(Poema épico en estilo griego clásico puro, con elementos góticos)
"Musa de los labios violáceos, tú que recuerdas
los nombres que el tiempo borró en los muros de Delfos,
canta para mà a la profetisa sin templo,
a la que camina entre columnas caÃdas
con un manto tejido de sus propios augurios,
y en cuyas manos tiembla aún el laurel
que ningún dios quiso aceptar."
"En los dÃas en que los altares helenos
goteaban cera de velas no encendidas,
ella pronunció su primer vaticinio:
—Veréis caer a los dioses como higos maduros,
y sus cuerpos serán banquetes
para cuervos con ojos de filósofos.
pero cuando la luna sangró sobre Corinto,
hasta los perros callejeros
aullaron en hexámetros perfectos."
"Entonces Apolo, en su ira,
la condenó a ver el futuro
como los ciegos ven el sol:
—Llevarás la verdad como una corona de espinas
y tus palabras, claras como el agua de Lesbos,
serán confundidas con el balbuceo
de los borrachos en el ágora.
AsÃ, la que habÃa hablado en lenguas de fuego,
de las estatuas que nadie venera."
"Ahora vaga por los mercados de Éfeso,
vendiendo falsos augurios por una moneda de cobre.
Los niños le arrojan piedras
creyendo que es una mendiga,
no viendo que sus harapos
son vestiduras de púrpura deshilachada,
ni que sus ojos sin brillo
reflejan el ocaso de los OlÃmpicos.
Sólo cuando la peste vino de AlejandrÃa,
y los hombres mordieron el polvo como perros rabiosos,
alguien recordó sus palabras.
ya se habÃa convertido en estatua de sal,
silbaba entre sus dedos petrificados
la única profecÃa cierta:
—Hasta los dioses mueren
cuando dejan de ser temidos."
"¡Ay de la que conoció el porvenir
cuando ya no hay remedio!
Nosotros, espectros del ágora vacÃa,
sabemos la verdad más amarga:
y que el último dios en caer
mar de lágrimas saladas."