Bienvenido, Salvador Valentino Ibaceta Justiniano.
Mi pelotita de algodon 🦔🤍
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
Not today Justin
Acquired Stardust
sheepfilms
occasionally subtle

Kaledo Art

@theartofmadeline
Monterey Bay Aquarium
Show & Tell

Love Begins
Cosmic Funnies

tannertan36
he wasn't even looking at me and he found me
Peter Solarz

Kiana Khansmith
todays bird

shark vs the universe
Sade Olutola
RMH

ellievsbear

seen from France

seen from Germany
seen from United Kingdom

seen from United Arab Emirates

seen from United States
seen from Japan

seen from United States

seen from Norway
seen from Serbia

seen from Malaysia
seen from South Africa
seen from United States

seen from Singapore

seen from United States
seen from Canada

seen from United Kingdom

seen from United Arab Emirates

seen from Malaysia

seen from Germany

seen from United States
@cathamerino
Bienvenido, Salvador Valentino Ibaceta Justiniano.
Mi pelotita de algodon 🦔🤍

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Y siempre que me dice:
Yo te escucho.
Yo pienso…
SAAALE CULIAO, QUE VAY’ANDAR ESCUCHANDO WEAS.
La Y que me hizo imaginar.
Lo vi… y algo en mí se desordenó completo.
No era solo él.
Era todo lo que creí que podía pasar.
Por un segundo quise correr y besarlo,
como si ya fuera mío,
como si todo lo que dijo antes hubiera sido real.
Pero no.
Ahí estaba él… distante, normal, ocupado.
Y yo, tragándome las ganas,
preguntándome en qué momento confundí palabras con intención.
Porque sí… me dijo que me extrañaba.
Que quería verme.
Que quería besarme.
Y yo… lo sentí de verdad.
¿Tan fácil es hacerle creer a alguien algo así?
¿Tan fácil fue conmigo?
Me da rabia… pero más me da pena.
Porque mientras él jugaba con la idea,
yo ya estaba sintiendo.
Yo no lo veía como un rato.
Lo veía como una posibilidad.
Y eso es lo que más duele:
darle valor a alguien que nunca estuvo a tu altura emocional.
Porque me encanta, sí.
Me encantan sus ojos, su piel, su boca…
pero no alcanza.
No alcanza cuando no hay intención.
Cuando no hay claridad.
Cuando no hay ganas reales de estar.
Y yo ya no soy esa mujer que se queda esperando a ver qué pasa.
Ya no.
Ya pasé por demasiado como para aceptar migajas disfrazadas de “quizás”.
Hoy quiero que me elijan.
Sin dudas.
Sin excusas.
Sin juegos.
Porque aunque me duela admitirlo…
yo sí fui real.
Y tal vez cuando se dé cuenta,
cuando entienda lo que tuvo al frente y no supo sostener…
ya no voy a estar.
Y ahí sí,
la va a haber embarrado.
Maternidad neurodivergente
Dicen que hay personas “difíciles de amar”.
Y durante mucho tiempo, pensé que yo era una de ellas.
Crecí siendo una hija neurodivergente sin contención,
aprendiendo sola a entender un mundo que muchas veces no me entendía a mí.
Hasta que un día sentí lo que era que alguien se quedara…
y también lo que era que se fuera, como todos.
Y ahí volví a pensar lo mismo:
quizás soy demasiado,
demasiado intensa,
demasiado difícil,
demasiado todo.
Pero hoy soy mamá.
Y cuando mi bebé de cuatro meses llora,
lo abrazo fuerte.
A veces me desespero,
a veces siento que su llanto incomoda a otros,
a veces solo quiero que pare…
pero no porque me moleste,
sino porque no quiero que sienta ni un segundo
lo que yo sentí.
Quiero que sienta amor.
Aunque yo todavía esté aprendiendo lo que eso significa.
Y en medio de todo eso entendí algo:
quizás nunca fui difícil de amar…
quizás solo fui una niña que necesitaba más amor del que recibió.
Y hoy, con mis brazos,
estoy intentando cambiar esa historia.
Esto se transformó en un constante “yo pensé” .

