Huí de la ciudad por él, de nuevo él en mi texto, debo entender que rondará por estas líneas durante algún tiempo… Estoy con María, orino mientras veo dos cepillos de dientes en su baño privado, uno es azul y el otro es rosado; no estoy cómoda, pronto llegará su cumpleaños y no querrá que esté, quizá mi indiscreción le resulte un problema. No lo dice de forma directa, pero lo repite una y otra vez; como los avemarías que me hizo repetir el padre para que fuera absuelta por mis culpas la semana pasada.
-Es que a usted nadie se le acerca por ese genio que tiene, nadie se la aguanta, su genio es tenaz, mire lo que pasó con el pobre de Jhon-. Decía desde su cama.
Olvidé las palabras por eso no respondí. Caminé al cuarto en busca de una cama, por fortuna esos pedazos de madera si me aguantaran, pensaba mientras me acostaba.
Mis manos, empapadas de sudor se arrastraban entre las sábanas mientras intentaba buscar alguna posición que prometiese un buen despertar. No concibo dormir, quiero huir de este lugar, es más sencillo llevar una relación por WhatssApp que personal con María, adiós hermana, pensaba mientras recordaba al padre.
Navego entre mis preguntas, esta noche las dudas me acompañan. La relación con el padre va en caída libre, quizá a eso se deba el fracaso de mis relaciones; hay quienes sugieren que las relaciones de pareja son el reflejo de los vínculos con el padre; en nuestra última conversación dijo:
-Es que tú estás sola porque pordebajeas a todo el mundo, te crees superior a todos, y has estado en círculos equivocados…tu forma de ser es tenaz.
No estaban tan alejadas las percepciones de Maria y del padre, podría resumirlas en que mi forma de ser es tenaz. De nuevo pensaba en mi hermana y en la brecha que nos separa, no me siento bien aquí, este no es mi sitio, ¿cuál es mi lugar? El infierno son los otros, Sartre no se equivocaba al escribir esas líneas.
Unas horas antes de llegar a estas malditas reflexiones, estaba en una carretera en un bus intermunicipal, veía mi reflejo en la ventana y parecía feliz, la idea de viajar me animaba. Por un instante las dudas cesaron y estuve llena. Los demonios y maleficios seguían, pero en el bus aprendí a vivir con ellos.
El vehículo avanzaba mientras mis pensamientos se posaban en el recuerdo de la bruja que había visitado días pasados; una mujer de pelo pintado, ya entrada en años y en carnes, protuberante y glotona; tenía en su consultorio como ella y sus hijos lo llamaban, varios chocolates, decía que cada consulta le quitaba energía y debía reponerse con el caramelo ubicado encima de su mesa al lado de las cartas que me leyó esa tarde.
-Las envidias me la tienen consumida mami, las malas energías son lo que la tienen así de solita mami, pero tranquila mami, vamos ayudarla para desmontarle todo eso.
Póngale cuidado a lo que va hacer: Báñese por tres días con vinagre y sal gruesa mamita, debe ser en las noches, con la casa limpia y repita cuando tenga el vinagre y la sal en el cuerpo: con la sal fui bautizada, con la sal me alimento, con la sal me descruzo. Y se echa un padre nuestro y un credo. ¿Si se los sabe no? Otra cosa, todos los días se me va a poner un ajo macho en el seno derecho y verá cómo es que la suerte me le cambia mami. Cuando se los haya hecho vuelve y le digo cómo debe hacerse el baño dulce, ¿oye mami?. Afirmó Sussi mientras retiraba la envoltura del chocolate.
Qué expendiosa fórmula ¿Para qué putas?, pero bueno ella es la bruja, no yo, aunque tengo más de bruja yo que ella, pensaba mientras le daba el dinero de la consulta. Fue más sencillo realizar la fórmula del cura que llevar a cabo las instrucciones de la bruja, pues el padre solo dijo:
-Un padre nuestro y dos avemarías. Llegué a pensar que ese padre no era más que un autómata que dictaba fórmulas para el perdón. Fue sencillo ser perdonada por él o por Dios, aún no sé quién fue el que me perdonó, lo importante es que fui absuelta por mi promiscuidad y bendecida una vez más; ahora sí era una Lilith de los santos y no una Lilith de los ángeles caídos. Finalizaron mis reflexiones a medida que Morfeo me impregnaba con su aroma ensoñador hasta el siguiente despertar.
