Se me estruja tanto el alma cuando recuerdo esos instantes de silencio en el patio, contemplando todo lo que había armado, todo eso que había deseado y conseguí. Se me estruja tanto el alma al recordarme desarmando mi hogar al poco tiempo y a velocidades que aún hoy me siguen dando escalofríos. Se me estruja tanto el alma cuando me invade casi a diario la sensación de desamparo y confusión por los caminos que toca transitar hoy, que sólo pienso en poder escaparme unas horas al mar, a respirar, a cerrar los ojos y a recordar qué es lo verdaderamente importante.
La Patagonia tiene eso. Te cuida, te recibe, te abraza, también te pone a trabajar para que no te vueles al primer viento, para que sepas anclar bien, firme, segura. Así se estuviera todo derrumbando alrededor, un respiro, un rato de contemplación, un rato de ruta y alguna que otra caminata, eran más que suficientes para acomodar la nave.
La Patagonia fueron abrazos, felicidades, tristezas, despojos repentinos, despedidas, amores correspondidos y no, historias con segundas partes por escribir, instantes que siempre nutrirán mi alma, silencios, palabras suaves, palabras duras pero necesarias. Fue tantas cosas que aún me cuesta dimensionarlas. Y un poco le huyo a ese ejercicio porque ya no me da más el alma de estrujada.
Porque hasta eso te arreglaba: el alma.
Te invitaba a que, despacito y sin ser tan dura, la vayas estirando, volviendo a expandirla, dejando que saliera todo lo que necesitara salir, para volver a empezar todas las veces que hiciera falta. Mimarla, darle amor, casi como pasarle la plancha para volver a ponértela sin ninguna arruga, lista para volver al ruedo.
Paradójicamente, donde menos sola me sentía era en la Patagonia. Y llegó un punto en el que desistí de explicarle eso a los míos. Quien quisiera aceptarlo y acompañar, bienvenido. Quien no, su ruta. Que bastantes hay por esas latitudes.
Huahuais como la montaña, cantaban algunos, y así se sienten estos días en el reinado de cemento.
Y también como cantaban algunos, corazón de carbón, Patagonia mi amor, ojalá nos volvamos a encontrar.