Cabizbaja entre la penumbra que me generan los ronquidos de mi acompañante, que por cierto duerme como si reposará en unas ubres de una gigante, me pongo a pensar en mís agonías.
Y vuelvo a pensar otra
Monterey Bay Aquarium
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❣ Chile in a Photography ❣
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Cabizbaja entre la penumbra que me generan los ronquidos de mi acompañante, que por cierto duerme como si reposará en unas ubres de una gigante, me pongo a pensar en mís agonías.
Y vuelvo a pensar otra

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Alimentando. Alimentando mi sabiduría, mi ego y autestima, ignoro todo lo que antes sabía. Mi instinto. Mi saber antes de lo metafísico. Nos han enseñado a amar lo establecido. A veces a lo distinto, pero a su vez establecido. Hemos aprendido a amar valores totalmente anexos a nosotros. Hemos aprendido a amar caracteristicas extrahumanas y extrainstintivas. Somos nuestros propios extraterrestres. La virtud del mañana no es más que apariencia encubriendo una necesidad. Nuestro yo interno gritando piedad para sacar nuestro instinto al aire. Estamos reprimidos en este mundo. Estamos medicados de altas dosis de cordura, poder y estereotipos. El único auténtico es aquel que no se expresa mediante las lenguas, es aquel que sufre y hace sufrir, es aquel que actúa desde sus tripas, desde su locura. La locura está reprimida, deprimida y encarcelada. Está resignada a ser la oveja negra de las caracteristicas valiosas del ente. La locura es lo inconsciente. Lo reprimido y lo ignorado. La locura es la salvación de la humanidad. Sin embargo, nos han enseñado a tener miedo. A temerle a esa locura. A temerle a nuestra pura esencia. A tenernos. A forzarnos a ser otros. La locura es nuestra alimentación vital para el alma. La locura es nuestra vía escapatoria. La locura es nuestra verdadera esencia. Pero aún así decidimos olvidarla.
Noches de ronquidos.
Y ahora te miro dormir, caracol sin asco. Y ahora te escucho dormir, pestañas gigantes. Y ahora te siento soñar, fibritas castañas. Y ahora te huelo crecer, mi amado pequeño. Y ahora te toco amar, mi personita especial. Nunca despertemos mi querido, que la infancia es una sola.
Ciclos con J
Un día gris te conocí, jugando a no ser, Sin embargo tus canicas decían lo contrario, Eres. Un día azul te olvide, tu tratando la superficialidad, Sin embargo tus perlas decían lo contrario, Existes. Un día rojo te recordé, tú y tu inmensa ignorancia hacia mi, Sin embargo tu palidez decía lo contrario, Amas. Una noche te recuperé, y nada de ti me negó.

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PENSAMIENTOS POST PÁNICO I
En este minuto ilumine mis entrañas. En este minuto me di cuenta de todo lo que había hecho con mi vida. En este minuto, en el cual mi hermano me cuenta sus fiestas del fin de semana y pone canciones de reggaetón de moda, es cuando me di cuenta qué significa para mí una crisis como las que he tenido en estos últimos meses.
No entiendo, y no se me ocurre como los seres humanos hemos dejado de significar a la naturaleza como única reina. Hemos dejado de lado nuestra cubierta de hojas y los hemos intercambiado por las prendas de moda, las canciones que hablan sobre los placeres que el capitalismo tardío nos ha regalado y por las promesas que falsos amores y relaciones, nos decepcionan. Esta automutilación, esta creencia del aparentar me causó a mi llegar a la agonía del equilibrio que estaba por fin llegando a tener. La contaminación acústica e intelectual, que el periodismo, mi carrera, también me influenció. La corrupción, el amor, la felicidad y la falsa conciencia de valores me tomaron la cuenta.
Me atrevo a decir, sin vergüenza, que llegue, sin embargo, como consecuencia de mi exaltación adrenalinica, a un nivel superior que el de la sociedad que me cobija. Mi cuerpo y mente no soportaron más vivir de las falsas ideologías e ilusiones que me había regalado la metafísica. Pero, esta superación del individuo no es sino una gran decepción. Esta angustia que trae la conciencia de nuestra masoquista sociedad, de los límites que me han conformado, y de las falsas maneras de actuar que he tenido frente a mis pares; me llevan como el viento. Ahora, sin embargo, es difícil vivir sabiendo que todo está mal, que la violencia con la que nos relacionamos con la naturaleza y nuestro mundo van a seguir estando, y que no podré sino más que intentar resucitar los instintos caídos y deshacer la constante melancolía que nos invade desde que nos creó nuestra madre; esa melancolía de saber que algo real teníamos, hasta que creamos la razón.