No quiero trabajar No me quiero enamorar No quiero que te quedes esta noche Quiero que te vayas Pero déjame el vino. No quiero amores de una noche No quiero sexo barato Tampoco quiero amor eterno No quiero familia No quiero tener en quien preocuparme
Soy parte de la nada por eso estoy sola
No quiero que pase el tiempo tan rápido No quiero graduarme No quiero dos cepillos de dientes en mi baño. Quiero ser una estudiante eterna No quiero hacer el ensayo de Epistemología
No quiero viajar No quiero ir a la entrevista de trabajo No quiero saludar al vecino cuando pase por mi lado No quiero contestar llamadas ni responder a empalagosos mensajes Ni a Foucault y a Deleuze para entenderme Solo pregunta a mi hermana Ella lo sabe todo.
No promesas ni canciones No cogidas de mano ni chocolates No dramas ni intensos No despertar sola tampoco tener que echar a nadie de mi cama.
No desayunos ni masajes No quiero cafés para conocerte ni citas a ciegas No matrimonios ni tinderianos No máscaras ni mujeres disfrazadas de lobas No lágrimas ni tuzas No golpes en la cama ni abrazos No charlas tediosas No historias de ciclismo o de géneros musicales.
Llegué a la ciudad de nuevo, tenía una cita a ciegas, me despoje de las botas de piel y del color negro; utilicé un vestido de flores con encaje en las puntas, lo combiné con ligueros, un bra de encaje y sus bragas de puntos oscuros; dejé la moral en el closet, y tome la máscara de Lilith.
Ya había construido una extensa lista de lo que no quería, estaba preparada; con los ligueros puestos, dos copas de ginebra encima y un cigarrillo de marihuana por si la cosa se ponía pesada, dispuesta para la primera cita.
¡Qué pase lo que tenga que pasar! Miro mi reflejo, apenas si me reconozco, voy para el averno, la esquina donde se reúnen los ángeles caídos para anestesiar la conciencia, ir o no ir, esa es la cuestión; pero ¿qué tal si me sucede algo espantoso?, aunque más espantoso de lo que he vivido, lo dudo.
Llega el taxista, me dirijo al auto; mis manos de nuevo lavadas por el sudor, los mismos nervios, los mismos clavos, ya es tarde para arrepentimientos, pienso mientras subo al carro. Ha llegado el momento de conocer a ese hombre, lo único que recuerdo es que es atractivo,como para tenerlo entre mis sábanas por horas, el problema sería echarlo al otro día, pero eso no importa, sonrío, digo lo de siempre: ¡ese es un problema para la Lilith del futuro no para mí!. Llegó la hora, ahí debe estar mi cita, mi tinderiano esperando por mí.
Antes de llegar a conocerlo me ocupe en pequeños detalles que no podía dejar en el aire, entre esos un manual de escape para hombres menores que yo, bajitos, con halitosis, y aburridos. Si la cita fallaba pediría a un amigo que llamara tan pronto como viera mi SOS.
Está hecho. Lo miro, me mira, es Endimión, quizá podría llegar a ser el Adonis de este cuento; pienso mientras le lanzo un beso provocador en la mejilla. Lleva una chaqueta de jean, le queda muy bien con esa deliciosa cabellera que se mueve al ritmo de mis pupilas; tiene los ojos más negros que he visto, su barba es perfecta para mí, en proporciones justas para no lastimar mi boca cuando me deshiniba a besarlo.
Una palabra, nervios; protagonista de las primeras horas, intento romper el hielo: nunca había sido tan estúpida, tres palabras: ¿Qué música escuchas? No se me ocurre decir nada más, no puedo decir nada, es lo justo. London Calling, dos cervezas, una rubia y una negra, empezamos bien, Michael Jackson de fondo y que inicie el juego. Padres, visita del Papa, religión, Marilyn Manson, y suicidios; nuestros primeros temas, al parecer el diablo está en mi cita, no me dejó en paz tampoco en esta ocasión. Dos cervezas, cinco idas al baño, ningún mensaje en mi inbox.
¿Qué espero? Quizá espero sentir, ¡baaah! soy una hechicera de Tesalia y el amor está prohibido para mí, ya está escrito por eso ocurre. Pensaba.
Me gusta el silencio que hay entre los dos, las huellas que el tiempo empieza a dejar en su piel, las uvas que el destino le designó por ojos para verme mejor, claro está, la textura de sus muslos, su delirante arco de cupido que delinea aquella boca preciosa. Va bien, estamos a gusto, y cómo no estarlo, su físico es perfecto, su edad también, 32 años, estoy por creer que es la edad ideal.
¡Ven y enséñame lo que has aprendido en este tiempo! Pienso mientras habla de sus gustos musicales. Debajo de la mesa, cruzo varias veces mis piernas, no lo estoy escuchando, solo miro su exquisita y minúscula boca.
