Un proyecto filosófico ideal
"Una bailarina, si es grande, puede dar a la gente algo que llevarán con ellos para siempre. Nunca pueden olvidarlo, y los ha cambiado, aunque puede que muchos no lo sepan". Isadora Duncan
Durante el Seminario República de Platón, no pude evitar establecer relaciones entre las propuestas teóricas sobre la educación hechas por Platón en la obra anteriormente mencionada y las ideas de Isadora Duncan. Duncan fue una bailarina norteamericana que se caracterizó por revolucionar la danza y el cuerpo de su época, finales del siglo XIX y comienzos de XX; sin embargo, Duncan no solo bailó, también desarrolló propuestas filosóficas en torno a la educación del cuerpo y a la importancia de una renovación en educación de su tiempo, pues consideraba que en la infancia estaba la clave para cambiar el mundo.
Su contexto estuvo marcado por la Primera Guerra Mundial y por la lucha que crecía entre un comunismo naciente y un capitalismo recalcitrante que acentuaba tensiones políticas a lo largo y ancho del mundo. La Revolución Soviética fue vista por Isadora Duncan como una oportunidad para frenar el individualismo propio de su época, además como “un proceso histórico en el que lo político y lo estético aparecían íntimamente unidos” (Sánchez, 2008, pág. 41). Indudablemente, el proyecto de Duncan estaba relacionado con las propuestas hechas por Platón varios siglos antes, él quería una república en donde reinaran la justicia, el amor por la verdad y la sabiduría.
Así es, mi querido amigo —dije yo—. Si puedes encontrar para los que deben obtener el mando una condición que ellos prefieran al mando mismo, también podrás encontrar una república bien ordenada, porque en ella solo mandarán los que son verdaderamente ricos, no en oro, sino en sabiduría y en virtud, riquezas que constituyen la verdadera felicidad. Pero dondequiera que hombres pobres, hambrientos de bienes y que no tienen nada por sí mismos, aspiren al mando, creyendo encontrar en él la riqueza que buscan, allí no ocurrirá así. Cuando se disputa y se usurpa la autoridad, esta guerra doméstica e intestina arruinará al fin al Estado y a sus jefes [República, 521a] (Platón, 2007).
Me atrevo a decir que Platón fue un revolucionario. Su época estuvo marcada por una “decadencia”[1] y por la división y guerras entre las polis griegas, además de la caída de Atenas. Al mismo tiempo, a estos factores se sumaban los vicios en la clase política que generaban tensiones constantes en las ciudades. Su visión, que reclamaba la necesidad de un nuevo estado político, cuyos líderes fuesen los filósofos, puede resumir la preocupación de este grandioso pensador por temas vitales de su contexto, que no han perdido vigencia en el mundo moderno.
La mirada de Platón y sus propuestas son necesarias en nuestra existencia actual, pues ellas nos hacen reflexionar sobre los elementos necesarios para vivir en una mejor sociedad. Platón ya vislumbraba el futuro de Atenas y no mucho después Demóstenes hará un llamado a sus conciudadanos para evitar la corrupción, elemento que contribuía a la decadencia.
El pueblo ateniense no posee ya el sentido vivo de la polis, como lo tiene, profundamente, Demóstenes. No desea grandes cosas, ni siquiera ejercer sus propios derechos políticos, que parece haber vendido a cambio de pan y espectáculos. Se ofrece a nuevos patrones, políticos y oradores que lo adulan y le prometen tranquilidad y diversiones; a estos les entrega lo que sea con tal de que lo dejen en paz, y así se garantiza la seguridad en la esclavitud. No vale la pena inquietar a los conciudadanos y sacarlos de ese estado de desidia para que lo comparen con su propio glorioso pasado, cuando la polis bullía verdaderamente de vida cívica (Barigazzi, 1981, pág. 15).