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Dudas.
Hay una parte de mí que ya lo sabe, aunque me cueste admitirlo.
No es falta de amor… es falta de claridad. Y la claridad también es una forma de amor.
Me descubro esperándolo en silencios que no dicen nada,
en gestos que nunca terminan de llegar,
en palabras que imagino, pero que él no pronuncia.
Y entonces me pregunto si soy yo,
si estoy pidiendo demasiado,
si amar así —con ganas, con intención, con verdad—
es algo que simplemente aún no me toca.
Pero en el fondo… no se siente así.
Se siente más bien como estar sosteniendo algo sola,
como intentar leer un lenguaje que nunca fue escrito para mí.
Porque cuando alguien quiere, se nota.
No perfecto, no ideal… pero se siente.
Hay presencia, hay intención, hay un “aquí estoy” que no necesita traducción.
Y lo que hay aquí, en cambio,
es un vaivén que me desordena,
una cercanía que no se queda,
una duda que se repite demasiado.
Tal vez no es que yo no esté lista para amar.
Tal vez es que estoy lista para algo que él no sabe —o no quiere— ofrecer.
Y duele… porque yo no quería un momento,
no quería un juego,
no quería ser un gusto pasajero en la historia de alguien más.
Yo quería quedarme.
Quería construir.
Quería ese tipo de amor que no se esconde ni se duda.
Quizás la respuesta nunca llegue en palabras.
Quizás ya está aquí, en todo lo que no hace, en todo lo que no dice.
Y aunque una parte de mí quisiera seguir esperando,
hay otra —más silenciosa, pero más sabia—
que empieza a soltar.
No porque no sienta,
sino porque empiezo a entender
que también merezco ser elegida sin confusión.
Y tal vez…
ese sea el verdadero comienzo.
Tengo miedo que sea solo carnal y eso conmigo no va.
Oficializamos los cuatro meses.
Qué intenso ha sido todo. Siento que el tiempo no avanza en línea recta, sino en oleadas: cada mes, cada semana, incluso cada día, trae algo nuevo que me remueve, me enseña y me cambia.
Mi hijo crece. Está más despierto, más presente, más él. Y yo lo miro entre dos emociones que conviven: la nostalgia por ese recién nacido que ya no está, y la admiración profunda por quien se está convirtiendo. A veces también aparece la incertidumbre, esa sombra silenciosa que se instala cuando no hay respuestas claras sobre su salud. Y en medio de todo, sigo, esperando claridad, aferrándome a la calma cuando logro encontrarla.
Yo también he cambiado. He caminado por lugares oscuros, de esos que cansan el alma, y por otros llenos de luz donde todo parece tener sentido. Hoy me siento más viva. Más consciente. Cerré una etapa emocional que, aunque dolió, era necesaria. Lo sé porque mi corazón, de a poco, se siente más liviano.
Tengo ganas de crecer, de construir algo propio, de avanzar en lo profesional. Hay impulso, hay intención. En lo emocional, en cambio, avanzo distinto: con más cuidado, con más criterio. No estoy cerrada, pero ya no me conformo con lo incompleto.
El cuerpo también habla. Estoy cansada. Hay dolores nuevos, un desgaste que no puedo ignorar. No sé si es la maternidad, la historia que cargo, o ambas entrelazadas. Probablemente ambas.
Tengo muchas dudas y pocas certezas. Pero esas pocas… son firmes. Y hoy elijo sostenerme en ellas.
Cuatro meses después, no soy la misma.
Y aunque a veces no sé exactamente hacia dónde voy, sí sé que estoy avanzando.
ABRIR Y FLUIR
Llegó marzo, y Salvador ya va camino a sus 4 meses… 🌿
Y con este mes, también llegaron nuevas sensaciones.
Hoy me siento lista para salir al mundo. Siento que todo lo que viví estos últimos días vino a recordarme mi valor, como persona y como mamá. Porque sí, me ha costado… pero lo estoy haciendo bien. Y hoy, desde la calma, lo puedo reconocer.
