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Slyver--
“Mi madre posiblemente me quería muerto.” Soltó de pronto, quizás fue un simple pensamiento para él que terminó compartiendo. A decir verdad no era ciencia cierta, pero suponía que su familia no le quería por ser un híbrido, poco a poco llenó los espacios en cómo acabó en manos de los humanos cuando estuvo fuera, jamás supo de su familia, eso sí. No quiso decir nada más, no podía imponer sus ideales y pensamientos en los demás, incluso cuando en realidad sí podía. “Igual que bueno que no lo hicieron.” Dijo con un suave asentimiento aceptando el agradecimiento, de nuevo, luego negó con las cejas fruncidas. “Aún no sabía lo que era cuando salí de allí. No sabía nada… ya sabes no…” Se movió de forma incómoda, porque jamás lo habló con nadie ya que nadie se interesaba lo suficiente como para indagar más allá de lo obvio, luego se iban y él se quedaba el la soledad con sus pensamientos y secretos. “Una manada de lobos me rescató y pude cambiar luego de años, aprendí a comunicarme… y aprendí todo esto. Antes lo hacía pero no sabía qué era o cómo funcionaba porque jamás aprendí nada, era muy pequeño cuando me llevaron con ellos, aprendí lo necesario por lo que decían fuera de donde me tenían…” Soltó un bufido silencioso girando la prenda en sus manos, donde aún seguía su mirada. “Incluso mi nombre lo uso como recordatorio de eso, porque así me llamaban ellos y…” Y parecía que no podía parar luego de que comenzaba a desahogar todo lo que le carcomía. “No supe lo que significaba hasta que me acostumbre al nombre ¿sabes? Slyver, jamás pensé que se debía a que no podía escucharlos bien… a que en realidad me decían esclavo.” No iba ni a la pregunta que le había hecho, y él lo sabía, pero ¿cómo detenerse? ¿Cómo? “Lo siento, mejor te dejo solo para que descanses un poco, luego puedes comer algo ¿sí?” Se puso de pie rápido, pensando en que debía lavar la prenda, que debía cazar algo para alimentar al humano y luego irse a lamer las heridas abiertas.
Escuchar tal declaración era inesperado. Pero si reflexionaba en todo el asunto, nada de este día había salido de acuerdo al plan. Nunca esperó ser rescatado, ni salir vivo de aquella casa. Así que escuchar declaraciones de un extraño con la habilidad de transmitirle pensamientos era... la cereza de un pastel muy raro. Se recostó de lado, comprobando que era más cómodo. Y de esa manera, podía observarlo algo mejor. “Creo que lo entiendo.” dijo, una sonrisa de simpatía hacia el chico. Quizás iba entendiendo porque Slyver iba compartiendo lo que sentía al hablar, o simplemente se debía a un efecto secundario a la conexión intensa de antes, pero Daorys tenía la sensación de que no perdía el hilo de la historia. La mención de los lobos traía memorias buenas y malas, suspiró. “Debieron ser lobos muy amables.” hizo una mueca. En su experiencia, casi todos eran terribles. Pero no sus niños, no. “... demonios.” puso los ojos en blanco. No fue lo suficientemente veloz para detenerlo antes de que se levantara, y dudaba tener la fuerza para forzarlo a quedarse. Tampoco deseaba exigirle que le contase más cosas. Lo mejor en situaciones así era darle su espacio. “Es tu casa, has lo que quieras.” rió levemente. Aunque no lo expresó en voz alta, pensó que le gustaría que se quedara hasta que Daorys sucumbiera al sueño. No deseaba estar solo por ahora. Quién sabe lo que su mente conjuraría al estar a solas para torturarlo.
Slyver--
No comprendía como las personas solían tomar su vida en vano, como podían decir cosas así, como si no valieran nada. Si bien entendía que el hombre venía de un lugar muy feo, no creía, por ese pequeño instante en el que le creyó muerto, que su vida antes de ser un esclavo de los vampiros fuese tan mala. “¿Cómo sabes que no? Significas algo para otras personas, quizás tus padres, tus hermanas y hermanos, tus amigos…” La idea de que éste le perteneciese a los vampiros desde que era un pequeño era algo estúpido e imposible, era descartable. “Nunca más.” Se golpeó el pecho con las cejas ligeramente fruncidas. Sentándose en el suelo junto a él, le dio espacio para que pudiese recostarse con mayor tranquilidad. Ladeó el rostro un momento pensando sus palabras. “Hice que… la verdad querían matarte, podía verlo en sus ojos, pensé lo habían logrado.” Apartó la mirada a sus manos, quitando el resto de sangre con la tela de su camisa. “Les hice ver cosas para poder sacarte de allí, gasté mucha energía pero… valió la pena, porque sigues con vida. Es lo que importa ¿no?”
