“¡Ay si! ¿Ahora ya eres escritor?”
Uno de mis propósitos en este 2019 es hacer algo que rompa con mis propios hábitos y paradigmas. Emprender alguna actividad que rompa mis esquemas, que me haga cambiar el juego algunos días de mi vida. Así como lo he escuchado de muchas otras personas, soy de la idea de que se tiene la posibilidad de adquirir cualquier habilidad que se desee forjando el hábito que te lleve a conseguirla. Es así como algunas veces, hace ya más de un tiempo, comencé a descubrir que escribir era algo que me ayudaba bastante a expresarme y relajarme, aunque cabe decir que se necesitó de vencer la ansiedad mucha de las veces, ya sabes, aquella famosa frase de “no tengo tiempo para hacer eso”, cuando eso pasa es mejor decirle a mi conciencia “no te haces el tiempo para hacer eso”.
Volviendo al tema, dentro de toda esta pasión por las letras, nacida y potencializada por mi amor a los buenos libros (a los cuales antes odiaba, pero ahora amo, y todo este “porque” se verá explicado y reflejado en el texto) hay una razón con mucha fuerza detrás del porque me he decidido a practicar este hobbie de la escritura cada fin de semana, y es el querer abandonar el intentar encontrar la razón de mi existencia por medio de definirme, o encerrarme, en un solo concepto. A continuación, me explico:
A lo largo de toda mi vida, me atrevería a decir que, desde mi nacimiento, comencé a comprar los conceptos detrás de los cuales mis papas, tíos, abuelos, maestros, me vendían. Y creo es algo que le pasa a la mayoría de las personas sino es que a todos. “Ese niño se la pasa bastante en la cocina, estoy seguro que será chef” “Esa niña se la pasa bastante bien con su perrito, será veterinaria” entre muchos otros ejemplos que se pudieran imaginar, en mi caso, mi ejemplo era el más típico para cualquier niño que se presuma mexicano y le guste jugar a la pelota, y se los relatare cual mi mama me lo contó “Hijo, desde antes que salieras de mi panza ya estabas dando muchas patadas, desde ahí sabía que ibas a ser futbolista. Y no te imaginas cuando creciste un poco, tenías tanta facilidad para patear la pelota, toda la familia sabía que tu serías futbolista, y de los buenos”
Nótese la parte en donde me dicen que desde que estaba en la panza de mi mama estaba dando patadas, es algo verdaderamente impresionante y aquí ¡rio con mucho asombro! Imaginarme que desde antes de venir a vivir y a compartir con todos este mundo tan surrealista (yo en mi faceta exagerada con esta última expresión), ¡ya estaba definido como futbolista! “caray ¡por favor!” como diría una de mis comentaristas preferidos, de futbol, por cierto; Ya tenía tarea que hacer antes de pisar el planeta, y para mi sorpresa ¡todavía no la acabo! No es un proceso fácil, puede tardar bastantes años, pero he de creer que vale totalmente la pena. Desde algún momento de mi vida, que no recuerdo con exactitud, comencé a darme cuenta después de todas esas etiquetas que estaban tan arraigadas en mí, lo cual me hizo caer en cuenta que yo no era un futbolista, yo era un ser humano. Quiero insistir en que esta no es una tarea sencilla, y esto por los varios factores que se ven involucrados, factores que determinan las reglas del juego para alguien que busca eliminar toda esperanza de algún sueño frustrado del papa, del amigo, o de quien sea que busque reflejarse en ti, o de una sociedad que te dice que lo visto como “normal” es saber y aceptar que tienes un solo talento, y no puedes tener ni uno más.
Conforme iba creciendo la relación entre el futbol y yo se iba deteriorando, mucha de las veces caía en un amor dependiente, y eso era algo que mi yo de 10 o 15 años no comprendía en aquel momento, por lo que se volvía una tarea bastante confusa y frustrante. Para mi estaba dentro de mi margen de error el tener pésimas notas en la escuela, una vida familiar deteriorada, el no tener una vida social lo suficientemente activa, el ser introvertido, el ser un dolor de cabeza para los maestros, pero a la hora en la que mis pies tocaban una pelota de futbol, la magia comenzara. Porque, ¡hey! Así se supone que debe de comenzar la vida de una súper estrella del deporte. Pero, ¿que pasaba cuando las cosas comenzaban a ir mal en el futbol? Igual que en todos los demás aspectos de mi vida, una falta de identidad tremenda. Cuando las cosas no iban bien en el futbol yo me sentía como un nadie, porque se supone que yo había nacido para ser un futbolista profesional, entonces si no era lo suficiente en el futbol, dejaba de tener el reconocimiento de amigos y familiares, se acababa mi excusa del por qué no mantenía un buen desempeño en los demás aspectos de mi vida, pero sobretodo, se acababa Alejandro.
La falta de identidad pudo ser en mi vida un determinante para poner a prueba mi mortalidad, por suerte no se llegó a concretar. Es un tema gravísimo, depender de una solo fuente de talento, de una sola identidad, seguir las reglas del juego y no tomar la iniciativa de descubrirte, es echar a la basura las millones de oportunidades y vertientes que ofrece la vida. Es por esta razón que decidí comenzar un encontrarme dentro de todo este mar de dudas, un proceso el cual comenzó desde mis 15 años de edad, y es hasta hace poco tiempo (actualmente tengo 22 años de edad) que se han reflejado sus primeros frutos. Amarme fue mi principal propósito, ¿y como había de lograrlo? con miles de ejercicios, y el más destacable de ellos, mi amiga la soledad. En la soledad me enseñe a escucharme, a desafiarme, a platicar con mi conciencia, una charla entre dos extraños que por fin se conocían, a proponerme, a motivarme, y lo más importante a aceptarme. En los últimos años he descubierto que me encanta innovar, me fascina estar fuera de mi zona de confort, ¡me hace sentir vivo!, me vuelven locos los libros, toda su belleza y sabiduría, me gusta mucho conocer nuevas personas y nutrirme de sus experiencias, descubrí que la música es una chispa para mi alma, que tengo mucho amor por la poesía y las letras, que disfruto de pasar tiempo solo como acompañado, la psicología y la psiquiatría me intrigan y me interesan, el cine libera en mí una dopamina muy particular, entre muchas más cosas que podría mencionar.
Detalles que me han cambiado la vida. Detalles que se han liberado de un ¿Por qué no? Detalles que han surgido fuera del miedo, fuera de los ojos de los demás, fuera de la opinión de los demás, y es por eso que cada fin de semana me atreveré a agregarle un detalle más a mi vida, la bendita escritura. Me gustaría mucho dejar en claro, y dejar un contundente mensaje hacia todo lo anterior descrito:
El más mínimo detalle, por insignificante que este parezca, puede llevar detrás una historia bastante interesante, la cual tiene el potencial para convertirse en un propósito que lleve a cambiar tu vida para siempre. Entonces, ¿cuál es tu detalle?