Estoy tranquila. Me siento mucho mejor.
Me estoy reencontrando con algo que había olvidado: mi libertad.
Y me estoy enamorando de ella.
Hace mucho tiempo no dormía así… hoy descansé, y mi hijo estuvo conmigo en cada momento, acompañándome, creciendo. Está tan grande… y es, sin duda, lo más hermoso que le ha pasado a mi corazón.
Con todo esto, también renacen en mí las ganas de volver a independizarme, de abrirme al mundo, de conocer personas. Porque ahora tengo claridad: sé lo que quiero, sé lo que necesito, sé dónde estoy… y hacia dónde voy.
Me lleno de amor.
Me lleno de orgullo.
Me abrazo en todo lo que soy hoy.
Y también me abro al aprendizaje, incluso en lo que todavía incomoda… porque ahí también hay crecimiento.
Hoy, desde la paz, puedo decirlo:
Al fin, cierro un ciclo. ✨
Floreceremos
En algún momento, sin hacer ruido, la vida empezó a cambiar.
Hoy desperté distinta. No fue algo evidente, no hubo fuegos artificiales ni anuncios, pero sí una calma nueva, una energía suave que me recorrió el cuerpo como si por fin pudiera respirar profundo. Como si algo dentro de mí, que llevaba mucho tiempo en tensión, por fin se soltara.
Mi hijo está bien. Está mejor. Avanza, sonríe, florece frente a mis ojos… y en su risa hay algo que me devuelve la vida entera. No sabía cuánto necesitaba verlo así hasta que lo vi.
Y yo… yo también estoy sanando.
Hace unos días sacaron de mi cuerpo algo que no debía estar ahí. Y hoy lo siento: no solo fue físico. Es como si junto con eso se hubiera ido un peso invisible, una sombra que ya no me pertenece.
¿Cómo no va a ser un gran día?
Siento que vienen cosas importantes. No desde la ansiedad, sino desde una certeza tranquila, de esas que no necesitan explicación. Como si la vida, de a poco, comenzara a abrirse… como un botón de flor que por fin se atreve.
Aún hay cosas por ordenarse, sí. Pero ya no duele igual. Ya no pesa igual.
Porque ahora lo veo: hay caminos que se están abriendo, hay frutos que empiezan a formarse, hay luz entrando por lugares donde antes solo había espera.
Y yo ya no estoy resistiendo.
Ahora estoy aquí… aprendiendo a recibir.
Han sido días difíciles.
No sé cómo empezar, porque cuando el cansancio es tan grande, las palabras también pesan.
El sol cae implacable sobre mi ciudad, como si no supiera que ya estoy ardiendo por dentro. Los trámites me han consumido más de lo que imaginé; he tenido que aprender idiomas que nunca quise hablar: el de las oficinas, el de los formularios, el de defenderme sin temblar. He tenido que sacar fuerzas de un lugar que creí vacío.
He ido a lugares donde jamás pensé estar.
He puesto la voz firme en salas donde por dentro solo quería llorar.
He sostenido papeles con manos que preferían sostener descanso.
Gracias a Dios, mi hijo está bien.
Y cada día lo amo más. Lo miro y me cuesta creer que algo tan perfecto haya salido de mí. Es pequeño, pero es mi gigante. Es mi ancla cuando todo se mueve. Es la razón por la que, incluso rota, sigo de pie.
A veces quisiera que durmiera un día entero. No por huir de él, sino para poder caer yo. Para dormir sin sueños pesados. Para descansar de esta pena que cargo como una mochila invisible.
Enfrentarse a la realidad es un golpe seco.
Volver a empezar es aceptar que la historia no fue como la imaginé.
Y eso duele.
Duele el orgullo herido.
Duele la decepción.
Duele la rabia que no siempre tiene dónde ir.
Pero no me detendré.
Mi bebé ya va a cumplir tres meses. Tres meses de noches cortadas, de lágrimas silenciosas, de aprendizajes forzados. Tres meses siendo más fuerte de lo que creí posible.
Está lo más hermoso.
Y yo, aunque cansada, sigo aquí