El tono de reproche por parte del chico le sacó una pequeña sonrisa. "Ya ni siquiera los recuerdo. Probablemente también piensan que estoy muerto." Dijo, no sentía tristeza por ello, hablaba de eso con tranquilidad. Aunque pensara en ellos, le costaba formar una imagen clara de sus padres o hermanos. Era más sencillo pensar en sus hijos. Suspiró. "Eres gracioso. Lo dices como si me fuera a sorprender por ello. Sé que deseaban hacerlo, en todo caso, resistieron por mucho tiempo." Razonó. Daorys había intentado escapar varias veces, alzaba la voz, a veces no obedecía. "Como sea... de nuevo, gracias. No tenías que hacerlo, pero te arriesgaste." Giró el rostro, mirando al sujeto. "¿Así es como escapaste tú?"
Slyver--
Hizo una mueca, no supo si era por las palabras de este o la risa del mismo. No le dio muchas vueltas y supuso que por ambas. Trató de ignorar el asunto un momento conforme limpiaba la sangre del menor de su rostro, primero con sus manos y luego con su camisa, la cual se sacó del medio porque no iba a ser una buena idea andar con sangre humana encima. “Vas a estar bien… pero si sientes algún dolor o malestar, por favor dímelo. No quiero ser el responsable de un derrame cerebral.” Aunque sonaba medio en broma, hablaba mortalmente enserio. Al cabo de un momento suspiró, aunque la cercanía entre ambos no disminuyó. “Supongo que era como tú…” El pensamiento salió apagado.
Entre risas, se dejó hacer por el extraño. Después de haber visto tantas cosas en las memorias del sujeto, desconfiar de él sería ilógico. Aún así, al cabo de poco, las risas se apagaron, y Daorys se quedó mirando al rostro del joven. "No sería una gran pérdida." Se encogió de hombros. Al ver la expresión que el otro tenía, se sintió mal por sacar a relucir el tema, aunque, ¿Cómo iba a saber que alguien comprendía su punto de vista? Alguien que no fuera humano... "Y ahora ya no." Dijo, finalmente apartando la mano del otro, volviendo a recostarse. Estaba cansado. "¿Cómo hiciste para que nadie te viera? ¿O es que me dieron por muerto?"
Dean: My name is Dean Winchester. Sam is my brother. Mary Winchester is my mom. And Cast — … Cas is my best friend. My name is Dean … Winchester. My name … My name is…

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Daorys & Slyver { moodboard }
@daorysx
Slyver--
Oh, no, no, no. Se alarmó cuando por fin el enjambre de recuerdos dejó de dominarle y se dio cuenta del enorme error que cometió. Sin pensarlo dos veces se acercó al humano, usando su camisa para parar la hemorragia nasal. Jamás fue tan descuidado, pero seguía tan agotado e iba a hacer de cuenta que el haber compartido su sangre con éste no era el verdadero problema. “Lo siento, lo siento tanto.” Comenzó a disculparse echando la cabeza del rubio hacia atrás con la intención de mantener el sangrado a raya, quizás usó demasiada fuerza, pero no iba a permitir que sus recuerdos dañasen al humano… lo dañasen más.
Fue consciente de la cercanía del otro, y luchó en un primer momento contra ella, simplemente por costumbre. Si alguien se le acercaba, era porque querían hacerle daño. Daorys no había tenido un instante en años en el que no sintiera que la gente estaba a punto de apalearlo. Era natural responder así. Sin embargo, se detuvo con la mano hecha un puño en el pecho del extraño, sosteniéndolo con fuerza. “Eras como yo.” dijo casi sin aliento. No estaba preguntando, lo había visto todo. Hacerse a la idea de que alguien quería ayudarlo era más difícil que creer en su teoría de que lo vendería a las brujas. Entre el cansancio y el dolor, Daorys comenzó a reír. Era un gesto muy raro en esta situación. “Estamos muy jodidos.”
