Hace 2 años, lo que parecía un simple cambio de ubicación ha marcado el inicio de lo que hoy llamo un verdadero peregrinaje. Por fin entendí de lo que la gente habla cuando habla de Dios (aún no comprendo las maneras que tienen de adorarlo, pero comprenderlo a mi no me corresponde). La palabra GRACIAS se ha vuelto parte de mi rutina y como si se tratara de un hechizo, he visto aparecer frente a mí aún más cosas por las cuales estar agradecida todos los días.
Me he dado cuenta de la fragilidad de las relaciones humanas y lo bellísimo que esto resulta. El mundo y sus acontecimientos han dejado de ser prioritarios. Aún siguen atormentando mi sueño y alimentando al monstruo de mi desesperanza pero ahora tengo noción de lo importante. Me he dado cuenta de la magia interminable que hay detrás de las flores y los árboles, el viento acariciando las hierbas, la luna iluminando los pasos.
He aprendido a controlar el fuego y luego he cedido mi control al mismo, dejándome incinerar y volviendo a nacer de las cenizas lista para volver a quemarme. Me arranqué el cabello, me abrí la piel con las uñas, salté al vacío sin paracaídas y se me quitó el miedo. Hoy conozco de frente mis vicios, mis sombras, mi luz y mis virtudes; me hacen reir y llorar por lo encantador e irónico que es vivir tan intensamente y hallarse muerto sin aviso.
Dejé que la ilusión del amor me llenara las venas y luego escapara al amanecer, dejándome aún más hambrienta del mismo. Dediqué canciones, escribí poemas, me mandé al descubierto en imágenes y alimenté fantasías a distancia. Creía que me rompían el corazón con cada despedida, pero curiosamente hoy por fin se siente completo.
Decidí que la mejor manera de conocer lo Divino es a través del arte. Me apasioné obsesivamente con las letras, las imágenes, la música y la promesa de un futuro bohemio. Mi mano escribió hasta doler, estuve a punto de rendirme y un ruiseñor me susurró en el oído “No te detengas”. Me hice adicta a las historias, propias y ajenas. Terminé de leer aquel libro que tanto tiempo me había quitado, lo cerré y ahora descansa en el anaquel más importante de mi biblioteca. No leí tantos como hubiera querido pero eso, ya lo he aceptado, es imposible. Este año la historia que me mantuvo al borde fue la mía, mis guionistas se encargaron de alimentar mi intriga y hoy la pluma ya está en mi mano.
Mis lágrimas saben a sal de mar y mi risa hace eco con las etéreas paredes de la historia. Cada segundo es un gozo aunque no haya alegría, cada golpe una caricia con la que se moldea mi alma. Tocar el infierno fue necesario para sentirme en el paraíso. Estoy más consciente de lo que me hace humana pero aún más de lo que me hace Diosa. Me siento más viva mientras más cerca siento la muerte, mi cuerpo dejó de ser una carga y se convirtió en un vehículo. Me quedé ciega, pero mi peregrinaje hacia la Verdad ha comenzado. Ya no son mis ojos solo ventanas, ni mi boca solo instrumento. Ya no hay barreras físicas, soy infinita. Por eso, por mucho, por todo: GRACIAS.












