El Inguma, que más que un asustaniños era un miedo común y extendido, pertenece a la abundante familia de los diablillos y seres nocturnos que se cuelan en los dormitorios para provocar pesadillas a sus ocupantes. Su origen es antiguo, pues representan la encarnación de la pesadilla misma. Ya desde tiempos remotos se hablaba de los íncubos y súcubos, demonios que perturbaban nuestro descanso con su actitud lasciva, provocando a los humanos sensación de ahogo, angustia y el consecuente mal sueño. También era habitual achacar estos síntomas a la presencia de brujas en los alrededores, que se colaban en las casas con la ayuda del diablo o transformadas en animales. En definitiva, las pesadillas se veían como una lucha física entre hombres y demonios.