Coronavirus: ¿El principio del fin del Capitalismo?
Me gusta el nombre GAIA para llamar al planeta Tierra porque me hace sentir de manera más consciente que nuestro planeta es un organismo vivo y que más que “nuestro” somos parte de él. Gaia es un organismo vivo y yo soy una célula de Gaia. Me interesa arrancar el texto teniendo en cuenta esto, porque formo parte de un “Todo” más grande que yo, que me contiene y a su vez me trasciende.
No puedo escribir desde otra perspectiva que la mía y desde mi experiencia personal. Estos son los lentes que me tocaron en esta vida, los de Candela. Esta no es más que mi verdad, una que en conjunto con las muchas otras construye lo que conocemos como realidad. Desde aquí escribo. Desde mí. Escribo por necesidad, por impulso, y porque la cuarentena me terminó de empujar a concretar mi deseo de abrir un blog y empezar a compartir lo que escribo. Hace rato que escribo. Si hay algo que no quiero de este texto es que sea uno de instrucciones acerca de cómo hay que tomarse lo que nos está ocurriendo. Quiero en este texto expresar mi opinión y contar parte de mi historia. Es por esto que aclaro que podría tranquilamente catalogarse como una “nota de opinión”. Hace bastante tiempo (a mis 16 años aproximadamente) y mucho más intensamente desde comienzos del 2018, me propuse voluntariamente habitar el no-hacer. Este “no-hacer” tuvo que ver con empezar a habilitarme espacios y tiempos que no sean “productivos” en lo que la “productividad” representa para nuestra sociedad. Habitar el silencio, la quietud del cuerpo físico y registrar qué aparecía. Durante este proceso solté trabajos, vínculos, literalmente pase un tiempo largo sin ver a nadie y habité muchísimo mi casa (detalle no menor en lo que respecta a mi experiencia y difiere seguramente de la de otres: yo tengo una casa donde poder desarmarme). Sin extenderme demasiado en este punto, del que gustaría conversar horas, quiero decir que no es cosa tan sencilla habitar-se, estar con une misme, y encontrarse con lo que haya que encontrarse, más los beneficios son innumerables. Creí que lo hacía a menudo (eso de “encontrarme conmigo”) y cuando empecé a hacerlo realmente me di cuenta de que no lo hacía casi nunca, es más, tal vez nunca antes lo había hecho a conciencia. Pareciera estar instalado el supuesto de que “sabemos estar en silencio con nosotres mismes”. Así también pareciera estar instalado en toda la comunidad el supuesto de que cuando vamos a un lugar “estamos ahí presentes”, cuando en verdad, hace tiempo que noto que no son tantos los momentos en que se pueden encontrar personas compartiendo su presencia completa, es decir, estando realmente presentes en un mismo lugar. Llevar el cuerpo físico a un lugar no siempre es estar presente, aunque eso nos hayan enseñado.
Entiendo que a medida que fui desarrollando mi percepción sensorial ampliada puedo ver cuando las personas tienen todos sus cuerpos ahí (los sutiles -emocional, mental, etc-) ademas del físico (material) y cuando no. Basta con que esté tu cuerpo físico en un lugar, más, tus pensamientos estén en otro lugar, más tu emocionalidad este tomada por algo que “podría llegar a suceder en el futuro y/o que sucedió en el pasado” para que tu presencia esté algo distorsionada. Pero no voy a extenderme demasiado en esto ahora, aunque es muy interesante. Más interesante aún sería compartir cada vez más el conocimiento de que no somos “solo un cuerpo físico”. Yendo particularmente a lo que me hizo sentarme a escribir esto, además de las ganas de abrir un blog que tenía hace rato donde compartir textos que canalizo, reflexiones, ficciones, etc; está el hecho del virus que en boca de todes, sabemos, nos trae a esta “Cuarentena”. Pocas cosas me han enseñado más en mi vida que los síntomas de enfermedad que tuve. Cabe aclarar que voy a utilizar la palabra “síntoma”, ya que así como no hay “saludes” no hay “enfermedades”. Hay salud y enfermedad que son dos caras de la misma moneda y luego hay síntomas de estos. Los síntomas hablan por sí sólos porque son comunicadores simbólicos de un mensaje (ya sea colectivo o individual -que también son dos caras de una misma moneda-). En mi vida personal estos síntomas de enfermedad han sido los maestros más