Dean Winchester I It’s a Terrible Life I 4x17
Maybe all things happen for a reason You just need to get over this dry season But the only drug you need is believing Maybe God does answer all your prayers

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daorysx
“Sí, supongo que sería divertido para ti.” apenas alzó las comisuras de los labios. Para Daorys, simplemente se trataría de la culminación de una vida llena de miseria e injusticias. Ante el siseo, se fijó en el sujeto, y el cambio en su aspecto lo tomó por sorpresa. Fue tan repentino que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar a ello, sucedió y luego se esfumó aquel momento. Parpadeó, confundido por lo que acababa de suceder. “Hm.” apretó los labios. Su mente soltó toda clase de respuestas. ¿Debía aceptar esa explicación? Nadie hacía obras de caridad sin esperar algo a cambio. Seguramente estaba mintiendo. Quizás necesitaba un humano para alguna cuestión dudosa. Finalmente, los humanos eran desechables, ¿no es así?, ¿Y si lo estaba curando para entregarlo a las brujas? Desvió la mirada.
Se pasó ambas manos por el rostro, decepcionado de sí mismo ante sus ataques repentinos. De todos sus traumas, parecía que la simple palabrilla ya de por sí le causaba un arrebato indiscutible. Fijó sus azules ojos en el humano abriendo los labios como si en serio fuese a hablar, pero sus pensamientos se vieron opacados por la multitud emergente de la mente ajena. Sacudió la cabeza intentando detener el flujo de pensamientos compartidos, fallando miserablemente. “¡NO!” Exclamó, sus labios apretados en una fina línea. “Hice esto porque no pude soportar ver lo que te hacían, no era justo, era horrible y despreciable.” En conjunto con las palabras meneó los brazos de forma efusiva, furioso. “Yo no quiero nada a cambio, solo quiero que te sanes y te largues del reino. ¡Nadie debería ser esclavo de nadie!” Gruñido extraño escapó de su garganta cuando los recuerdos de su vida en cautiverio comenzaron a fluir, sintió sus manos temblar de impotencia cuando las imágenes pasaron como agujas por la garganta. Su vista seguía fija en el humano, dándose cuenta que no cerró la conexión cuando sus recuerdos comenzaron.
El grito resonó con fuerza en su interior. Tanto así, que miró al desconocido, alarmado. Estaba de acuerdo en que el trato hacia los humanos era deplorable, pero eso no había detenido a nadie durante muchos años y según veía las cosas, nada iba a mejorar para su especie. Antes de poder hablar, recuerdos fluyeron por su mente. Cosas que no eran suyas, escenas que se parecían a su vida. Era como mirarse a sí mismo, pero no en un espejo, sino a través del agua. El conjunto de memorias fue demasiado para Daorys. Para cuando salió del trance, su nariz sangraba profusamente, y lágrimas corrían por sus ojos. Alzó una mano, tocando el rastro de sangre, confuso.
Slyver--
Por un lado entendía la forma tan retrograda de pensar de las razas, después de todo él fue víctima de los humanos, pero no por eso todos debían pagar y ser tratados como perros, ¡o peor que perros! No quiso comentar nada al respecto, sólo se alzó de hombros. Le regaló una media sonrisa y un asentimiento ante el agradecimiento, aunque seguía pensando que no era necesario ni lo merecía. “Sería más divertido si estuvieses imaginándolo, así me iría y no sabrías si soy o no real.” Enarcó las cejas, medianamente divertido, aunque no tenía idea de dónde salió el comentario. Claro, su buen humor se perdió tan rápido como apareció. Él no quería nada, así que cuando escuchó lo último siseó en descontento mostrando su lado animal, como siempre que se alteraba. Quizás tenía que tomar clases de control… quizás. “No. No quiero nada de ti. Simplemente…” Giró el rostro intentando calmarse, no quería asustarlo tampoco. “Nada de esclavo.”
“Sí, supongo que sería divertido para ti.” apenas alzó las comisuras de los labios. Para Daorys, simplemente se trataría de la culminación de una vida llena de miseria e injusticias. Ante el siseo, se fijó en el sujeto, y el cambio en su aspecto lo tomó por sorpresa. Fue tan repentino que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar a ello, sucedió y luego se esfumó aquel momento. Parpadeó, confundido por lo que acababa de suceder. “Hm.” apretó los labios. Su mente soltó toda clase de respuestas. ¿Debía aceptar esa explicación? Nadie hacía obras de caridad sin esperar algo a cambio. Seguramente estaba mintiendo. Quizás necesitaba un humano para alguna cuestión dudosa. Finalmente, los humanos eran desechables, ¿no es así?, ¿Y si lo estaba curando para entregarlo a las brujas? Desvió la mirada.
