loganwilliamsbass :
Zoey, no. Acababa de destrozarlo todo. Ya está. Se había esfumado todo el esfuerzo, todo el cariño, todas las peleas y las risas acumuladas. Aunque dijese ahora que sí, que volvía a Londres, ¿solucionaría algo la cosas? La joven sabía de sobra que este siempre había sido el sueño de Logan, hacerse un nombre en el mundo de la música. Desde bien pequeño, lo único que le proporcionaba un escape a su vida era la música, pero ahora parecía que lo único que le impedía vivirla era ella justamente. Viendo a la chica sollozar y gritar de esa manera, no pudo reprimir sus amargas lágrimas y él mismo rompió a llorar, irremediablemente. ¿Cómo poder describir los sentimientos del chico en ese momento? Había fallado a las personas que se supone nunca debes decepcionar, a aquellas personas a quien siempre debes apoyar y al lado de quienes siempre debes estar. Y no había hecho esto en absoluto, sino más bien lo contrario. Puedo decir que no, puedo volver con vosotros… Por favor, Zoey, no pienses así… Solo quería abrazarla, acercarse a ella y darle uno de sus más delicados besos en la frente y decirle que iba estar bien. Pero con miles de quilómetros de separación era imposible. Y todo parecía peor de esta forma. Y si se acababa todo aquí y ahora, ¿cómo se supone que iban a seguir sus vidas? ¿Y cómo vamos a seguir viviendo de esta forma? Verbalizó sus pensamientos, subiendo el tono de su voz por segundos. No se puede acabar todo así, me niego Zoey. No. Este último vocablo sonaba ya enfadado, frustado, cansado, asolado. Dejó caer el móvil encima de la cama, haciendo que este rebotase sobre la superfície, sin dañarse de ningún modo. Se pasó las manos por la cara, por el pelo, todo tan mojado por sus lágrimas que cualquiera diría que no había estado nadando por horas. La pantalla iluminada de su teléfono había quedado a centrímetros de él, y la miraba fijamente como si esperase que, de un momento a otro, la chica saliese de la pantalla y pudieran hablar esto “en persona”. Tras unos segundos de pensar y calmarse, volvió a tener el dispositivo entre sus manos. Más calmado, tomó aire, aún entre sollozos. Ese nunca ha sido mi plan, Zoey. Sabes que eso no es cierto… Yo… Abría su boca, pero todo lo que salían eran bocanadas de aire y más sollozos. Yo no sé qué hacer, no sé cómo mejorar esto. Sus ojos metidos en la pantalla, buscando los ajenos, aunque era imposible. En todo lo que pensaba era en esa falsa esperanza en sus pequeños, en esas interminables preguntas y en la inseguridad que les iba a crear no tener a su padre con ellos. ¿De verdad iba a ser tan mezquino y egoïsta de no volver con ellos? ¿Tanto valía su carrera? Puedo volver… Pero no tendremos ningún sueldo, no tendremos nada para seguir con el nivel de vida que hemos asolido. El joven le pasaba dinero todos los meses a su familia, incluso a su madre, para que pudiesen vivir mucho más austeramente y sin preocupaciones, no como él había vivido en su infancia. No quería que sus hijos creciesen sin padre, pero tampoco sin dinero, como él había crecido.
Lo que quedaba claro es que tenía que tomar una decisión ya, no podía mantener a la espera a la chica y a los críos. ¿Podía decir lo que fuese y ya está? ¿Cómo se seguía a partir de entonces? En realidad la chica solamente necesitaba una confirmación o negación, que el joven dijese sí o no, solamente eso.
No creo que pueda volver ahora, Zoey. Lo siento. Cuando termine el verano te prometo que sí… Pero ahora no. Os puedo pagar billetes para que vengáis aquí… Pero para mí es imposible marcharme ahora. Sentenció taxativamente, lágrimas rodando por sus mejillas, incapaz de decir dos palabras seguidas sin tener que tomar aire. ¿Era esto el fin? Alenna, Aiden… Se le rompía todo con solo pensar en ellos. Voy a volver, os lo prometo. No voy a fallaros otra vez. Dame hasta finales de verano, por favor, Zoey. Sé que estáis cansados y que esto no está siendo un camino de rosas, pero prometo que es por nuestro bien. Por nuestro bien. Créeme, por favor. Haremos lo que creas más adecuado, pero favor, no pienses que quiero más esta vida que la que podría compartir con vosotros. No pienses eso nunca, por favor.
