¿Es más difÃcil sostener una verdad incómoda o abandonar una postura cómoda?
Creo que abandonar una postura cómoda.Â

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Creo que abandonar una postura cómoda.Â

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¿Qué disfrutas más cuando no hay planes definidos?
la naturalezaÂ
fofinha
paso por las horas dejando que me gane el reloj
nada acelerará mi paso
quiero despojarme de los deseos
de los pensamientos intrusivos
de la profundidad equivocada
paso por las horas lenta
l e e e e n t a
no quiero que me apuren tus palabras
no quiero que me apure lo inmediato
tampoco se trata de una espera
se trata de estar
solo existir
e x i s t i r
sin prisa, sin ataduras, sin peso
en mi mente sin
sin lo duro
blando,
pensamientos blandos,
acariciar el aire,
mi respiración
ella y yo: una
Cadáver exquisito por mensajitos de WhatsApp II
Buen finde!
La llave colgada del cinturón
Donde es amigaaa
Voy a llorar
Otra vez
Poderes cotidianos_
Hace un tiempo querÃa una de esas velas circulares pero no me animaba a comprarla, como si una voz mental me diga qué hiciste para merecerla? Por supuesto que terminó venciendo la persona anticapitalista que obtiene placeres momentáneos comprando cositas, o no tan momentáneo, ya va un dÃa de la vela circular sobre mi mesa ratona y la miré todo el dÃa enamorada. Poder comprarla es demostrar un poder ante ella. Lo conocido. Bajo mi poder.
En este espacio que seguimos construyendo hay muchas relaciones de poder, también hay un poder apagándose que ninguno para divisar o preferimos ignorar.
Alguien se esconde detrás de los hechos? Quién?