´La altura del cielo,
el negro de tu pelo,
tus ojos, pantallas,
manos temblorosas,
y yo aquí anhelando el que no está
Duración: 5 minutos
Cuando se acabe, sé que te irás,
Inspirada en mi propia dependencia,
dependiente de un hilo de humo,
dependiente de mi corazón.
Tu en cambio tan indiferente,
siempre inconcluso,
y yo quedo aquí, dependiente de ese hilo que se va apagando.
Pues fúmate ya, por favor, ese maldito cigarro
y llévate mi corazón.

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Esta es la ceremonia de la muerte. La tumba los acogerá con amor. Entréguense a la muerte. Restituyan lo que les ha sido prestado. Renuncien a vuestros placeres, a vuestro dolor. Renuncien a vuestros amigos, a los amantes. Renuncien a la familia, al pasado. Abandonen lo que odian, lo que desean. Conocerán la Nada. Es la única realidad. No tengan miedo. Es tan fácil dar. No están solos. Tienen una tumba. Ella es su Primera Madre. La tumba es la puerta de su renacer. Ahora se abandonarán al animal creyente que llama a su cuerpo. No traten de retenerlo, recuerden que era un préstamo. Renuncien a sus piernas, abandonen sus sexos, su cabeza, su sangre, sus órganos, sus huesos. No deseen más posesiones. la posesión es el último dolor. La tierra cae sobre su cadaver. Viene para cubrirlos de amor porque es la verdadera carne de ustedes. Ahora son un corazón vacio, dispuesto a recibir su verdadera esencia, su perfección, su nuevo cuerpo, que es el Universo, la obra de Dios. Van a renacer de nuevo, serán reales. Serán su padre, su madre, su hijo, su perfección. Abran los ojos. Son la tierra, son la hierba, son el cielo, son los otros. Son la esencia. Miren las flores. Miren las flores. Por primera vez, miren las flores.
The Holy Mountain-Alejandro Jodorowsky (via reino-paranoia)
Muerte en 3D
De ti, de ti. Eso que siento por ti, Jamas lo senti, Desde el día que te vi, Nunca lo habia experimentado, Ahora les creo a los demás, No era mentira. Desde que te vi, A ti, a ti, Senti que es la verdadera vida, La de antes no lo era.. Muerte, mi mayor descubrimiento.
2013
(vía https://www.youtube.com/watch?v=6DDVgB5OCJE)
Sustitución vicial- Javier Mardones, Patricio Contreras y Bárbara Schulz
(vía https://www.youtube.com/watch?v=OQM5-Ks64is)

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“Estoy aburrido, eso es todo. De vez en cuando bostezo tan ampliamente que las lágrimas ruedan por mi mejilla. Se trata de un profundo aburrimiento, profundo, el corazón profundo de la existencia, la materia misma que estoy hecho.”
— Jean-Paul Sartre; La Náusea. (via pinesha)
El exilio de Helena- Albert Camus
Una joya
El Mediterráneo tiene un sentido trágico solar, que no es el mismo que el de las brumas. Ciertos atardeceres-- en el mar, al pie de las montañas--, cae la noche sobre la curva perfecta de una pequeña bahía y, desde las aguas silenciosas, sube entonces una plenitud angustiada. En esos lugares se puede comprender que si los griegos han tocado al desesperación ha sido siempre a través de la belleza y de lo que ésta tiene de opresivo. En esa dorada desdicha culmina la tragedia. Nuestra época, por el contrario, ha alimentado su desesperación en la fealdad y en las convulsiones. Y por esa razón, Europa sería innoble, si el dolor pudiera serlo alguna vez.
Nosotros hemos exiliado la belleza; los griegos tomaron las armas por ella. Primera diferencia, pero que viene de lejos. El pensamiento griego se ha resguardado siempre en la idea de límite. No ha llevado nada hasta el final --ni lo sagrado ni la razón--, porque no ha negado nada: ni lo sagrado, ni la razón. Lo ha repartido todo, equilibrando la sombra con la luz. Por el contrario, nuestra Europa, lanzada a la conquista de la totalidad, es hija de la desmesura. Niega la belleza, del mismo modo que niega todo lo que no exalta. Y, aunque de diferentes maneras, no exalta más que una sola cosa: el futuro imperio de la razón. En su locura, hace retroceder los límites eternos y, enseguida, oscuras Erinias se abaten sobre ella y la desgarran. Diosa de la mesura, no de la venganza, Némesis vigila. Todos cuantos traspasan el límite reciben su despiadado castigo.