10.40 pm: llegamos a Pepino, no cover, dos copas de ginebra acompañan la noche pero sin pepinos.
Se acerca, rosa su piel con la mía. En cuestión de segundos había dejado de ser un extraño, una charla, dos copas de cerveza, dos horas de conversaciones banales, tan solo dos parpadeos para terminar sumergidos en el fondo de la copa.
Me gusta, pensaré que este baile es una guerra, una lucha justa, serpiente y Dios en una sola batalla, un juego de seducción convocado por el placer de poseer al otro, no hay reglas, hay aproximaciones a las masas, se estrechan las manos, se une la carne, ahora somos uno.
No hay diferencia entre la guerra y el baile. Meditaba mientras dejaba que sus pasos me guiaran. Mi espalda choca con un muro frío y húmedo mientras se acerca cada vez más, un escalofrío recorre mi columna, advierte que se aproxima el primer beso.
Cree que tiene el control, lo sé por sus determinados movimientos, suena Sexy Lady y susurra en mi odio:
- El Dj debió verte para poner esa canción. Hey sexy lady. I like your flow Your body’s bangin, out of controoooooool. Toma mi mano al son de la canción, siente el sudor de mi palma al rozarla, de nuevo el corazón de coraza me delata; veo como se esmera para perfeccionar su paso, y mientras tanto, desee su cuerpo mil veces, me enamoré tantas veces esa noche que olvidé por completo la respuesta que esperaba en mi inbox.
Sonrío, empiezo a soltar el pasado, pienso que esto será digno de escribir; de pronto, aquel caleño se lanza como una flecha en busca de mis labios, pero la manzana lo esquiva.
Ahora sabe que no tiene el control, acaba de entender que yo marco la velocidad del baile, llevo mis ligueros, mi ropa interior de encaje, yo tengo claro a dónde voy, él aún no lo sabe.
Tres vueltas de carnero, los roles cambian, su espalda está húmeda por el líquido que proviene del muro; mojado e indefenso, parece todo un cordero en esa esquina, inamovible, resignado a que Lilith lo devore con los tentáculos de placer que hoy la invaden.
Vamos a quemarnos en el fuego con el diablo dice Residente, mientras humedezco mis labios y me acerco lentamente hacia su boca, sus labios encajan con los míos, la mixtura de su boca calma mi incendio, besa bien, hay sincronía, tiene talento; no voy a pensar, no voy a elegir, hoy el deseo es el que abre el juego.
Tum, tum; tum,tum; tum, tum; tum,tum.
El corazón busca salir del cuerpo, como será expulsado por mi vagina el tampón que empieza a maltratar. Las mariposas en el estómago a las que les rendía culto todos los viernes hoy han resucitado, treinta mil pesos en mi billetera, y sin tampón de repuesto, con una fuga entre mis piernas que podría delatarme, hoy es viernes de ópera, de nuevo vuelvo a verte, mis caderas se constriñen, no sé si es del cólico menstrual o del deseo de tenerte. Próxima parada calle 100, en minutos te voy a ver, pero… ¿Quién soy hoy?¿La femme fatale?¿La oscura y pesimista? ¿La intelectual que odia al mundo? ¿La cobarde que quiere huir? ¿Y mi soledad?…
Me ves, saludas, no hablas, no hablo, no eres atractivo como en la foto, ni como en la primera cita. Algo cambia. Debería dejar de preguntar tantas cosas. Pienso mientras tomo su mano y busco lugar para ver la función.
A decir verdad es mejor evadir cuestiones tan incómodas y ocuparme por ver el primer acto.
Último viernes, viernes negro, tercer viernes, 9.30 pm, norte de Bogotá, quinto piso, dos botellas en el platero y dos vasos.
Ojos negros, tan atractivos que se me hace agua la boca, su altura hace juego con su chaqueta; tres mil formas de besar que empieza a enseñar, el placer se desborda por mis pupilas hasta vaciar mis pulmones.
Me retiro, tomo una bocanada de aire mientras anuncia con una sonrisa en su boca: -Nos quedaremos sin aliento de seguir así- pero ¿Qué importa el aire cuando hay tanto por hacer esta noche? Empecemos a jugar: -¿Vamos a la cama? Pregunta mientras se dirige al cuarto oscuro.
Lo sigo, me dejo llevar, no será amor ni mi chico en definitiva, quizá no pase de esta noche pero lo necesito, quiero perderme un rato en el camino de su ombligo.
Esta noche no seré yo quien gobierne eso lo sé, soy incapaz de hacer algo al respecto, tan solo sigo sus pasos y de repente aparece el pasado en todas sus formas, textos, llamadas y canciones. ¡Vaya recuerdos inapropiados que irrumpen el crepúsculo! Quizá por eso lo necesito.
