“¡¿cómo que 60 puntos?!” cuestiona indignada al ver el puntaje que marca la maquina de karaoke. “dimos la mejor actuación de nuestras vidas. una interpretación casi merecedora de un grammy.” dramatiza, por supuesto pero ivy quería un puntaje perfecto. “¿te lo puedes creer?” cuestiona a quién tiene cerca. “algo debe estar mal con esta maquina.”
mientras la opuesta le gritaba indignada a la pantalla, rin aprovechó para ojear de nuevo (y mejor) el cuadernillo que listaba las canciones a elegir. el orden alfabético lleno de canciones demasiado extrañas como para poder ser una tarea fácil. letra pequeña y miles de nombres parecidos —deberíamos cantar esta canción de las spice girls — le enseña de nuevo con diversión en el rostro — de seguro qué haciendo todas las voces que hacemos un cien ¡asegurado!— golpea dos veces con el dedo la canción elegida —¿te apuntas o aún quieres seguir gritándole a la máquina para que cuando se rebelen te busque primero?— divertida risa expresa con su palabrerío.










