Micro-relato | #3 - No pueden haber dos
La noche rozaba la demencia, no estoy loco... Por lo menos lo puedo asegurar, con un cierto grado de lucidez. Todo es tan confuso; No la odiaba, eso está claro. Pero, habÃa algo en su actitud, algo que le faltaba a la mÃa y no podÃa soportar eso.
La noche transcurrÃa con normalidad, mi mujer veterinaria, una mujer esbelta, mirada vivida, una larga sonrisa enfermiza pero radiante... Estaba dispuesta a prepararme de comer, ella sabÃa de mis ataques de demencia, los cuales he de negar... Simplemente soy alguien ansioso, alguien sumergido por los tormentos de la condición mortal.
La noche sumergida en agonicas notas, florecÃa la incertidumbre... Mi alma, aún tendida en el úmbrio del bosque escapaba de mÃ... Mi actitud melancólica; Se refugiaba en mis bastas pinturas.
Ella tenÃa algo que me faltaba, no sabÃa que era pero asà lo sentÃa, después de inefables noches pasando por el viejo pensamiento, me di a entender lo que tenÃa que hacer... ¡Dejarla para siempre en un retrato!.
Una tenue noche, la sorprendà en el trabajo... Con voz tambaleante la atraje a mi idea, su mente aún inocente; Acepto.
Después de largos meses retratandolola, mi perversión iba aumentando, ¡No cesaba!, iba en aumento, en aumento... Mi personalidad melancólica iba aumentando cada vez más... Y; el retrató la iba inmortalizando cada vez más.
Por fin tenÃa el retrató apuntó de terminar, pero... Me faltaba algo; Y no podÃan haber dos, me faltaba ese toque de viveza el cual tenÃa ella. Pero, ¿Qué harÃa?
Eso era lo que le faltaba a mi pintura, le faltaba su viveza... Después de todo, no pueden haber dos.