las hojas de la mala hierba que crece alrededor de la huaca? Trataré de imaginar las bifurcaciones de su nervadura para poder dormir.