Alzó una ceja, tomando otro trago de su botella de cerveza—. ¿De qué hablas? —Preguntó luego, frunciendo el ceño—. Nunca es demasiado temprano para alcoholizarse un poco, por favor. —Rió levemente, observando su reloj de muñquera—. Vamos, tengo veintiuno, creo que estoy en mi derecho de tomar una cervecita a las nueve de la mañana, ¿no?
Por supuesto que no --musitó adentrándose en la conversación mientras se sentaba al lado de la rubia--. De hecho me entusiasma poder unirme a la fiesta.













