Entrevista a Naiara Besga por la relación de la música y la política en Argentina.
Entrevistadora: Hola Naiara, muchas gracias por tu respuesta. Ningún problema, si te parece, te comparto las preguntas y las vamos charlando por este medio, o me las podes contestar todas juntas, como vos prefieras.
Naiara: Pasame las preguntas de a una y las voy respondiendo.
Entrevistadora: Perfecto, entonces empecemos. De forma general, ¿consideras que es correcto afirmar que existe una conexión entre la música y la formación de ideología política en Argentina? Especialmente, consideras que esto ocurre con el rock nacional?
Naiara: Sí, estoy de acuerdo con la afirmación. La música en general, y el rock nacional en particular, siempre funcionaron como vehículos de expresión política, aunque no necesariamente partidaria. En Argentina, el rock fue un espacio de resistencia simbólica y de construcción de identidades juveniles que se oponían a las estructuras que marcaba la sociedad. Creo que contribuyó en la formación de una sensibilidad política, de una forma de incorporar ciertas discusiones en las mesas del día a día en varias generaciones, más relacionado con cuestiones como la libertad, la crítica social y la autonomía que a una ideología concreta.
Entrevistadora: Muchas gracias. Siguiendo con este punto, ¿creés que el rock nacional tuvo una influencia política real o más simbólica durante distintos períodos históricos, como la dictadura o la transición democrática?
Naiara: Diría que tuvo una influencia más simbólica que directamente política, pero eso no le quita relevancia. Durante la dictadura, por ejemplo, el rock no militaba en el sentido que se le suele dar a la palabra para hablar de marchas políticas, pero generaba un espacio de escape, de expresión, de lenguaje propio, que se podía traducir en una forma de resistencia. Ya en la transición democrática, muchas letras empezaron a incorporar mensajes más explícitos sobre la libertad o la reconstrucción social. Es decir, su influencia fue cultural, pero también contribuyó a moldear el clima político.
Entrevistadora: Volviendo un poco a la conexión que planteo en la primera pregunta, considerando que en tu opinión existe esta conexión, ¿cómo entendés el rol del artista de rock en la formación de conciencia política en la sociedad argentina?
Naiara: El artista de rock cumple un rol más de catalizador que de dirigente. No baja línea política, sino que traduce las emociones colectivas en canciones, pone en palabras lo que mucha gente siente pero no puede expresar, sea porque no encuentra la forma o porque no cuenta con el canal con el que cuentan los artistas. Esa identificación genera conciencia, aunque sea de manera difusa. En momentos de represión o desencanto con el gobierno, ese rol se vuelve fundamental.
Entrevistadora: ¿Te gustaría mencionar ejemplos concretos de músicos o bandas que hayan logrado moldear o canalizar ideologías políticas desde sus letras o discursos públicos?
Naiara: Sí, claro, hay varios. Spinetta, por ejemplo, siempre tuvo un discurso profundamente humanista y anti–sistema, aunque desde un lugar más poético que militante. Charly García, por su parte, canalizó mejor que nadie las tensiones de la dictadura y la transición, con temas como Los dinosaurios o Canción de Alicia en el país. También está León Gieco que fue más explícito en su compromiso político y social. Después, ya en otra época, Los Redondos o Bersuit también construyeron una narrativa crítica del poder y de la alienación social.
Entrevistadora: Perfecto. ¿Qué diferencia encontrás entre la influencia política del rock de los ‘70–’80 y la de los artistas contemporáneos?
Naiara: Hay bastantes cosas, pero la diferencia principal es el contexto. En los ‘70 y ‘80 el rock era contracultural; representaba una alternativa a los discursos oficiales, venía como máquina de choque. Hoy muchos artistas están más integrados al sistema mediático, y la rebeldía se volvió una estética más que una postura política o cultural. Esto no quiere decir que la música de hoy no tenga crítica social. Algunos géneros actuales, como el trap o el indie, recuperan algo de esa crítica, pero lo hacen desde otros códigos y, lógicamente, con otras temáticas. Aunque muchas veces las temáticas son similares, lo que incluso pone en tela de juicio el valor de la crítica. No se puede reclamar la misma libertad en dictadura que en democracia, por más poco que te guste quien gobierne.
Entrevistadora: Claro. ¿Consideras que el contexto de estas épocas tiene efectos en el nivel de influencia en la política que tiene la música?
Naiara: Totalmente. En los ‘70 y ‘80 había censura, represión y miedo, entonces cualquier mensaje que cuestionara el poder tenía un impacto enorme. Hoy vivimos en un contexto más fragmentado, donde hay sobreinformación y menos atención colectiva. Si uno quiere escuchar música con crítica social, solo tiene que ir a ciertos barrios de la ciudad para cruzarse con cientos de artistas reclamando lo mismo o cosas muy similares. Eso hace que la música ya no sea un canal tan central de influencia política, aunque siga siendo una herramienta de expresión importante. La masificación hace que el mensaje sincero y más adecuado se pierda en el mar de mensajes vacíos.
Entrevistadora: ¿Cómo cambió el papel de los músicos como formadores de opinión en la era de las redes sociales, donde la exposición personal es constante?
Naiara: Cambió mucho. Antes, el mensaje pasaba por la obra, hoy pasa también por la figura pública. Las redes obligan a los artistas a tener una postura constante, incluso sobre temas que no necesariamente dominan. Algunos lo aprovechan para amplificar mensajes políticos, pero otros prefieren mantenerse al margen para evitar polarización. Y esta falta de opinión también polariza a la gente. Cabe sólo recordar la cancelación de Emilia Mernes hace poco por no opinar sobre los recortes del gobierno actual a la cultura.
Entrevistadora: Bueno, un poco adelantaste la pregunta con ese último comentario, pero ¿creés que hoy el público espera una postura política de sus ídolos musicales, o prefiere separar arte y política?
Naiara: Un poco es así, se espera que el artista se exprese, pero el público espera, más que nada, que sean genuinos. Nadie quiere ver a un músico dando una opinión vacía, que seguramente no cree o no le interesa, solo para calmar a la gente en Twitter. Se valora el involucramiento genuino. Por otra parte, también existe un movimiento de separar la artista de la política, o de no esperar involucramiento político. Algunos lo interpretan como un cambio de contexto social, donde no es necesario contar con las voces de los artistas para expresar lo que la gente quiere decir, considerando que hoy todos tenemos redes y podemos opinar libremente. En conclusión, depende de cada persona.
Entrevistadora: ¿Cómo imaginás la relación entre música y política en las nuevas generaciones? ¿Hay espacio para un “nuevo rock político” en Argentina?
Naiara: Creo que la relación va a seguir existiendo, pero con otras formas. Tal vez no sea “rock” en el sentido del rock de Charly o Spinetta, sino otras expresiones urbanas o digitales. El espíritu crítico sigue ahí, aunque se exprese con menos solemnidad y más ironía o humor. Es decir, hay espacio para una nueva música política, pero quizás no sea el rock el motor, sino a través del trap o estilos musicales que nacen de otros sectores de la sociedad.
Entrevistadora: Muchas gracias por tus respuestas muy enriquecedoras. Espero que hayas disfrutado la entrevista.
Naiara: Gracias a vos por considerarme.