Fuerza
Me encontraba frente al espejo y era evidente que tenía sobre peso, pero no importaba porque aún no lucia como esas personas que aparecen en un programa Discovery Home & Health, que no pueden siquiera levantarse de su cama, eso era mi consuelo de siempre. Tenia flojera y ese era usualmente mi estado de ánimo, mi día a día consistía en trabajar tras la computadora mitad del día y mi forma de entretenimiento venía del mismo lugar. Mi día a día era muy tranquilo, no me hacia falta hacer el más mínimo esfuerzo para obtener lo básico que me mantenía subsistiendo, hoy en día todo está a la comodidad de una app a través del smartphone. Los días eran tan similares que poco a poco ya no lograba a distinguir en que día me encontraba, claro que por funciones administrativos, era relevante saber a detalle en qué día me encontraba.
Esta rutina desalentadora y seductora que me mantenía encarcelado en concreto y en inusuales depósitos de tejido adiposo no me desagradaba por completo, pues nada podría pasar mal y para mi edad era muy poco probable que sufriera un paro cardiaco o que desarrollara diabetes. De vez en cuando los comentarios hacia mi físico me ponía a reflexionar pero justo cuando la voluntad se comenzaba formar dentro de mí por un comentario, cortaba la crítica al responder : - Sí, Ya voy a hacer ejercicio. - Esto enseguida esfumaba el cumulo de voluntad que lograban generar en mí, las personas en mi entorno. Otra situación que me llagaban a alentar a querer hacer ejercicio, era ver alguna película de acción en el que protagonista abatía a diez enemigos en una escena pero al pensar los sacrificios que se requiere para llegar a tener un cuerpo así, volvía a sabotearme. Ese efecto de motivación en ambas situaciones eran efímeros y al final sin darme cuenta me volvía a reincorporar a esa rutina pusilánime.
Mis días continuaban como de costumbre hasta que un día por la tarde tocaron al timbre, fue algo muy raro por la hora y además por el hecho de que no esperaba ninguna visita y tampoco había pedido algo por internet. Al abrir la puerta un hombre de unos treinta y tantos se encontraba frente a la puerta. El señor pidió dinero y en seguida dije que no. Esto molestó el señor que al instante hiso el ademan que me indicó que iba a sacar un arma y enseguida intenté cerrar la puerta, pero la acción se vio frustrado por el asaltante y enseguida el forcejeo dio comienzo a una competencia de fuerza en donde, de ser vencedor él, lo ganaba todo. Por el contrario, si yo perdía, lo perdía todo. Segundos bastaron para visualizar que la contienda estaba a favor de mi contrincante y mis fuerzas se esfumaban, inmediatamente lo que se me ocurrió hacer, fue correr a mi habitación, justo después de iniciar la carrera hacia mi supervivencia sentí un golpe intenso en la parte derecha de mi torso con un calor intenso que me derribó inmediatamente.
Tumbado boca abajo pensé que el tiro de gracia en cuestión de segundos iba a ser inminente, pero dicho disparo nunca llegó. Volteé el cuerpo a pesar del dolor y en la puerta no se encontraba nadie; no obstante, descubrí que también tenía una herida de bala en la pierna derecha. Comencé a gritar por ayuda a mis vecinos, pero nadie atendía al llamado. Aquí fue que inició una segunda competencia de fuerza, y esta vez el contrincante a vencer era a mí mismo. Debía de algún modo llegar a la sala que estaba a 6 metros de distancia, porque ahí había dejado el celular.
Comencé buscar la forma adecuada de hacer llegar a mi cuerpo a la sala, pero el dolor inmenso me impedía mover, no solo las heridas eran vallas en la carrera, sino también la condición de mi cuerpo obeso se convirtió en un obstáculo que complicaba la situación. Mi sangre se convirtió en mi arena de tiempo y llegar muy tarde a la meta sería mi final. Poco a poco comenzaba a sentirme más débil y sentía que me desmayaba y mis pensamientos me bombardeaban con “si tan solo.” y “si hubiera.” Una gran frustración se apoderó de mi ser; debido a esto, me quebré. No tenía la fuerza física ni la resiliencia para resolver tragedia, y así me resigné a esperar la muerte.
Había perdido todas las competencias físicas de ese día y ya iba de picada en perder también la vida, solo un milagro podría salvarme. Comencé a sentirme muy cansado, todo pesaba y aunque luchaba por no quedarme dormido…
Cruz, E (2020)














