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El día comenzó de manera muy habitual, llego al salón a media mañana donde se dispuso a organizar y afinar cada instrumento para su siguiente clase, notando que hacían falta alguno de los instrumentos, rogando por que lo tuviera alguna profesora y que esta lo entregara en buen estado, por que si no llegaba a molestarse y descargar su enojo de una manera muy poco agradable. A pesar de ser un hombre bastante odioso y obstinado, tenía un gran talento uno que había desarrollado desde que era tan solo un niño, su padre siempre apoyándole en cada cosa que hacía pues el había llegado a formar una banda y entre toques en algunos bar había conocido a mi madre, quien hizo sentar cabeza de aquellas fiestas, de la droga que circulaba a su alrededor y todas esas cosas. Por lo que Nathaniel no había fijado su interés en eso exactamente, no le atraía la idea de formar una banda o ir a fiestas sin descontrol, no eso no era lo suyo, lo que le apasionaba era eso, mantener todo un día con niños que curiosos buscaban conocer de cada uno de los instrumentos, su pasión era ayudar a aquellos adolescentes con miles de problemas existenciales los cuales tiraban a un lado y se dejaban llevar por la música, su única banda era la banda escolar y con eso el se encontraba feliz.
Sus recuerdos fueron interrumpidos por unos cuantos pasos torpes que inundaron la habitación, el castaño llevo su mirada con una ligera mueca en su rostro al ver la enorme caja delante de una de las profesoras, acercándose rápidamente para quitar la caja de sus manos y sostenerla hasta colocarla sobre su escritorio. – La próxima vez que tome unos instrumentos prestados, debe tener en cuenta que tengo que estar presente – Explico abriendo la casa para verificar el estado de los instrumentos – Oh puede pasar una carta solicitándolos – Llevo su mirada a la profesora, quien se sorprendió sin mostrar ninguna expresión al respecto, la mayoría de sus colegas eran señoras de edad en cambio esta profesora era demasiado joven, incluso podía decir que mucho mas joven que el. – Mi nombre es Nathaniel ¿El suyo es? – Curioso comenzó a sacar cada uno de los instrumentos para limpiarlo y colocarlo en su lugar.
Gabrielle sintió como la sangre corrió directamente a sus mejillas para quedarse allí, no sabía si era por vergüenza o algo de rabia, sin embargo trató de sobre ponerse una vez que el muchacho, llamado Nathaniel había tomado la caja para alejarla de ella. “Lo siento, he dado aviso a la dirección, incluso me pasaron las llaves y me dijeron que no sacara nada con cuerdas” murmuró por lo bajo agachando un poco la cabeza, dejó escapar un suspiro para aliviarse de la tensión que había tenido en los brazos, las otras profesoras se habían burlado de ella toda la mañana por su ropa, pero a la castaña no le había importado mucho, se sentía culpable por haber sacado los instrumentos, sí, pero había sido por una muy buena causa. Volvió a observar al contrario, ahora dedicándole una sonrisa. “Yo soy Gabrielle, soy nueva aquí, como supongo te habrás dado cuenta” Acomodó sus libros en una de sus manos para poder estirar la otra y saludarle cordialmente.
“Enseño a los pequeños, por eso he tomado algunos instrumentos, espero no te moleste que lo haga nuevamente, a ellos les gusta mucho intentar tocarlos” sonrió intentando infundirle confianza “Incluso los puedo limpiar luego”