movilizantes, claros y precisos. Desde chica manifesté a través de síntomas físicos lo que pasaba en mi campo emocional. De adolescente manifesté muchísimos más y de casi adulta (21 años) manifesté el síntoma físico más fuerte en mi experiencia de vida, que me llevó a una sabiduría y aprendizaje trascendental. Culturalmente (hablo desde mi localización cultural: vivo en Capital Federal, Buenos Aires, Argentina) no se nos enseña prácticamente nada acerca de la unidad salud&enfermedad, o más bien, se nos enseña que la enfermedad es mala y la salud es buena. Y esto se desglosa, esparce y repite en muchos de los otros conceptos fundacionales de nuestra vida: emociones “malas” y “buenas”, personas “malas” y “buenas”, los cuentos y ficciones que consumimos en general refuerzan estas ideas en “villanes y bondadoses”. Es curioso ver como le decimos “centros de salud” a los centros que en verdad se ocupan de la enfermedad (tarea muy necesaria), más, no tenemos en verdad “centros de salud” (centros donde la tarea principal sea el desarrollo de actividades que promueven el estado saludable del cuerpo, por ejemplo a través de gimnasias, masajes, sahumos, meditaciones, rondas grupales de cantos y bailes, abrazos, etc). ---------------------------------------------------------------------------------------- Aprovecho aquí para recomendar uno de los tantos libros con los que me nutrí en salud holística, se llama “La enfermedad como camino” y es de Thorwald Dethlefsen. -----------------------------------------------------------------------------------------
Un gran porcentaje de la población paga medicina pre-paga “por si un día se enferma”, más no invertiría esa misma cantidad de dinero en actividades que le traigan satisfacción y salud hoy. Hice el ejercicio personal hace un tiempo de preguntarme si invertiría seis mil pesos todos los meses en actividades que promuevan mi estado de salud y bienestar cotidiano. Ahí empece a revisar que a veces mi creencia de “no tengo/no puedo” era en verdad “no es mi prioridad”. Cuando hice la afirmación “No es mi prioridad ocuparme de mantener un estado de salud y bienestar” empecé a revisar cuáles eran mis prioridades.
No está mal tener una actitud preventiva de “lo que pueda llegar a pasarle a mi salud” (que no está pasando ahora), más, esto nos muestra el desbalance de atención y la confusión que hay entre los conceptos de salud y enfermedad. Mi recorrido de vida me llevó a querer estudiar más por mi cuenta acerca de la salud&enfermedad y también a habitar literalmente espacios por fuera de la palabra y la “productividad” para encontrarme con la energía y los campos sutiles. Practico meditación y a través de ésta pude habitar espacio-tiempo “anterior” a la materia, desarrollé bastante conciencia energética, percepción sensorial, abro registros akashicos, estoy investigando ahora sobre Anatomía Energética, etc. Hay muchos de estos temas que podría desarrollar mucho más a fondo, pero intento focalizarme en un asunto puntual: el famoso Coronavirus. Algo que aprendí acerca de los síntomas es que puedo hacerles preguntas para descubrir qué vienen a decirme y qué puedo aprender de ese mensaje. Esto mismo se aplica a un síntoma colectivo, por supuesto. Otra cosa que aprendí y me parece muy importante es ésta: un síntoma de enfermedad nos pone en el lugar en el que necesitamos profundamente estar para evolucionar. Sobradas cuentas de esto, incluso científicas, en la historia de la evolución. Entonces me pregunto: ¿A dónde nos puso el Coronavirus? Adentro. Tenemos que estar adentro. Tenemos que habitar el no-hacer. De repente tenemos que estar con-nosotres-mismes. Trabajar menos, casi nada o desde casa. Consumir menos. Socializar menos. En tiempos en que el Capitalismo está dando muestras contundentes de que no funciona ya como sistema, en tiempos de sobre explotación de recursos naturales y contaminación de los mismos, en tiempos donde el mayor porcentaje de la población vive para trabajar en situaciones de dependencia y poco tiempo habitan el descanso, el ocio, el “disfrute porque sí”, el Coronavirus está viniendo a cumplir los deseos más inconscientes colectivos: “cómo me gustaría quedarme en casa y no tener que ir a este trabajo que aborrezco”, “estoy tan