Slyver--
Se quedó junto a la choza, observando las estrellas, preguntándose si sólo intentaba redimir sus pecados, además de lo otro, por supuesto. Aguardó lo suficiente antes de atreverse a girarse y ver dentro, medio confundido. “Estoy escuchando, piensas demasiado fuerte, por cierto.” De alguna forma la muralla mental que se obligó a mantener no funcionaba del todo y… bueno, le estaba molestando escuchar sus pensamientos. Era tenue, pero lo escuchaba. Regresó, pero se mantuvo a distancia, los brazos cruzados sobre su pecho. “¿Sí? No tienes… que agradecer nada, por cierto. Estás bien ¿sí? Eso es suficiente.” Se apuntó al corazón torciendo un tanto los labios. “No soy humano, o mago, ni druida, por cierto.” Arrugó la nariz. “¿Está bien si no te digo qué soy?”
Daorys bufó. “Será la primera vez en años que alguien cree que soy capaz de pensar.” soltó con cierto humor. La gente tenía por costumbre subestimarlo debido a su humanidad. Y a veces, él mismo llegaba a creer que tenían razón. “Es lo correcto. Sería un idiota, malagradecido sino dijera... gracias.” lo miró, eso de que no moviera los labios lo dejaba intranquilo, pero seguía siendo mejor que la perspectiva de haberse vuelto demente a base de tantos golpes. Daorys alzó una ceja, y después se encogió de hombros. “Está bien. Me conformo con saber que no lo estoy imaginando.” replicó, alcanzando la cantimplora de agua, bebiendo hasta que el agua se escurría por su cuello. Se detuvo, tomando aire. “Si no me han traído aquí ellos, entonces, ¿Qué es lo quieres?” aún lo miraba con desconfianza. “¿Un esclavo?”
Slyver--
Elevó los hombros con una mueca moviendo la cantimplora nuevamente frente a él. No iba a decirle qué hacer, si se quiso levantar lo dejaría. Eso sí, si quería irse… estaba difícil. Asintió pero sabía que ese ‘no importa’ quizás significaba algo más. Negó con la cabeza una sola vez. “No. Pero te curé… algo, al menos estás sanando poco a poco, mucho más rápido de lo que normalmente demorarías.” Se apuntó a sí mismo cuando la siguiente pregunta vino. ¿Cómo explicaba que de la nada le rescató de sus ‘dueños’? Suspiró torciendo los labios. “Te saqué… de allí. Estaban haciendo algo malo.” Frunció las cejas, molestia emanando de su ser. “No está bien. Lo que te hicieron no estaba bien.” Slyver le señaló girando el rostro. “No…” Se puso de pie, dejando el agua a su lado, tragándose lo que en realidad le había motivado a ayudarlo. No podía dejarlo ahí cuando le recordaba a sí mismo años antes, sabía de primera mano lo que era ser un esclavo, lo que significaba la tortura. Slyver salió de la choza en busca de aire para aclararse.
Sabía que lo que tenía que hacer era dar las gracias. Sin embargo, la frase no salía. Escuchó, observando cada movimiento en silencio, intentando recordar algo, quizás cuando llegó acá, sin éxito. Agradeció cuando el otro salió, pudo respirar con tranquilidad. Intentó levantarse, pero estaba demasiado débil para ello. Resignado, volvió a recostarse. "Debiste dejarme ahí." Pensó, observando el techo nuevamente, intentando recordar sus rostros, sus voces. "Estaba listo..." aunque, si moría, no llegaría a averiguar qué había pasado con ellos. Nada le aseguraba poder hacerlo. Todavía no estaba del todo seguro que el sujeto no era un enemigo. "Hey. ¡Oye!" Exclamó, esperando que escuchara. "Si no regresas tendré que arrastrarme hasta allá."
Slyver--
Horas interminables transcurrieron. Slyver intentó dormir, pero sólo logró reposar unos minutos antes de estar alerta y preocupado. Cuando la noche finalmente cayó aprovechó para cazar algo, tenía esperanzas de que el tipo sobreviviera, en serio tenía altas esperanzas luego de ver como muy poco a poco algunas se cerraron, pero las más grandes no colaboraron mucho. Encendió una fogata antes de volver dentro de la choza y aguardar por señales de vida, que por cierto llegaron como a la hora. Se movió rápido para verlo. “No.” Soltó de golpe, había leído su pensamiento, pero fue sin querer realmente, sólo se aseguraba. “No… no te entregaron a ninguna parte. ¿Estás bien? ¿Quieres agua?” Acercó una cantimplora y por fin dejó que le viera, preocupado por la reacción. “¿Te duelen las… heridas? ¿Quieres que las revise?” ¿De nuevo? Eso sí no lo añadió.