Lo que sucede en el mundo actualmente y lo que sucedió en los siglos XIX y XX no está muy alejado de lo que sucedía a finales del siglo V y comienzos del IV en Grecia, pareciera que una constante en la humanidad es la corrupción. Por este motivo, cada vez son más necesarias nuevas visiones políticas y sociales; pero algo que muy pocos han tenido en cuenta es que también se requieren nuevas sensibilidades. Para lograr esto es indispensable la educación y tanto Platón como Isadora estaban de acuerdo con la necesidad de educar a los niños en la belleza, en la contemplación de cosas buenas, pues solo así puede haber un cambio sustancial en la sociedad.
Tampoco ignoras que todo depende del principio, sobre todo tratándose de los niños, porque en esta edad su alma, aún tierna, recibe fácilmente todas las impresiones que se quieran (…) Comencemos, pues, ante todo por vigilar a los forjadores de mitos. Escojamos los mitos convenientes y desechemos los demás. En seguida comprometeremos a las nodrizas y a las madres a que entretengan a sus niños con los mitos autorizados, y formen así sus almas con más cuidado aun que el que ponen para formar sus cuerpos [República, 377b-c] (Platón, 2007).
Por este motivo, el presente trabajo intentará establecer un cuadro comparativo entre el pensamiento de Platón con el proyecto educativo del cuerpo y la danza de Isadora Duncan, pues en los dos se observa la necesidad de construir una nueva sociedad basada en la justicia y la sabiduría. De igual manera, sabiendo que Platón considera 2 procesos educativos diferentes —uno para los Guardianes del Estado y otro para los Filósofos— se intentará visualizar cómo las propuestas pedagógicas de Isadora Duncan están relacionadas con la propuesta educativa que Platón propone tanto para los Guardianes del Estado como para los Filósofos.
1. Proyecto educativo de Isadora Duncan, relación con la educación a los Guardianes del Estado y a los Filósofos.
No son sólo los argumentos que Platón muestra en la República para sustentar la importancia de un cambio político en su contexto lo maravilloso de esta grandiosa obra, sino la importancia de construir una república íntima, en donde la disciplina, templanza y estudio constantes sean las máximas del filósofo. “Hemos convenido en que el verdadero filósofo debe recibir de la naturaleza la facilidad de aprender, la memoria, el valor y la grandeza del alma” [República, 494b] (Platón, 2007).
Al leer esta obra de Platón, pude visualizar la relación existente entre sus planteamientos filosóficos y las propuestas teóricas de Isadora Duncan, bailarina norteamericana que revolucionó el mundo de la danza a partir del estudio de pinturas, esculturas y obras literarias griegas. La formación del cuerpo para una mejor sociedad, la educación en la disciplina para la formación del carácter; pero, también, la educación en la música para alcanzar la armonía son elementos que están presentes en la filosofía promulgada por Duncan, de ahí que afirmara que la sociedad mejoraría solo cuando los niños de la misma fueran educados en la belleza. Pues sólo con la educación seríamos capaces de alcanzar un cambio social.
Hace muchos años me vino la idea de que sería posible formar a chicas jóvenes en una atmósfera de belleza tal que, colocando continuamente ante sus ojos la forma ideal, estas chicas desarrollarían sus propios cuerpos como personificaciones de esa forma; y así, mediante la continua emulación de esta forma y mediante la práctica permanente de movimientos hermosos, llegarían a ser perfectas en forma y en gesto (Duncan, 2008, pág. 114).
La danza, al igual que la filosofía, exige una preparación y un proceso de aprendizaje que no vienen por iluminación. El esfuerzo, disciplina y trabajo constantes son fundamentales en la práctica de este arte. Platón señala en la República la importancia de la constancia y del trabajo para salir del mundo de la ignorancia, del mundo que podríamos llamar fenoménico y acercarnos a la verdad. Tanto el Filósofo como el Guardián del Estado deben pasar por un proceso que los conducirá a alcanzar con éxito el conocimiento o el saber para cumplir satisfactoriamente con sus funciones en el Estado ideal.