cansade que me quedaría en casa dos semanas pero no puedo”. El síntoma siempre viene a ponerte donde verdaderamente anhelas estar, donde lo más profundo de tu ser quiere y necesita estar, pero no lo haces decididamente porque hay una parte de tu mente que rechaza esa opción por ser “mala”. “Si no soy productivo/a, soy un vago/a”. “Si no hago esto ¿qué voy a hacer de mi vida? -pero ya no quiero hacerlo más- pero no me atrevo a parar de hacerlo”. Todos estos miedos y barreras personales son completamente comprensibles dado el sistema que sostenemos entre todes con nuestras creencias. Ese “sistema que nos oprime” que siempre lo señalamos afuera y nos ponemos en un lugar ficticio en el cual “no formamos parte de él ni contribuimos a que exista”. Nos colocamos en el lugar de “víctimas” de un sistema que nos oprime, más, ese lugar pareciera eludirnos de la responsabilidad de ese poder que tanto anhelamos tener. “Power to the people” decimos, y sabemos que “un poder conlleva una gran responsabilidad” más, pareciera que no queremos hacer el proceso de responsabilizarnos. Si hay algo que una víctima no es, es responsable de lo que sucede o sucedió. Tal vez es tiempo de ver si ese rol nos sigue pareciendo correcto o por lo menos, útil. En este sentido un síntoma siempre viene a mostrarnos y ayudarnos a integrar algo que ya está en nuestra conciencia y nos resistimos integrar. Algo que “ya sabemos” y le damos la espalda (la mayoría de las veces sin darnos cuenta) porque nos da miedo hacernos cargo de las acciones que tenemos que tomar. Tal vez el miedo es a soltar lo que hay que soltar, porque aún no vemos cuál sería el modo en que las cosas puedan ser distintas. Es el famoso miedo a lo desconocido. Y aquí aparece la frase popular “no se puede agarrar lo nuevo si no se suelta lo viejo” “Me quiero bajar del tren pero no puedo” pareciera rezar el inconsciente colectivo desde hace rato. ¿Será que este tren del que nos queremos bajar es, por ejemplo, el capitalismo?. Yo creo que si. Y creo que un porcentaje enorme de personas se quiere bajar. Bajarse en movimiento es bastante más drástico, tal vez haya que ir bajando la velocidad del tren de a poco. A esto viene el virus. A desacelerar. Este tren del que nos queremos bajar es también el apego. Este tren es también la contaminación ambiental. Este tren es, en resumidas cuentas, el Patriarcado (que es lo mismo que el capitalismo, solo que el capitalismo es su forma de expresión económica concreta y material, el “patriarcado” no se puede “ver” ni “tocar”, yace en el campo sutil, justamente lo sostenemos en el plano mental y lo manifestamos en el material). No es casual que la energía que más esta pujando por ser integrada en la conciencia es la YIN en todas sus formas (polo negativo de electricidad (el que esta hacia adentro) energía femenina, inconsciente, intuición, madre tierra, etc)
¿Cómo desaceleramos ese tren? Ya esta sucediendo. Traje mi experiencia personal al principio del texto, porque algunas de las fichas que me cayeron en el proceso de habitar el no-hacer fueron las siguientes: me di cuenta que comía más de lo que necesitaba, que compraba más de lo que necesitaba, que tenía más ropa de la que necesitaba, más muebles, más abrigo, y un largo etc. Necesitaba más vaciarme que seguir llenandome. Habitar ese “vacío” al que tanto miedo le tenía. Del que tanto me escapaba consumiendo, vinculándome desde el apego y la demanda, etc. Pude circular muebles a una familia que si los necesitaba, abrigo también. Empecé a vivir más tranquila, y muchas otras cosas que sería largo contar o desarrollar. Me pregunto a cuántas personas de mi clase social les pasaría lo mismo que a mi si frenaran un momento y se preguntaran ¿cuánto realmente necesito?... Me di cuenta también que el hecho de que yo consuma más de lo que necesito, repercutía naturalmente en trabajar más de lo que necesito, y que otres trabajen más (sobre todo de cosas que no nos gustan). También en que se deseche más, se contamine más, etc. Escucho a muchas personas día a día manifestar “cuán cansadas se sienten”.