¡Dioses! si, parece que lo veo, tan claro como ayer, como aquel día en que ella corría por aquella casa donde nos encontrábamos... Así nada más con su aire de “no me atrapas”, corriendo por el pasillo hasta la habitación, subiendo a la cama y brincando como una pequeña traviesa... Su piel casi desnuda, solo esas pequeñas bragas, esas pantis que cubrían parte mínima de su cuerpo, “no, mis lolas no” y las cubría con sus brazos para impedir que las devorace con mi mirada y ella, ella solo sonreía...
Aquel pequeño ombligo, ese que me encantaba acariciar, es tan hermoso que me deleitaba en el dejando con mis labios, pequeños besos, como si con ellos marcase mi territorio, marcando aquello que era mío... Ella, Trida... si, Trida, siempre ella, delgada con su cabello dorado, ojos hermosos, de un color único y que combina con su pelo que caía por sus hombros y parte de su espalda; de apenas 1.50 metros de altura, se ponía de puntas para poder siquiera abrazarme, para poder dejarme un beso en mi boca,
¿Cómo, un Dominante hablando de esa manera? Si,ella era una pequeña flor, delicada y que me hacía la vida única, si ella era mi sumisa, era mi propiedad y yo, tan tajante como puedo ser, estricto y exigente, un mucho demandante, podía permitir que aquella fierecilla traviesa, hiciera de las suyas... Vaya sonrisa la suya.
Pero no se equivoquen, el hecho de permitir que hiciera esas escenas, era solo un capricho mío, pues cuando apenas, detonaba en mi boca aquella palabra -“¡atención!”- como si fuese un militar, ella de inmediato de rodillas quedaba, con sus brazos extendidos hacia el suelo, pero lo suficientemente alejados de su cuerpo, sus dedos apenas tocaban el suelo, su cabeza se inclinaba un poco y sus ojos se cerraban, su respiración calmaba y atenta esperaba a cualquier orden, cualquier comentario, cualquier tarea, esa posición despertaba su sentidos y su concentración en lo que yo dijera, era solida, no preguntaba, solo decía -como usted ordene Amo-.
-Usted tiene demasiadas esperanzas en mi- esas eran siempre sus palabras, era claro que ella no percibía lo que yo veía en ella, que era mucho más de lo que creía, que era mucho más de lo que ella misma imaginaba y que podría hacer cualquier cosa que yo le ordenara... y debo decir que, así sucede con muchas sumisas, no ven, no creen que puedan, sin embargo, cuando se les motiva, se les insentiva de una forma adecuada, se sorprenden al ver todo lo que logran, todo lo que pueden hacer, y su sorpresa es mayúscula; eso lo sé por experiencia y porque me permito ver y conocer a quien será mi propiedad, el conocimiento de su persona, de su piel, de sus gestos, de su umbral de dolor, de sus gustos, de lo que no le gusta, de cualquier detalle, puede darme mucha información de ese potencial y capacidad que lleva escondido.
Trida era... es una joven hermosa, con una vitalidad única, ella es una gatita y como todas las gatitas, suele ser independiente, curiosa, traviesa y en algunos momentos enojona y tranquila... pero como Dueño y Amo de una gatita, puedo decir que, ellas, requieren de mayor cariño, requieren mimos, sin embargo, también requieren de mayor estructura, de mayor mano dura (no, no me refiero a castigos, sino a exigir y ser estrictos, con un refuerzo en su ego y que este sea positivo). Creo que cualquiera que tenga un pet lo sabe. Ella avanza sensual en cuatro, sobre la cama, se contonea y me mira como una gatita presta para cazar, pero como todas las gatitas, no le gusta estar sucia, es muy limpia, imaginen, no quería estar en cuatro en el suelo -me voy a ensuciar, Amo- ella sabía que no me interesaba, se hace lo que yo diga, lo que yo ordenen, no lo que ella desea.
-Meow- respondía cuando le llamaba, su tonalidad era diferente, pero le entendía, era llamadas de palabras y maullidos, eran llamadas de jadeos y gemidos o de simple silencio, ese que no incomoda, pues sabes que quien está del otro lado del teléfono goza con saber que uno está ahí, cerca de ella, escuchando su respiración, cuidando, prodigando cariño y dominio... dando paz a su cuerpo o lujuria al mismo tiempo, que más da.
Trida, la gatita traviesa... de piel hermosa y una sonrisa sin igual, habita en mi vida, en mis recuerdos en mis días, en mis noches y en cada momento donde requiero de una sonrisa.
Y aún parece que le veo corriendo por esa casa, con solo sus pantis, sus bragas; resbalando mientras corre y haciendo movimientos inesperados para equilibrar su cuerpo y no caer al suelo, sabiendo que su objetivo es llegar a aquella cama, subir y brincar, esperando a que su Amo, le quiera atrapar... o dejándose caer al suelo de rodillas, cuando la orden de su Dueño le llama.
Solo divagaciones... ¿o no?