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Escuchó el claxon y decidió evitarlo, jamás le había gustado el sonido de aquella cosa, pero la voz de su jefe… bueno, esa no totalmente la odiaba y de hecho, luego de un año trabajando ahí, aprendió a atender rápidamente a su llamado “¡Hey, boss!” alzó el brazo al reconocer el auto y el rostro del contrario, agradeció al tercero por su atención y caminó directamente hacia el auto, cerrando su paraguas y acomodándolo entre sus piernas al sentarse en el asiento del copiloto “No, no, no puedo ir a casa” exclamó casi con pánico al volver a recordar esa pequeña y muy importante cita que tenía pendiente. “El ruso volvió” elevó un poco más la voz, mirándole con emoción mezclada con algo de pánico. “Me dijo que iría temprano a la galería, al parecer no solo le gustó una pintura sino dos, ¿puedes creerlo?” Preguntó alzando una de sus manos. “Dos pinturas” recalcó, era un tema delicado para ella “Tenemos que encontrarle ahí, seguro una lluviecita no va a alejarme de una doble venta, esto es importante.”
“¿Y por qué no me lo dijiste?” Le echó un vistazo a la mujer con recelo, frunciendo ambas cejas. No era sorpresa que Darcy se comportase tan jovial o estricto según las circunstancias lo permitieran. “No puedes tomar una decisión de ese tipo sin consultármelo primero, Venus. Menos ahora con este asunto de la tormenta.” Regresó la atención al frente, conduciendo con precaución debido a los encharcamientos que habían comenzado a formarse en las calles. “¿El ruso sí pudo llegar con estas lluvias? Vaya, lo que es tener un avión privado...” Pestañeó ciertamente impresionando por el interés que demostraba el extranjero. Suponía que se trataba de su nacionalidad rusa, acostumbrado a peores tormentas que las europeas. “De acuerdo.” Suspiró con resignación, encogiendo los hombros. “Le vendemos los cuadros a él y cerramos.”
