La voz le sobresaltó, en especial porque la escuchaba dentro de su cabeza. Una cosa era tener que aguantar sus propios pensamientos y otra muy distinta tener voces en la cabeza. De dónde venía y a los humanos que tenían esos males, siempre terminaban mal. Es decir, peor de lo que normalmente les esperaba a los de su especie. Se alzó rápidamente, lo cual fue una mal idea, y el tirón que sintió en la espalda le arrancó un siseo. "...¿Cómo?" Fue entonces que notó que el desconocido no movía los labios. Después, negó. "No importa." Añadió, con saber que no se estaba volviendo loco le bastaba. "¿Eres médico?" Preguntó, cauteloso. Observó el sitio, no le parecía un sitio donde viviera un sanador. "Ellos jamás me traerían para curarme, así que... ¿Qué pasó?" Estaba seguro que iba a morir, pensó.

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Slyver--
Su herida sanó unos minutos luego, el desastre en la espalda del humano se veía… igual a sus ojos. Se puso a pensar en lo que arriesgó por un humano que sólo vislumbró un par de veces, ni siquiera recordaba su nombre ¿alguna vez supo su nombre? No quería bajar la barrera y averiguar, el sueño o recuerdo del humano eran demasiado fuertes y, si se dejaba llevar, acabaría dañando el cerebro de éste. Se movió con cuidado de no golpearle para encender las lámparas de kerosene, no estaba haciendo frío al menos, pero sí estaba anocheciendo. Miró por encima de su hombro al humano, esperando que se recuperase ¿y luego qué? No, no iba a pensar en eso. Tomó la manta y se cubrió, pero un segundo después ojeó al otro. Okay, okay. Se acercó para cubrirle de cintura para abajo y se quedó a su lado, esperando por la noche.
Quiso aferrarse al momento, pero tan pronto todo había llegado, se le esfumaba de las manos. Esta vez, sí que gritaba. Y es que no quería perderlos, no de nuevo y ahora que finalmente estaba en paz, contento. Enterró las uñas en la tierra, como si eso fuera a ayudar. Todo se volvía negro, y luego, silencio.
Para cuando abrió los ojos, ya había asimilado que aquello fue un sueño y desafortunadamente, seguía con vida. Se quedó mirando el techo, sintiendo dolor en la espalda. Aunque no deseaba llorar otra vez, el nudo en su garganta era insoportable. Alzó una mano para hacer presión en el puente de su nariz, y hasta que su respiración se volvió tranquila, se dio cuenta que no estaba en la casa de sus amos. ¿Lo habrían entregado a otras personas? "Joder."
Slyver--
Respiró profundo pasando su mano por la cabeza del menor, como si fuese uno de sus gatos, lo hacía porque si no comenzaba a hacer algo pronto, el tipo iba a morirse. Se obligó a relajarse, estaba cansado, gran parte de su energía fue a parar con los captores de éste, así que lo que quedaba de él estaba pulverizado y asustado por el destino del humano. La imagen de éste le trajo muchos recuerdos, así que cerró fuerte los ojos para apartarlos. Jadeó cuando la conexión con la mente ajena comenzó, no quería aquello, pero no podía evitarlo estando tan acabado. No, no. Pensó que sería algo horrible, pero las imágenes le… trajeron ¿paz? Se sacudió tratando de no ver más, eso no era suyo, así que con la poca fuerza que aún le quedaba, elevó la barrera de nuevo. “Vamos, no mueras.” Aunque fue para sí mismo, sintió como las palabras fluían en la otra mente. Salió del estupor, dándose valentía para hacer lo que no quería hacer. Rasgó su muñeca con sus colmillos y la sangre la dejó fluir sobre las heridas del rubio, si bien él jamás lo hizo, lo presenció en las colonias de los vampiros unas veces, jamás fue de su agrado, tampoco. Si no sanaba en las próximas horas, entonces moriría. Mierda, mierda.
Era como un día cualquiera, conversaciones acerca de lo que los chicos habían visto en el pueblo, relatos de la casa donde Bastián solía servir antes de encontrarlos. Reía y los observaba tal como un padre amoroso, hacia tanto que no sentía algo así, y era bueno recordar que aún era capaz de sentir cariño. Entonces, su visión se volvió borrosa, y escuchó una voz. Su espalda contra la flores y la vista al cielo, sintió que no podía moverse. '¿Pa, qué te sucede? Levántate, vámonos.' Bastián observó a las nubes volver, amenazando con lluvia. 'Félix está esperando en casa, hay que regresar. Ven con nosotros.'