Se quita con ánimo el pantalón mientras me apuñala aquel poema que leí tantas veces y que hasta entonces entiendo: Todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie. Considero que hay mil y un formas de sentirse puta con alguien al lado. Esta noche me siento tan puta como la del poema.
Dudo, recuerdo mi pasado y el sin número de errores que he cometido, al parecer este será uno más, quizá sea la última noche que te vea, cita número tres, un buen número para finalizar con este juego de seducción tan poco excitante. Quedo en ligueros, me besa, me abraza, al parecer tiene una erección. De pronto, doy un giro, estoy encima, lo beso, me siento en su falo, el brasier quedó suspendido en la sala, mira mis senos con cierta fijeza, su erección es más contundente y dice: -Wow.
Eso es más que suficiente para mí por ahora, me inclino, lo beso, necesito que calme el incendio que ha provocado su erección, su pelo, sus ojos y sus dedos en mi cuerpo, beso el cuello, lo muerdo, clavo mis uñas de gata y marco territorio; un lugar que no es mi lugar, un tiempo que será tan efímero como un suspiro. Toco su pene, su erección fue como una estrella fugaz; bajo, lo miro mientras tomo con mis labios su minúsculo pene y jugueteo un rato con él, su placer es amarillo, pronto estallará y manchara mi cuerpo aún virgen de su sexo con su blanca esperma.
No sé a dónde llega, pero llega. Sus ojos delatan el placer que su falo experimenta; no llego, quedo suspendida en el espacio, su erección desaparece, y mis ganas de tenerlo se disuelven a la velocidad de la luz; me abraza, me mira, me besa y duerme, aunque asegure que nunca lo hace.
No puedo dormir, y menos con ese mar de fluidos que rebosan entre mis piernas. Un río de carcajadas llega, hago un inventario de mi mala suerte, contemplo sus protuberantes pestañas mientras duerme. Ya no solo en el amor, también en el sexo.
Hay momentos que la fatalidad toma visos de diversión, sucesos particulares se apropian de la experiencia y son reiterativos en la vida. Este fue un momento anormal.
Tengo la certeza de que no te volveré a ver, solo puedes ofrecer los viernes y yo lo quiero todo, no puedes ofrecer una erección que de solución al río que yace entre mis piernas, ni generarle a mi cuerpo alguna clase de placer, el ciclo se repite, otro encuentro líquido, esperaré a que amanezca para que se vaya, de nuevo me aferro a mis muñecas cortadas, son más placenteras que la noche que transito.
jugo de mango con 5 de azúcar para tolerar el discurso del intelectualoide; cerveza rubia en un jarro de Gres para alterar la consciencia y asentir interés a las historias de las que hablaba otra infortunada cita; pero con este me fue peor, cerveza negra, jarra negra, botella de Bacardí Mojito,mi billetera derretida, encartada con una boleta de concierto y ni un solo orgasmo…
Es tiempo de detener el experimento que tan solo ha incinerado mi billetera y mi tiempo. Otra vez vuelvo, vuelvo a él, a mi cama, al río que rebosa debajo de mis sábanas.
Ojos bien cerrados, imagino el techo, estoy desnuda, a la derecha Mefistófeles, a la izquierda un perfecto desconocido; mi mente viaja para volver al pasado y aferrarme a quién pensé un día amar.
-Un texto, una canción, todo es raro. Argumenta cuando se aleja.
No esperes que te espere después de mis 26, pienso al leer la exuberante basura que escribe, eso sí, putamente impecable cada verso, es más puedo decir que se parece a la prosa de Caballero, pero volvamos al punto ¿para qué escribe? ¿por qué le calma escribirme? ¿acaso no tiene a quien fastidiar y por eso sigue aferrado a un recuerdo que no volverá?. De ser así debería abrir un blog, y me evitaría el mal trago de leer sus mensajes.
A estas alturas no busco un amor intermitente, ni un romeo en textos, ni alguien que solo me dé sus viernes. Busco con quien follar y gastar mis horas, alguien que sea el cómplice en mis cuentos, en mis sueños, con mis demonios, que conecte con todas las Liliths que puedo llegar a ser.
De textos no vivo, de amor tampoco.
Seguiré la búsqueda inquietante, a ratos perversa, pero querido Gaspar solo responde ¿será posible un poco de verdad en tu macabro y bello ser de palabras?
Pronto amanecerá y mi deseo de soledad gobierna mi alma, no más fantasmas del pasado, no más extraños en la cama. Abro mis ojos, te miro y entiendo que hay más de una forma para sentirse puta….