Al igual que el Filósofo, el bailarín no aprende por iluminación la precisión musical en el movimiento, ni las posiciones que, por ejemplo, en el ballet, actúan como fórmulas matemáticas para componer coreografías. El bailarín también debe pasar por un proceso de aprendizaje y sensibilización, proceso que toma años y que exige disciplina y amor constantes. Y también, el bailarín, como el Guerrero del Estado, debe pasar por un proceso de aprendizaje que comprende la gimnasia y la música; pero un bailarín ideal sería aquel que, como el filósofo, complementara sus estudios con la aritmética, geometría, estereometría y astronomía.
Siguiendo lo anterior, para Platón es muy importante la educación de los Guardianes del Estado en la música y gimnasia pues estos dos elementos son fundamentales para la formación de un buen carácter. Sin embargo, es importante señalar que no se trata de la educación en la música de cualquier tipo, sino en aquella que es equilibrada y bella pues esta contribuye a la formación de un carácter sensato y bondadoso. Para Platón, estas características —llamadas por Duncan, la forma ideal— deben replicarse en todo arte.
No bastará, pues, que vigilemos a los poetas, obligándoles a que nos presenten en sus obras modelos de buen carácter o a no divulgarlas en absoluto. Será preciso que fijemos nuestras miradas sobre todos los demás artistas, para impedir que copien en pintura, en arquitectura o en cualquier otro género, la maldad, la intemperancia, la vileza o la fealdad. En cuanto a los que no pueden obrar de otra manera, debemos prohibirles que trabajen entre nosotros por temor de que los encargados de la guarda de nuestro Estado, educados en medio de estas imágenes viciosas, como en malos pastos, y alimentándose, por decirlo así, cada momento con la vista de tales objetos, no contraigan al fin algún mal vicio en el alma, sin apercibirse de ello [República, 401b-c] (Platón, 2007).
Isadora Duncan conocía la filosofía de Platón y reconocía la importancia de la misma en la vida de cualquier ser humano. De hecho, Duncan se inspiró en la cultura Griega, la bailarina fue una estudiosa de la filosofía, literatura y arte griegos, que le sirvieron de inspiración para muchas de sus coreografías. Duncan estudió con mucho cuidado las propuestas teóricas de Platón, Kant, Nietzsche, entre otros. “Platón en su República reconoció que la música es vida y belleza. El estudio de la música era una de las leyes de la República, y es esencial para el equilibrio y la salud de todo hombre” (Duncan, Música y Danza, 2008, pág. 86).
La bailarina con la que soñaba Isadora Duncan era aquella que fuese capaz de estudiar de una manera tan profunda las formas bellas de la pintura, escultura, naturaleza y música para llegar a contemplar la verdad y el bien y, así, transmitirlos en el movimiento de su propio cuerpo. Ella creía que el objetivo final del bailarín era, precisamente, elevarse hasta la verdadera luz del ser. Acá establezco una relación entre el ideal de Duncan y el objetivo de la filosofía para Platón: “No se trata aquí de un lance de tejo como en el juego, sino de imprimir al alma un movimiento que la eleve de la luz tenebrosa[2] que la rodea hasta la verdadera luz del ser por el camino que por eso mismo llamaremos verdadera filosofía” [República, 521 c] (Platón, 2007).
Isadora Duncan, al crear su escuela de danza, exhortó a sus alumnas a estudiar constantemente filosofía, a inundar su vida de belleza y armonía. Ella quería cambiar el mundo a través de la danza y sabía que sólo con la alimentación del espíritu y el pensamiento esto se lograría.
Algún día, cuando comprendáis el sufrimiento, entenderéis también todo lo que he vivido, y entonces sólo pensaréis en la luz hacia la que me he dirigido y sabréis que la verdadera Isadora está allí. Entre tanto, trabajad y cread belleza y armonía. Este pobre mundo está necesitado de ella, y con vuestros seis espíritus unidos en una sola voluntad, podéis crear belleza e inspiración para una sola vida (…) Nutrid vuestros espíritus con Platón y Dante, con Goethe y Schiller, Shakespeare y Nietzsche, y con estos como guía y la gran música, podéis llegar muy lejos. (Duncan, Una Carta a las Discípulas, 2008, pág. 131).