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Cadáver exquisito de mensajitos por whatsapp
Me desperté muy temprano
Tengo que inventar algo que hacer en casa
Ese saludo hermosooo
Desayuno-almuerzo
No me conformo
Me gustarÃa que me pienses un montonnn
Re necesito un café
Me llena de todo lindoo
Asiii siento
Si a todo
Creo que me volvà más loca
Espero que recuerdes el cuento que inventé
Un sentimiento frÃo.
El tiempo tieso
Mis pensamientos duros
Como pavimento seco
Anclado en mi cerebro
Ajena a mi cuerpo me siento
Me huelo y me rechazo
¿Por qué no hice más?
Una pregunta clavada en mis dÃas
Que no me deja dormir
Soy mi propia culpa
¿Por qué la siento?
Hay un vacÃo enorme.
Pensé que hablar de la naturaleza serÃa un fluir entre adjetivos preciosos, pero solo me siento vanidosa -¿Cómo se explica la onomatopeya exagerada al ver la verdadera belleza?-.
Daniela.
Cap 1.
El asfalto está morado, el agua que corre es oscura. Las moras trituradas lo tiñen todo de un violeta profundo. Las ramas de los árboles están a mi altura, me agacho para caminar, atravieso con pisada perspicaz para que mis zapatillas sigan siendo de su color. La lluvia no me molesta. Solo me da una preocupación: que no se mojen mis cuadernos. Cubro mi totebag con el blazer. Yo me mojo. Me mojo porque me gusta. Corro debajo de la lluvia porque sÃ. Cuántas cosas hago con este sentido? Quizás muy pocas. Pienso que escribiré un poema sobre ese árbol, sus ramas como venas entrelazadas y su sangre morada. Llego. Llego con la húmedad de buenos aires pegada a la piel. En cuatro horas más ya estoy en mi casa. Pienso que mi rutina es que cada dÃa de la semana tiene su rutina propia y me gusta. Me parece amable para mi psique que la repetición tenga el nombre de los dÃas.
Jugar a perderse en Letonia.
Son cincuenta kilómetros de playa sobre el mar báltico. Infinitos árboles e infinitos laberintos. Mitologicamente éste mar fue habitado por el kraken, o alguna historia fantástica asà mencionan los letones y letonas, en un idioma que parece, al menos en lo fonológico, venerar al ruso y detestar el inglés. Cuestiones geográficas en las que no profundizaremos.
La noticia que volvió popular al paÃs, se trasmitió en cada televisión del planeta el catorce de noviembre del dos mil veintitrés. Cuatro letonas y cuatro letones no aparecÃan hace seis dÃas después de haber ingresado al laberinto de Asterion sin mapa y con provisiones para dos jornadas. TÃpico actuar de turista egocéntrico, pero no era el caso, se trataba de ciudadanos oriundos del lugar que conocÃan la zona, de tal manera que podÃan disponerse a caminarla con los ojos ciegos.
El mundo estuvo en velo esa semana. El resto de los ciudadanos del planeta tierra pasaban a ubicar en sus mapas mentales a un pequeño paÃs, rey de los laberintos.
Los paseos comenzaron a promocionarse una semana después con las fotografÃas de las cuatro ciudadanas como gráfica central. Eran rubias, bonitas, hegemonicas y eso era lo relevante. En cuanto a los varones, solo bastó nombrarlos una vez para que nadie más preguntara. No eran agraciados en rasgos fÃsicos.
Vuelos empezaron a ocupar agendas. Tuvieron que cuadriplicarlos. Se comenzó a instalar en el cotidiano el menú distintivo de Letonia: la carcaza de caracol hervido. La vestimenta tradicional: capelina de bebés (usada en mayores). El estilo Letonio era un hÃbrido entró lo bielorruso y lo postmoderno vintage que resurgia con fuerza en el mundo de la moda. Aunque con semblante aislado, Letonia brillaba en el mapamundi, su presencia era notada y de la fama nadie sale ileso.
PacÃficamente, quienes llegaban al lugar dedicaban sus primeros dÃas de estadÃa a recorrer los prados, los puertos, los bosques y al dÃa cuatro: se internaban en el laberinto. Sin mapa. Sin provisiones. Jugar a perderse se volvÃa de vez en vez un deporte extremo.
La mitad de la clase alta que tuvo el privilegio de conocer y jugarlo, jamás volvió a aparecer. Los letones votaron la ley de silencio en el dos mil treinta. Nunca más se comentaron los sucesos extraños de la costa baltica. Murmuros divagando por el imaginario colectivo; la ley añeja se olvidó; los hechos son inconclusos, por lo tanto cuestionable su veracidad; letones y letonas emigraron a otros paÃses de la unión europea sin excusa clara (hasta sin trabajo, algunos); el mito tomó fuerza y hoy se estudia en las clases de literatura post pandémica de todos las escuelas digitales existentes; algunos lo consideran una historia del género épico, otros puramente mitologÃa, algún arresgado ciencia ficción, más nadie puede definir con éxito de qué se habla, sus orÃgenes de la novela no ficcional están revestidos con telas de arañas y nadie se arriesga tocar cuando el peso de la ley (se murmura) que es la condena al laberinto.