¿No será que habitamos demasiado el “hacer”, al punto ya de que es más una huida de nosotres mismes más que una “creación” real desde un lugar creativo y consciente (elección)? Desde mi punto de vista es evidente que hay algo de nuestro ser profundo, de nuestras almas, que quiere bajarse de este tren. Y hay algo del organismo GAIA que también necesita autorregularse y frenar esto que ya no es bueno para nadie. Y justamente aparece un virus (que también es naturaleza y es Gaia y es nosotres) que está viniendo a mostrarnos eso y ayudarnos susurrandonos al oído: “Se puede habitar el no-hacer y es tal vez el único modo de cambiar algo”. Dejar de hacer para escuchar. Dejar de hacer para sentir. Dejar de hacer para ver. Pareciera que necesitamos ver en nosotres mismes algo más profundo. Porque hay que parar, y eso es internacional. Vaciar. Parar, detenerse para evaluar cómo seguir andando. ¿Qué necesito? ¿Cuánto realmente necesito? ¿Qué es importante para mi? Este virus pareciera estar diciendo: “Vean como si pueden parar un poco”. Pareciera ser el primero de muchos movimientos de autorregulación de Gaia que comenzaran a desacelerar este tren. Esta bien la cuarentena y está bien cuidarnos y está bien generar defensas, de hecho, eso es exactamente lo que necesitamos aprender. El Coronavirus no es malo, así como la muerte no es mala. Nacemos sabiendo que vamos a morir y pareciera que no nos damos el lugar para meditar sobre la muerte. Para honrarla, para comprender su razón de ser. Que la muerte es fatal y malévola es una creencia fundacional de la que se desprenden muchos miedos y que tenemos la oportunidad ahora de ir desenmarañando. No digo que sea fácil, digo que es posible. Esta creencia se desprende de lo mismo que nombré antes, “la enfermedad es mala , la salud es buena” “el nacimiento es bueno y la muerte es mala”. Si nos alimentamos de estas creencias, ¿cómo no vamos a alarmarnos y entrar en pánico frente a esta situación? ¿Cómo no nos va a costar ver todo lo positivo del movimiento en que nos pone el virus para crecer? Más, tal vez si podemos habitar el silencio y la claridad de mente un momento, podamos acceder a otra manera de comprender el asunto. Una menos polar. Una que nos permita atravesar nuestros miedos y aprovecharlos para que nos ayuden a mirar más allá. El Coronavirus es, en el mejor de los casos, una experiencia que podemos capitalizar para nuestro crecimiento personal&colectivo, todos los crecimientos evolutivos se dan a raíz de una fuerza que los moviliza desde las células más pequeñas. Lo que sucede va a suceder igual porque nos trasciende, más, nuestro rol de co-creadores de realidad tiene que ver con las decisiones que tomemos frente a eso que pasa. Ahí es donde yace nuestra oportunidad permanentemente. De hecho, a veces no es tan terrible lo que pasa (el virus) sino lo que hacemos con él (el modo en que reaccionamos ante lo que pasa). Ese es nuestro libre albedrío en Gaia. Esa es nuestra responsabilidad y nuestro gran poder. Y aquí quiero volver al inicio del texto: soy una célula en Gaia. Soy parte de un organismo más inmenso que yo, que tiene un motivo de ser, una autorregulación de la que formo parte. Puedo entregarme a ese proceso, dejando de catalogar todo lo que sucede como bueno o malo, e intentando integrar y capitalizar la experiencia. Puedo intentar acceder a una visión de unidad de cabos, y no mirar un sólo cabo desatado que a simple vista pareciera no tener razón de ser. Hablamos mucho de “salvar a la naturaleza”, me pregunto: ¿el virus no es naturaleza? , acaso incluso la mismísima muerte: ¿no es natural?. En tiempos de sobre-esfuerzo, sobre-alimentación, sobre-producción se nos está llamando a parar de hacer y a mirar adentro, habitar el adentro. El mensaje es bastante claro. Creo que son tiempos en que la oportunidad es entender que podemos elegir, que somos libres de elegir y para eso hay que primero escucharnos a nosotres mismes. Porque ya estamos eligiendo, el tema es si de manera consciente o inconsciente. Cómo estamos. Qué sentimos. Qué no queremos sostener más y qué queremos construir. Cuánto de lo que criticamos afuera “El Sistema” lo sostenemos dentro de nuestra casa, nuestros vínculos incluso nuestros pensamientos, en cómo nos pensamos a nosotres mismes y cómo nos hablamos. Podemos elegir cómo vamos a tomarnos esto. Y entonces: podemos elegir también cómo queremos vivir. Podemos hacernos responsables de cómo