Veinte años y nunca la había visto desde tan arriba
a esta ciudad que me incita y recrimina
todo lo que es
y lo que puede ser
de un lado
se abre hasta la línea del río
coronada por luces
y el pulso incandescente de la refinería
del otro
el verano se estira
y los cuerpos negros de las palmeras
le dan sustancia a la noche
y entonces me pregunto
si debo salir a buscar alguna otra fuerza
capaz de igualar tanta belleza
acá adentro todo encaja
ridícula eficacia
la tuya
hacerme ver el otro lado de las cosas
lo que las sostiene
pura desmesura
como la pizza de ananá
una forma monstruosa de belleza
















