Un viaje a las profundidades del vocabulario. Acierta el alemán cuando construye esta palabra a partir de otra, tesoro (wortschatz). El libro de Alba hace algo que es profundamente filosófico: convertir lo ordinario en extraordinario. Cada viaje, cada palabra, se carga de materia, de historia, de relato, de una equivocidad gozosa. Y, también, del juego. De la apuesta. Del ensayo.
De ahí que podamos establecer relaciones entre la pureza y las cerezas, que no pueden ser puras porque siempre maduran de dos en dos. O la que vincula la cuerda con el corazón (cordis) y que, en tirabuzón, invita a pensar nuestros cuerpos como instrumentos que hay que afinar o desafinar, según toque.
Un libro que hace del aprendizaje una actividad lúdica, divertida. Con el mejor de los maestros.