Solo bastaron dos palabras para romperse. Todo dentro de ella se hizo añicos a las expensas de sus propias palabras. Recordaba todas las lágrimas, sollozos y dolor que soportó la primera vez que rompieron, ¿quién diría que eso solo era un calentamiento para todas las peleas que venían a futuro? ¿quién diría que este momento era combinar todo el dolor acumulado en su vida y soltarlo en unos segundos? En el momento que se sentaron sobre ese sillón y hablaron sobre la partida de ella sin aviso, sobre como él no ponía de su parte para hacerla sentir deseada, jamás pensó que los papeles se cambiarían, que ella terminaría siendo la que se daba por vencida y él quien seguía luchando por mantener el broche de oro que los unía. “No. No quiero que renuncies a eso, no quiero sentir la culpa de nuevo sobre mis hombros.” Pidió, seguro su nariz parecía una baya por tanto llorar pero eso no importaba porque él había visto mil veces aquella cereza sobre la punta de su nariz, había visto mil y un facetas de la rubia y, sin embargo, seguía dándole cumplidos cuando ella más los necesitaba, incluso cuando no. Esos pensamientos solo la hicieron quebrarse más. “No quiero que renuncies a más cosas por mi culpa.” Agregó a media voz, abrazándose a sí misma como ya era costumbre en ella. Sus piernas pegadas a su pecho, haciendo el ovillo perfecto sobre la enorme cama que ya había sido testigo de tantas lágrimas que la cuenta se perdía. “Es que no será diferente vivir así. No cambia nada el hecho de que sigamos en una relación a que no lo estemos, ¡porque no estás aquí!” Se sentía tan hipócrita, tan mentirosa. Todo lo que quería en la vida era a él, sus abrazos, sus besos, su calor propagándose por todo el colchón hasta llegar a su lado de la cama sin la necesidad de ir a treparse como un koala a su costado. Y mentía, claro que cambiaba las cosas aquel título que los mantenía unidos. Era un título que, quisieran o no, les daba responsabilidad, fidelidad y confianza, sin éste, quien sabe que cosas podrían llegar a hacer solo por despecho al otro. La simple idea de dejarlo sólo en Los Angeles, soltero y por tanto tiempo, le ponía el estómago revuelto de celos. Alzó la mirada después de unos segundos, las lágrimas aun nublando su vista, pero él seguía ahí, su voz continuaba resonando sobre las bocinas, su mirada seguía chocando con la propia, pero no era lo mismo. Ahogó un sollozo. “No necesitamos lujos. Los niños no necesitan iPads ni pantallas planas, no necesitan ropa de diseñador ni juguetes carísimos. Yo no necesito eso, no necesito diamantes ni perfumes que cuestan un mes de renta. Te necesitan a ti. Te necesito.”
Fue su tiempo de escuchar, de nuevo. Temerosa por la confirmación de aquel tiempo y a la vez ansiosa por escuchar una negativa, algo que la hiciera saber que él seguía dispuesto a luchar por ellos, por lo que aún tenían. Por fin alzó la mirada, la imagen que la recibió siendo suficiente para romper su corazón en pedazos más chiquitos que los anteriores. Quería acercar sus manos y quitar las lágrimas que adornaban las mejillas ajenas con sus pulgares, besar su frente y decirle que estaban bien, que estaría bien porque así eran ellos. Peleaban con constancia e incluso lloraban más de lo normal, tenían sus coincidencias y diferencias, pero se amaban como locos y eso era suficiente para tragarse todos los malos ratos. “Te amo muchísimo.” Musitó, sintiéndose pequeña, con el orgullo burbujeando en sus adentros. Pero era sincera, no podía decir más que eso, no podía irse sin recordarle cuánto lo quería. “¡Dios mío!” Exhaló. “Eres un idiota, Logan.” Y sonrió, por lo que se sintió la primera vez en décadas desde que inició la llamada. Pero era esa sonrisa, la torcida a la izquierda que lograba que un hoyuelo se marcara en su mejilla, esa sonrisa única y exclusiva para él, esa sonrisa que significaba un te amo y un déjame en paz al mismo tiempo. “Finales de verano, eso es todo. Y si planeas irte después de visitarnos, terminamos. Hablo en serio.”









