12 de agosto, 1962
"Reconocido mi naturaleza viciosa: necesito vivir ebria. Si no es de alcohol que sea de té, de café, de ácido fosfórico, de tabaco muy fuerte. Necesitaría drogas: no las tengo, no las busco. Cuando no tenga que despertarme al alba para ir a trabajar «para vivir» me procuraré los «olvidantes» más poderosos, todo lo que la naturaleza y la ciencia han dado a conocer hasta el presente. Esto no está mal ni bien. Esto demuestra, simplemente, que algunos no pueden vivir. Quiero decir, sólo después de haber tomado diez cafés y tragado varias pastillas de «revitalizantes cerebrales» puedo respirar con libertad, andar sencillamente por las calles sin que el deseo de matarme se haga imperioso. El error está en querer sentir una dicha extrema o un total abatimiento. Los estados neutros de mi vigilia sobria —hechos de una leve angustia y una sorda ansiedad— me son insoportables. Soy trágica, admitámoslo. Todo lo que me sucede tiene que llevar el rótulo de «peligro de muerte»."













