Ya han pasado dos años, dos largos años y ya no me acecha el fantasma de tu memoria como lo hacÃa antes, ya no me turba la noche melancólica llena de deseperanzas e ilusiones, ya no me destemplo al pensar en un futuro insierto lleno de dudas, ya no sollozo por la ausencia del dichoso regocijo que era verte cada mañana y sentir tu abrazo cálido y tu sonrisa caprichosa, ya no me duermo en tu pensar abstracto ni te veo en mis onÃricos pasares. Ahora observó frÃo al pasado, contempló lo ocurrido y ocacionalmente sonrió pensando en el absurdo actuar de dos niños tontos creyendo saber de la vida y solo han pasado dos años, dos años desde que me enseñaste a querer y a ver lo invisible, a sentir la vida y a desentrañar los secretos del universo. Pero como toda buena historia necesitaba un final amargo. Tú no aceptaste los cambios que providenciaba la tempestad, una tempestad que azotaba fuertemente los cimientos de mi ser y que, jamás pensé llegarian a remover sentidos tuyos, a dañar tan fuertemente la fibra que ya no quisieras acercarte más, que más da, yo busque, yo corrÃ, yo sude, yo llore, yo sangré, y tu no un respiro gastaste en mi y sin más olvidaste de mÃ. Nada se puede hacer ya que en el tiempo que la inclemencia atenuaba su pasar un profundo sentir nuevo acogió mi ser, una fuerza y un entendimiento nuevo de la tierra que forma esta silueta, paz. Lo entendÃ, nunca quisiste venir hacia mi, yo era el que debÃa correr, ya que tú no darÃas pasos en falso y si alguien se caÃa, ese serÃa yo, asà que decidà levantarme y eso no te gusto. Sin importar la razón o las circunstancias de tu actuar, te doy gracias, me enseñaste algo que no hubiese aprendido si no fuera contigo, acepte lo bueno de la ceniza y lo positivo del fuego que quema lo construido, pero sin más ya no cederé y aprenderé a desconfiar de lo bello y de las hermosas palabras provenientes de encantadoras fauces, pues en muchas ocasiones posibilidad de mentiras y engaños siempre estarán. Gracias a las desventuras y las risas, agradezco la sinceridad que alguna vez tuviste conmigo, pero sobretodo aprecio más que en toda la existencia la posibilidad de amar, no hay dicha mayor que haberte amado, haber sentido la vida fluir, haber mirado al alma directo y haberlo dicho a ciegas, más cosas ya no tengo para decir de ti, no más que gracias. Y adiós.