Los griegos, que se interrogaron durante siglos acerca de lo justo, no podrían entender nada de nuestra idea de la justicia. Para ellos, la equidad suponía un límite, mientras que nuestro continente se convulsiona en busca de una justicia que pretende total. Ya en la aurora del pensamiento griego, Heráclito imaginaba que la justicia pone límites al propio universo físico. "El sol no rebasará sus límites, y si lo hace, las Erinias, defensoras de la justicia, darán con él." Nosotros, que hemos desorbitado el universo y el espíritu, nos reímos de esa amenaza. Encendemos en un cielo ebrio los soles que queremos. Pero eso no impide que los límites existan y que nosotros lo sepamos. En nuestros más locos extravíos, soñamos con un equilibrio que hemos dejado atrás y que ingenuamente creemos que volveremos a encontrar al final de nuestros errores. Presunción infantil y que justifica que pueblos niños, herederos de nuestras locuras, conduzcan hoy en día nuestra historia.
Un fragmento, también atribuido a Heráclito, enuncia simplemente:"Presunción, regresión del progreso". Y muchos siglos después, del efesio, Sócrates, ante la amenaza de una condena a muerte, no reconocía más superioridad que ésta: lo que ignoraba, no creía saberlo. La vida y el pensamiento más ejemplares de estos siglos concluyen con una orgullosa confesión de ignorancia. Olvidando eso, hemos olvidado nuestra nobleza. Hemos preferido el poderío que remeda la grandeza: primero, Alejandro, y después los conquistadores romanos que nuestros autores de manuales, por una incomparable bajeza de alma, nos enseñan a admirar. También nosotros hemos conquistado, hemos desplazado los límites, dominado el cielo y la tierra. Nuestra razón ha hecho el vacío. Y, al fin solos, concluimos nuestro imperio en un desierto. Cómo poder imaginarnos, pues, ese equilibrio superior en el que la naturaleza mantenía la historia, la belleza, el bien, y que llevaba la música de los números hasta la tragedia de la sangre? Nosotros volvemos la espalda a la naturaleza, nos avergonzamos de la belleza. Nuestras miserables tragedias arrastran olor de oficina y la sangre que derraman tiene color de tinta de imprenta.
Por eso es indecoroso proclamar hoy que somos hijos de Grecia. A menos que seamos hijos renegados. Colocando la historia en el trono de Dios, avanzamos hacia la teocracia tal como hacían aquellos a quienes los griegos llamaban bárbaros y combatieron a muerte en las aguas de Salamina. Si se quiere captar bien la diferencia, hay que volverse hacia el filósofo de nuestro ámbito que es verdadero rival de Platón. "Solo la ciudad moderna --se atreve a escribir Hegel-- ofrece al espíritu el terreno en el que puede adquirir conciencia de sí mismo". Vivimos, así pues, en el tiempo de las grandes ciudades. Deliberadamente, el mundo ha sido amputado de aquello que constituye su permanencia: la naturaleza, el mar, la colina, la meditación de los atardeceres. Solo hay conciencia en las calles, porque solo en las calles hay historia, ese es el decreto. Y como consecuencia, nuestras obras más significativas dan fe de esa misma elección. Desde Dostoievski, buscar paisajes en la gran literatura europea es inútil. La historia no explica ni el universo natural que había antes de ella ni la belleza que está por encima de ella. Ha decidido ignorarlos. Mientras que Platón lo contenía todo --el sinsentido, la razón y el mito--, nuestros filósofos no contienen más que el sinsentido o la razón, porque han cerrado los ojos al resto. El topo medita.