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Decreto alguien me abrace por las noches y me diga que todo estará bien, que me ama y que es feliz a mi lado.
Dos meses y una sombra.
Han pasado varios días y mi bebé ya tiene dos meses.
El tiempo avanza con una velocidad que asombra.
Su carita ha cambiado, sus gestos también.
Donde antes había espera, hoy hay sonrisas.
Sonríe todos los días, y con cada sonrisa parece decirme que está aquí, presente, despierto, creciendo.
Cada día lo siento más ágil, más atento al mundo, y yo lo voy descubriendo a su lado.
Hemos crecido juntos.
Ya dejó atrás los pañales de recién nacido; hoy inauguramos la talla P, un pequeño gran hito que me recuerda que nada se queda quieto.
Su piel sigue siendo delicada, una sensibilidad que aprendemos a cuidar con paciencia.
Aún no damos el salto a la ropa 0–3 meses; seguimos habitando el tiempo de recién nacido, como si ninguno de los dos tuviera prisa.
Los profesionales dicen que crece lento, pero seguro.
Y esa frase se me queda grabada: lento, pero seguro.
Cada día lo amo más.
Cada instante lo adoro.
A veces me canso, claro que sí.
Sus brazos pesan, los míos se agotan… pero no hay lugar donde prefiera estar que teniéndolo cerca.
Sus ojitos son lo más hermoso que he visto, y espero seguir viéndolos crecer, abrirse al mundo, reconocerme.
¿Y yo?
Yo estoy sumergida en la maternidad, profundamente.
Pero mi ser de mujer se siente, a ratos, confundido y desorientado.
Hay preguntas que aún no tienen respuesta, y estoy aprendiendo que no todas la necesitan.
He avanzado más de lo que a veces logro ver, pero una parte de mí sigue mirando hacia el pasado.
Ya no tan seguido…
pero últimamente, ha vuelto a hacerse presente.
Lo miro y lloro, es mi creación mas hermosa 🤍
No me quiero tropezar, ya no me quiero quebrar
Pero dices que no hay tiempo y tienes cosas que pensar
Aunque duela el esperar y no pases por acá
Voy a estar aquí pensando en que al final cada segundo disfruté.
Desde ahora en adelante fingiré que se murió.
No porque haya dejado de respirar, sino porque dejó de existir en el único lugar donde importaba: en mi vida.
Es brutal maternar con el corazón partido en mil pedazos. Hacerlo mientras llegan flashes —como relámpagos tardíos— de momentos en los que debí haberme ido, de palabras que pude decir y no dije, de límites que no supe poner. Es duro sostener una imagen firme ante una sociedad que mira con lástima, como si la compasión fuera una forma elegante de juzgar.
Sé que él nunca se acercará ni a mí ni a mi bebé. Y lo agradezco. Verlo me provoca repulsión y, al mismo tiempo, una pena seca. Me pregunto cuánta culpa carga para verse tan desaseado, tan apagado, como si una maldición se le hubiera adherido a la piel. Pero nadie vive en paz después de causar tanto daño. Nadie duerme limpio cuando deja ruinas a su paso.
Entonces me pregunto por mí.
¿Qué tan mal estaba para aceptar todo lo horrible que me ofreció?
La respuesta no es noble ni amable: estaba rota.
Y eso, hoy, me da asco.
Mi alma está fragmentada. Siempre lo ha estado. Pero desde entonces la fragmentación dejó de ser niebla y se volvió claridad. Cada pedazo comenzó a decirme una verdad distinta, y por primera vez las escuché.
A veces siento que lo odio. Pero es más preciso decir esto: para mí tuvo un accidente y falleció al comienzo de mi embarazo. Es más fácil decir eso que narrar lo innombrable. Es menos doloroso que explicar la violencia silenciosa, la humillación disfrazada de amor, el abandono mientras aún estaba presente.
Nombrarlo muerto es un acto de supervivencia.
No lo mata a él.
Me salva a mí.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
El amor tiene límites.
Cada vez que he abandonado una relación —dos románticas, tres amistades— no ha llegado primero la tristeza, sino el alivio.
Un alivio silencioso, casi culposo.
Como si el cuerpo entendiera antes que la mente que salir también es una forma de salvarse.
Siempre soy yo quien pone el límite.
La que se detiene y dice: hasta aquí llego.
No porque deje de amar, sino porque empiezo a hacerlo mejor.
