¿Qué era lo ridículo?
Lo supe en ese mismo instante en que sonreíste, tus ojos brillando en un inmenso destello que sacudió cada fibra de mi propio ser.
Me encontraba ridículamente enamorado de ti, de una forma consumidora, abrumadora. Pero también exquisita.
Solo pude reír, porque aquel sentimiento era tan jodidamente ridículo, que nada ni nadie podría siquiera llegar a hacerme sentir lo que con tu simple sonrisa se generó en mí.
Bastante ridículo, ¿No?