La danza, al igual que la poesía y la literatura, puede ser utilizada como un recurso para enseñar nuevas cosas. Un bailarín no solo aprende a bailar, aprende a escuchar, a sentir, a componer, aprende a ser responsable y disciplinado. En la sociedad actual, no muchos cuidan de su cuerpo, ni le dan el valor real al mismo. Actualmente, imitamos ideales de belleza corporales que están muy alejados del bien, de la virtud y de la justicia. El cuerpo ha perdido el papel que merece dentro de la educación; sin embargo, al acercarnos a la filosofía de Platón entendemos que la educación debe comprender la gimnasia para cuidar del cuerpo, pero también de la música, para cuidar del alma. Sin embargo, si queremos educar seres integrales estos no solo deben ser educados en estas dos disciplinas, sino, más bien, ser capaces de conocer y aprender de aritmética, geometría, estereometría y astronomía.
En la época moderna la especialización del trabajo hizo que muchos olvidaran la importancia de lo que dijo Platón, pero estoy de acuerdo con él y creo firmemente que es necesario aprender diferentes disciplinas para articularlas y producir nuevos conocimientos. Un bailarín, tal como lo dijo Isadora Duncan, debe estudiar el movimiento desde diversos puntos de vista pues solo así se crearán nuevos conocimientos alrededor del cuerpo. Lo interesante de Duncan es ver que su danza y sus coreografías tenían un sustento teórico, ella sabía muy bien que la danza no se trata, simplemente, de repetir movimientos mecánicamente, sino de transmitir valores, enseñar la belleza de nuestro cuerpo, pues en él está la existencia en sí misma.
Duncan no consideraba que solamente la danza era capaz de transmitir sensaciones, emociones e ideologías. La poesía, literatura, escultura y pintura eran capaces de enseñar, de educar, aprendió de Grecia Antigua la importancia de articular diferentes artes, por ello, estudió las esculturas, literatura y pinturas griegas. Ella sabía que la danza debía transmitir una narración completa basada en ideales de verdad, conocimiento y belleza, pues solo así, sentía ella, su sociedad mejoraría.
Por ello, el sueño de Duncan fue siempre crear una escuela de danza en donde niños de todas las clases sociales, en especial las más bajas, estuvieran en contacto permanente con las mejores obras de arte, música y movimientos pues ella creía que estos niños al estar en contacto permanente con la belleza serían capaces de replicar en sus vidas y a través de sus danzas estos ideales y, así, contribuir a nuevas narraciones sobre el cuerpo y la vida en su sociedad. El experimento pudo realizarlo en Rusia, en donde en 1921 pudo dar varias presentaciones gratuitas y, además, fundar una escuela con apoyo del gobierno ruso en donde educó a varios niños, hijos de obreros, en danza, música y poesía. Sin embargo, este sueño, casi cumplido, no duró mucho y el gobierno revolucionario soviético retiró el apoyo a Isadora y a su escuela.
Para educar el gusto de la clase obrera, es necesario empezar por el principio, es decir, con los niños.
Los niños de mi escuela, de cuatro o cinco años, al aprender a moverse en armonía con los ritmos de Schubert o de Mozart, o con los minuetos de Beethoven, adquieren gradualmente y sin esfuerzo un gusto por esa música; y con instinto natural aprenden a discernir entre la música superior y la música pobre.