A veces pienso que tengo demasiado amor propio como para quedarme en lugares que se sienten “bien” solo porque hay amor, cuando también hay heridas abiertas y límites cruzados. La vida no se trata únicamente de amar; se trata de qué elegimos permitirnos, de qué queremos que nos rodee cuando el ruido se apaga y quedamos a solas con nosotros mismos.
Cuando alguien no cumple con los requisitos que tenemos para nuestra vida —no los impuestos por el ego, sino los que nacen del respeto—, por doloroso que sea, hay que irse. No como castigo, no como huida, sino como acto de coherencia.
He tenido que guardar mis sentimientos en una mochila invisible y caminar de nuevo hacia un rumbo lejano. He llorado en silencio y he gritado cuando nadie escuchaba. Muchas veces mi corazón ha querido volver a esos lugares conocidos, a esas personas que alguna vez fueron hogar. Pero no me lo permito. Volver sería repetir el daño. Y esta vez me debo lealtad.
Con las amistades duele distinto. Porque se supone que son la familia que elegimos. Y aun así, también ahí aprendí que el amor sin cuidado no alcanza, que la cercanía sin respeto cansa, que quedarse por costumbre también es una forma de abandono, pero hacia uno mismo.
Yo sé a quién quiero a mi lado como pareja.
Yo sé qué tipo de amigos quiero tener.
Quizás no sé exactamente quién soy todavía.
Quizás el camino se me vuelve borroso en muchos aspectos.
Pero hay algo que tengo claro: sé quién quiero que me acompañe mientras lo descubro.
Y deseo, de todo corazón, que cada uno de nosotros aprenda a elegirse. No desde la soberbia, sino desde la responsabilidad de cuidarse. Porque nadie va a amarnos con la misma constancia, con la misma fidelidad, con la misma paciencia, que nosotros mismos.
El amor tiene límites.
Y el primero de ellos empieza cuando decidimos ponernos a salvo.
Veinte veintiséis
Y así, sin pedir permiso, se nos fue el año.
Un año intenso. Desbordado de emociones.
Un año que no pasó por encima mío: me atravesó.
Hoy comienzo este nuevo ciclo agradecida.
Agradecida de que la vida me haya dado un hijo.
Agradecida de quienes me sostuvieron cuando yo no podía ni sostenerme a mí misma.
De quienes confiaron en mí, no solo como profesional, sino como mujer, como ser humano, incluso cuando yo dudaba.
Miro a mi bebé y lo veo grande.
Demasiado grande para el tiempo que siento que ha pasado.
Lo miro y algo en mí se rompe y se ordena al mismo tiempo.
Luego me miro a mí…
y quisiera llorar.
Porque no puedo creer que haya sobrevivido a tanto.
No puedo creer todo lo que me ha tocado cargar en estos 30 años.
Treinta años suenan como una vida entera.
Y, de alguna forma, lo han sido.
Deseo muchas cosas para este año.
Deseos grandes, sin culpa.
Deseo un hogar propio, un lugar que huela a refugio.
Deseo un auto, moverme con libertad.
Deseo oficializarme como empresa, validarme, reconocerme capaz.
Deseo pagar mis deudas, porque no es solo dinero: es descanso, es alivio, es dignidad.
Deseo salud.
Para mí.
Para mi hijo.
Para mi gatita Aurora, que también ha sido compañía silenciosa en noches largas.
Deseo dejar de llorar por el pasado.
No borrarlo, no negarlo, pero sí soltar el peso constante.
Deseo volver a comenzar.
Más fuerte.
Más estable.
Más consciente.
Deseo cuidar los vínculos hermosos que he cultivado, esos que me demostraron que no todo se rompe, que no todo abandona. Y me siento profundamente agradecida por ellos.
Deseo volver a comenzar…
más linda, no por fuera, sino por dentro.
Más agradecida.
Más fiel a mí.
Deseo publicar uno de mis libros.
Dejar una huella.
Que mis palabras encuentren otros corazones como alguna vez salvaron el mío.
Hoy cargo tristeza acumulada.
Hoy siento que, pese a todo, es un día más.
No puedo ni quiero ser ciega al pasado.
También me hubiera gustado un abrazo de alguien especial, uno de esos que sostienen el alma.
Pero hoy no está.
Y aun así, hoy elijo algo distinto:
Paz.
Tranquilidad.
Estabilidad.
Si estás leyendo esto, gracias.
Gracias por quedarte.
Gracias por leerme cuando escribo desde lo más crudo de mí.
Gracias por encontrar algo tuyo en mis palabras.
Este libro, estas páginas, esta voz… también son para ti.