Fue el cristianismo el que empezó a sustituir la contemplación del mundo por la tragedia del alma. Pero al menos se refería a una naturaleza espiritual y, a través de ella, conservaba cierta seguridad. Muerto Dios, no quedan más que la historia y el poder. Desde hace mucho tiempo, todos los esfuerzos de nuestros filósofos no han ido dirigidos más que reemplazar la noción de naturaleza humana por la de situación, y la antigua armonía por el impulso desordenado del azar o el movimiento implacable de la razón. Mientras que los griegos marcaban a la voluntad los límites de la razón, nosotros hemos puesto, como broche, el impulso de la voluntad en el centro de la razón, que se ha vuelto asesina. Para los griegos, los valores eran preexistentes a toda acción, y marcaban, precisamente, sus límites. La filosofía moderna sitúa sus valores al final de la acción. No están, sino que se hacen, y no los conoceremos del todo más que cuando la historia concluya. Con ellos, desaparecen también los límites, y, como las concepciones acerca de lo que habrán de ser aquéllos difieren, y como no hay lucha que, sin el freno de esos mismos valores, no se prolongue indefinidamente, hoy los mesianismos se enfrentan y sus clamores se funden con el choque de los imperios. Según Heráclito, la desmesura es un incendio. El incendio se extiende, Nietzsche ha sido superado. Europa no filosofa a martillazos, sino a cañonazos.
Sin embargo, la naturaleza está siempre ahí. Opone sus cielos tranquilos y sus razones a la locura de los hombres. Hasta que también el átomo se encienda y la historia concluya con el triunfo de la razón y la agonía de la especie. Pero los griegos nunca dijeron que el límite no pudiera franquearse. Dijeron que existía y que quien osaba franquearlo era castigado sin piedad. Nada en la historia de hoy puede contradecirlos.
Tanto el espíritu histórico como el artista quieren rehacer el mundo. Pero el artista, obligado por su naturaleza, conoce sus límites, cosa que el espíritu histórico desconoce. Por eso el fin de este último es la tiranía, mientras que la pasión del primero es la libertad. Todos cuantos luchan hoy por la libertad, combaten en último término por la belleza. No se trata, claro está, de defender la belleza por sí misma. La belleza no puede prescindir del hombre y no daremos a nuestro tiempo su grandeza y su serenidad más que siguiéndolo en su desdicha. Nunca más volveremos a ser solitarios. Pero igualmente cierto es que el hombre tampoco puede prescindir de la belleza, y eso es lo que nuestra época aparenta querer ignorar. Se tensa para alcanzar el absoluto y el imperio, quiere transfigurar el mundo antes de haberlo agotado, ordenarlo antes de haberlo comprendido. Diga lo que diga, deserta de este mundo. Ulises puede elegir con Calipso entre la inmortalidad y la tierra de la patria. Elige la tierra y, con ella, la muerte. Una grandeza tan sencilla nos resulta hoy ajena. Otros dirán que carecemos de humildad. Pero esa palabra, en cualquier caso, es ambigua. Semejantes a esos bufones de Dostoievski que se jactan de todo, suben a las estrellas y acaban por exhibir su miseria en el primer lugar público, a nosotros lo único que nos falta es ese orgullo del hombre que es observancia de sus límites, amor clarividente de su condición.
"Odio mi época", escribía antes de su muerte Saint-Exupéry, por razones que no están demasiado alejadas de las que he expuesto. Pero, por perturbador que sea ese grito viniendo precisamente de alguien como él --que amó a los hombres por lo que tienen de admirable--, no vamos a apropiárnoslo. Y, sin embargo, qué tentador puede resultarnos, en ciertos momentos, darle la espalda a este mundo sombrío y descarnado! Pero esta época es la nuestra, y no podemos vivir odiándonos. Ha caído así de bajo tanto por el exceso de sus virtudes como por la grandeza de sus defectos. Lucharemos por aquella de sus virtudes que viene de antiguo. Qué virtud? Los caballos de Patroclo lloran a su dueño muerto en la batalla. Todo se ha perdido. Pero se reanuda el combate, ahora con Aquiles, y la victoria llega al final, porque la amistad acaba de ser asesinada: la amistad es una virtud.
La ignorancia reconocida, el rechazo del fanatismo, los límites del mundo y del hombre, el rostro amado, la belleza en fin, tal es el terreno en el que volveremos a reunirnos con los griegos. En cierta manera, el sentido de la historia de mañana no es aquel que se cree. Está en la lucha entre la creación y la inquisición. Pese al precio que hayan de pagar los artistas por sus manos vacías, se puede esperar su victoria. Una vez más, la filosofía de las tinieblas se disparará por encima del mar destellante. Oh pensamiento del Mediterráneo! La guerra de Troya se libra lejos de los campos de batalla! También esta vez los terribles muros de la ciudad moderna caerán para entregar, "alma serena como la calma de los mares", la belleza de Helena.