Además, son llevados con frecuencia a visitar museos, y gracias a las explicaciones entienden muy rápidamente la nobleza de la escultura egipcia, griega o moderna. Invariablemente, después de su regreso a la escuela, tratan de recrear diferentes movimientos de las figuras escultóricas y por este procedimiento encuentra a menudo cosas muy hermosas. Gracias al entrenamiento diario, los humildes hijos de los obreros se convierten a sí mismos en obras de arte que sus padres pueden comprender, y gracias a esto pueden conocer y amar lo que es bello y gracioso, en una palabra, la experiencia del arte (Duncan, Reflexiones después de Moscú, 2008, pág. 157)
Platón fue el primero en observar la importancia que las narraciones tienen y como éstas construyen el carácter de los individuos e identidad en una sociedad. Personalmente, no creo que Platón prohibiera la poesía y quisiera eliminar o expulsar a los poetas de su estado ideal, sino, más bien, promover la creación de poesía que educara a los más jóvenes en la verdad y belleza, en la justicia. Sin duda alguna, la sociedad en la que creció Platón estuvo plagada de artistas que, a través de sus narraciones, promovían el exceso, el desenfreno y vicios muy alejados de la virtud. Por ello, tal vez, él utilizo narraciones literarias para hacer ver que era posible educar a través de los mismos. Asli Gocer en su artículo The Puppet Theater in Plato's Parable of the Cave muestra que, más que un desprecio a la actividad artística, lo que hace Platón es una crítica a formas particulares de arte, pues estas tienen un poder psicológico y mimético en el espectador y más si éste es un niño.
If Plato's disdain for the puppet theater is indeed explained at least in part by his aversion for the psychological and moral deformity caused by childishness and boorish laughter, perhaps his criticism of mimetic activity is targeted to particular forms of art rather than a general denunciation of all artistic activity, as it has been traditionally supposed (Gocer, (Dec., 1999 - Jan., 2000), pág. 10)
Las obras de arte que promueven el vicio y la decadencia no son exclusivas del contexto de Platón. Isadora también criticó ciertas obras de arte que se promocionaban en su época, criticó el ballet por considerarlo antinatural, criticó el burlesque y las danzas que se presentaban en los bares, criticó el charlestón. Su espíritu quería una danza nueva capaz de imitar el movimiento de las olas, del viento, replicar la naturaleza en su cuerpo. Duncan sabía que el movimiento es igual de importante que las palabras, la danza ha pasado como un fantasma al lado de las demás artes; sin embargo, la danza, al ser cuerpo, expele por doquier ideas de un contexto.
La gente tiene una concepción completamente falsa de la importancia de las palabras en comparación con otros modos de expresión tan potentes como ellas. Todo un público de gente considerada respetable, que abandonaría el teatro si alguien apareciera blasfemando o usara palabras indecentes, permanece sentado toda la representación en la que alguien hace movimientos indecentes que, si fueran traducidos a palabras, harían que el público se precipitara fuera del teatro. Una joven aparentemente modesta nunca se atrevería a dirigirse a un joven con líneas o frases habladas que fueran indecentes; sin embargo, esa misma chica se levantará y bailará estas frases con él en danzas como el charlestón y el <<black bottom>>, mientras una orquesta de negros toca Shake that thing (¡Agita esa cosa!) (Duncan, La danza en relación con la religión y el amor, 2008, pág. 166).
Platón nos muestra que para ser mejores personas es fundamental el conocimiento y ser capaz de articular diversos saberes para llegar a alcanzar la verdad, la virtud y la justicia, elementos que se necesitan urgentemente en nuestra sociedad. Ejemplos como el de Isadora Duncan demuestran que el legado de Platón ha estado vivo a lo largo de la historia de la civilización occidental y no solo los filósofos se han dejado atravesar por estas ideas.
Unas páginas atrás dije que iba a argumentar el porqué de que la palabra “decadencia”, refiriéndome al contexto de Platón, está entre comillas. La caída de Atenas y la corrupción que se vivió en el mundo griego en el que vivió Platón, permitió que pensadores como él construyeran un pensamiento que incita a la reflexión, a observar el papel que cada uno tiene en su sociedad y a tratar de construir una república interior en donde se dominen los apetitos y los vicios más bajos.