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Buscar la conexión entre las cosas
Como si por si solas,
Solo por estar ahÃ
Están exentas de sentido
Interpretar la realidad
Sostener en el tiempo un loop
Que ya está inerte
-No sé qué hacer con la realidad-.
La ausencia de verde, de cielo, de aire limpio
La transparencia de mi cara de culo
Mi hueso cráneo expuesto al mundo
Grito -mejoren- grito -hagan esto-
Grito y cargo con las penas sociales de otros
La ausencia de palabras de boca a oÃdo desconocidos
La tarde, el lago, la vida.
Sobre la pendiente de la montaña
Con los ojos fijos al sur
Le penetra sus pulmones el aire de los andes
En esa parte: el fin del mundo
Se imagino su vida como una peli eterna sin final
Amor, cuatro hijos, sin necesidades y
También huyó de sus pensamientos
Arrojó una piedra al lago
Que se ahogo suavemente
Las gaviotas que sobrevuelan el lugar
Gritan áspero
Vuelve a fijar los ojos al sur
Entre la inmensidad de las montañas
Se quiebran sus deseos por el miedo citadino
Que rejurgita la rutina
No hay en el ahora más que conectar con la natura
una confusión frenó mi tarde,
enfrió mi café,
dilató mis pupilas:
? Fui yo misma la que me dijo
-qué piola todo lo que haces!- ?
Luces de neon.
Por donde vivo hay cuatro largas cuadras que son peatonales. Llenas de negocios y mugre que sobresale por contraste con el piso demasiado blanco. Hay una esquina en particular, la esquina de las luces, las luces de neon. Me gusta pasar lento, atravesar esa esquina con dirección al supermercado con paso de tortuga, sentirme bañada por los colores que emanan las luces, esas luces que parpadean cada tres segundos porque cambian de imagen, de frase que nunca leo y ni pretendo leer, solo me paro ahà lo suficiente como para no parecer rara o simplemente turista, aunque un turista en mi ciudad seria raro, muy pocos llegan a esta parte del conurbano, muy pocos se percatan del baño de luz del cartel de esa esquina. Me detengo para ver parpadear sobre mis ropas las luces. Cuando tengo el saco negro todo brilla más. Se suma la cruz de la farmacia, verde neon, se refleja sobre el piso. Esa luz no te ilumina a vos, no te baña, solo te muestra el camino de repente verde, de repente blanco. Pasar por ahà es sentirte en una de esas grandes capitales, grandes ciudades, puedo fantasear con Tokio, puedo fantasear con Nueva York. Esa esquina es un tunel a otros lugares a partir de las siete de la tarde. Esa esquina es una especie de portal al futuro gris lleno de luces fluorescentes. Asà me pienso en el futuro: bañada de luces entre puro asfalto, casi olvidando el color verde de la vida natural; la ciudad tiene eso: te vuelve apocalÃptica de pensamiento. Quizás tanto tiempo de encierro me hizo revalorizar la esquina de las luces, las reminiscencias positivas de la publicidad (cosa brava a la cual es difÃcil encontrarle algo bueno). Puedo ver las cosas con más profundidad, puedo disfrutar de estas breves cuadras al supermercado si el camino me regala este baño de luz de neon. Quiero compartirlo con el mundo, pero el mundo le pasa por enfrente, nadie se detiene, oleadas de personas que bajan y suben al tren la ignoran, ignoran la energÃa gastada, la energÃa que puede darte recibir el baño de luces, lo ignoran todo. Me apena por todos que no puedan parar un segundo a respirar en esa esquina y mientras exhalan ver cómo la luz les prende el contorno del cuerpo, les enciende las pupilas, se las dilata hasta que lo negro lo ocupa todo. Emana color, evoca pensamientos. Si se concentraran volarÃan, viajarÃan. Hay portales gratuitos en la ciudad y nadie los usa. Se pierden entre tanto apuro, entre tanto grito, entre tanto pibe pidiendo y también ignorado. Por momentos pienso que no son merecedores de tal semblante con intermitencias de colores de neon. El mundo pasa por el costado de todos, no todos por el mundo. Y si yo lo estoy viendo: no estare también al costado? Pero un costado menos ajeno, un costado dentro, pero sin más: ajeno, al fin y al cabo: dónde estoy? Simplemente pasando lento por una esquina infravalorada que se llenará de tractores, taladros y tubos de plástico gigantes para construir ahà debajo pozos y tuneles por donde pase un caudal más grande de mierda: la mierda de la ciudad.

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¿Cómo sabemos que no es ficción Ese color que nos muestran del universo? ¿Cómo sabemos que no son ficciones Las fotos de las estrellas, las nebulosas, Las otras galaxias?
Acá, yendo. Protegida por la fe De los otros