queremos vivir. Es tiempo. Estamos listes. Estamos listes para dejar de señalar “solo afuera” y sentarnos en el adentro a hacernos responsables de lo que queremos cambiar, tal vez nos encontremos con que lo que podemos mover en este gran planeta es algo que tenemos muy cerca: nosostres mismes. Cumplir la función de dirigir esa célula que soy. Responsabilizandome y viendo mi esencia más pura expresada en mis actos. Entonces ya no actúo “porque sí” “porque total da lo mismo”. ¿Cómo va a dar lo mismo? Somos muy valioses, nuestra existencia es valiosa y nuestra presencia en este mundo no nos da igual, si no no estaríamos aquí. No casualmente el virus se llama Corona. La corona es, simbólicamente, el elemento que marca quien tiene el poder sobre las decisiones que repercuten en una mayoría amplia. ¿Y si lo que nos viene a enseñar el virus es que tal vez soy yo misma y las decisiones que tomo en mi vida personal las que repercuten en una mayoría amplia aunque no parezca? ¿Y si el virus me viene a proponer que me ponga mi corona? ¿Y si el virus me viene a proponer que me corra del lugar de “víctima” de un sistema al que señalo con el dedo como si estuviera “por fuera” para entender que estoy “dentro” del mismo y que también “lo sostengo y lo creo” con cada uno de mis pensamientos y acciones? ¿Y si esta es una gran oportunidad para que crezcamos a nivel individual&colectivo? Si hay algo que nos demostraron estos días, es que en menos de una semana podemos mover el mundo. Literalmente. Y que el mundo nos mueve a nosotres hasta en lo más privado. Un ejemplo de cómo ponemos “afuera” es escucharnos hablando de “la gente”; “la gente hace esto, la gente hace aquello”. Pareciera que nadie es la gente, porque cuando lo decimos, nos posicionamos por fuera. Entonces ¿Quién es la gente?. Bueno, lo mismo cuando hablamos de “el sistema”. “Nadie” es el sistema, más, todes lo somos. Vos y yo también. Han sido tiempos de mucho empoderamiento y sé que así seguirá siendo. Estamos asistiendo a la evolución. Tenemos mucha asistencia de otros planos y en este plano también. Tal vez sean tiempos altamente emancipadores donde empecemos a dimensionar en qué medida somos co-creadores de realidad. O como me gusta decir, tiempos para “recordar” qué es Gaia y por qué somos parte de ella en este tiempo. Tiempos de emanar lo que somos desde la verdad más pura de cada une, desde lo que hacemos en el día a día, desde lo que decidimos consumir&desechar. Creo en una hermosa humanidad. Creo en que tenemos mucho por preguntarnos acerca de qué es ser humanes. Y creo que tenemos la oportunidad día a día de elegir cómo queremos expresar la esencia de lo que somos. Estamos asistiendo a un movimiento que moverá las estructuras.Desde mi percepción, este será el primero de grandes movimientos universales a los que vamos a asistir. En la información que vengo canalizando desde planos superiores de conciencia se ve claramente que serán tiempos de mucho movimiento interno&externo. El después de esta pandemia nos encontrará evolucionades y habiendo aprendido muchas cosas nuevas de nosotres mismes. En mi caso la cuarentena me puso a escribir y a concretar el hecho de poder mostrarlo. Me puso a confiar en que si yo tengo un deseo y algo me hace feliz, ese es el mejor lugar desde el que me puedo compartir para mi y para todes.
Una clave muy hermosa que me bajo es esta:
“En la responsabilidad esta la libertad”
Les abrazo con amor, mucho, a todes quienes me esten leyendo y a quienes no también.
Gracias por su amor, porque cada vez me siento más conectada a todo lo que existe y sé que crecemos juntes, evolucionamos juntes y podemos contar con nosotres y percibir la hermosa red, que ya existe. La llave para verla es solo dar el salto de conciencia.
El desafío que nos trae el miedo es ese: atrevernos a ver qué hay detrás de la puerta aunque no sepamos con qué nos vamos a encontrar. Soltar esto que ya no queremos para que pueda aparecer lo nuevo. A veces no hace falta saber qué queremos, con saber lo que no, y soltarlo, lo demás aparece porque hay lugar. Al hacer lugar, podemos empezar juntes a crear esa realidad en la que queremos vivir. Gracias Gracias Gracias Porque este salto de conciencia ya está sucediendo, ya es.
















