Es muy extraño sentirse mal en un estado de plenitud nunca antes obtenido. Que de repente estés en las nubes y vengan dudas, miedos, complejos a cagarlo todo. De un extremo a otro. Lo tenés todo, pensas y querés dejarlo ir, pero perderlo te mataría en vida. Te llevaría al pozo más profundo, dónde ya estuviste y dónde no querés ni pensar en volver. Estar entre cagarla o no cagarla. Continuar construyendo o derrumbarlo todo. Sabes que los segundos comienzos nunca funcionan, que algo nunca vuelve a ser lo que fué. Lloras de emoción porque al fin se te dió, porque lo que tanto soñaste se está cumpliendo, con muchos detalles que no tuviste en cuenta pero aún así es todo perfecto y positivo. Se esfuerzan mucho por no demostrar tanto, que no es posible. Pero es mutuo y eso es una gran recompensa. Que mejora su relación con el mundo exterior pero se complica su mundo interior. Que amas la manera de poder crecer y presumir todo ese amor. Pero a la vez eso es como bañarlo en miel para las abejas. Porque obvio cambian de actitud y eso lo notan las mujeres disponibles. Ese brillo en los ojos, esa felicidad sin razón aparente. Y flashan coqueteo, una que otra se lanza. Que el pasado te hace dudar, pero el presente te da mucha seguridad. Su mirada, su sonrisa, sus actitudes. Eso dice mucho más que las palabras y que su pasado. Y que todos tenemos un pasado, pero que ahí debe quedarse, dónde pertenece. Que tenemos que seguir, sin mirar atrás. Con mucha esperanza y sabiendo que ahí está nuestra felicidad, en el futuro.