De igual manera, Platón hace un llamado a los artistas y muestra el papel que estos ejercen en la sociedad, el papel de responsabilidad que tienen y la importancia de construir nuevos modelos e ideales para imitar. La sociedad de Isadora también los necesitaba y nuestra sociedad, más que en cualquier otro tiempo, también. Por ello, el bailarín que necesitamos no es solo aquel que repite movimientos mecánicamente, sino el que, como el filósofo, es capaz de observar a su alrededor, de cuestionar, de aprender y de articular conocimientos para desarrollar propuestas que contribuyan a la creación de una mejor humanidad. El legado de Platón y de su sociedad pervive hasta nuestra época, este filósofo fue capaz de señalar principios universales válidos a través de la historia general de la humanidad y, como dice Adelmo Barigazzi:
La semilla del grano se marchita para convertirse en espiga y multiplicar el fruto. Así sucedió con la polis ateniense, cuyo contenido, entonces válido, a pesar de ser localista y restringido, fue elaborado y transformado en principios universales, válidos para todos los pueblos y para el hombre en cuanto hombre, tanto en su vida privada como en su vida pública y en todos los tiempos y lugares (…) ¿Cómo se puede llamar decadente un proceso de este tipo? Si así se hace se corre el riesgo de sobrevalorar o idealizar la época precedente o al menos, de no comprender en su totalidad el valor que representó este proceso en el devenir de la historia (Barigazzi, 1981, pág. 46).
El legado de la filosofía de Platón vive, sin que lo percibamos directamente, en nosotros, en nuestra cultura. Y me di cuenta de que vive en la danza gracias al legado que Platón le heredó a Isadora Duncan, una de las madres de la danza moderna, revolucionaria del cuerpo, la sensibilidad y el pensamiento. Hay muchas formas de bailar, el movimiento está por doquier; la filosofía, así mismo, está presente en esferas que a veces pasan desapercibidas. La danza y la filosofía pueden llegar a crear cosas hermosas juntas y creo, firmemente, como Isadora, que solo es bailarín aquel que es capaz de recordar el ideal de belleza y virtud que se encuentra encerrado en su cuerpo, esa alma luminosa que nos muestra Platón y que intenta ascender hasta la luz del sol.
Barigazzi, A. (1981). Características culturales del siglo IV. En R. Bianchi Bandinelli, Historia y civilización de los Griegos. Tomo V. La crisis de la polis. Historia, literatura, filosofía. (págs. 11-47). Barcelona: Icaria.
Duncan, I. (2008). La danza en relación con la religión y el amor. En J. A. Sánchez, El Arte De La Danza y Otros Escritos (págs. 160-166). Madrid: Akal.
Duncan, I. (2008). La Escuela de Danza. En J. A. Sánchez, El Arte de la Danza y Otros Escritos (págs. 114-120). Madrid: Akal.
Duncan, I. (2008). Música y Danza. En J. A. Sánchez, El Arte de la Danza y Otros Escritos (págs. 85-86). Madrid: Akal.
Duncan, I. (2008). Reflexiones después de Moscú. En J. A. Sánchez, El Arte De La Danza y Otros Escritos (págs. 155-159). Madrid: Akal.
Duncan, I. (2008). Una Carta a las Discípulas. En J. A. Sánchez, El Arte de La Danza y Otros Escritos (págs. 130-131). Madrid: Akal.
Gocer, A. ((Dec., 1999 - Jan., 2000)). The Puppet Theater in Plato's Parable of the Cave. The Classical Journal, Vol. 95, No. 2 (Dec., 1999 - Jan., 2000), 119-129.
Platón. (2007). La República o el Estado. Madrid : Editorial Espasa Calpe.
Sánchez, J. A. (2008). Introducción La Danza Liberada: El Proyecto Artístico de Isadora Duncan. En I. Duncan, El arte de la danza y otros escritos (págs. 5-50). Madrid: Akal.
[1] Más adelante explicaré por qué decadencia está entre comillas.
[2] En clase, el profesor Alfonso Flórez sugirió cambiar la traducción de luz tenebrosa por día nocturno.