Odiaba las despedidas. Por lo menos, eso es lo que pensó cuando se quedó de pie a la puerta de cierta bruja, con un nudo en la garganta y un extraño pesar en el pecho. Era una sensación extraña, en especial porque nunca había tenido amigos, pero estaba segura que echaría de menos aquella posibilidad. Pero así era su vida, una cuestión de estar a punto de obtener; y perderlo todo.
Vio al gato por la ventana, observándola de vuelta, maullando con suavidad. -- Gato horrible. -- dijo, sonrisa y una mirada cómplice al minino. Tras un suspiro, se animó a dejar el paquete donde Danielle pudiera verlo. Y sin más, se dio la vuelta, cambiando su forma para no ser reconocida al andar.
Dentro del paquete, había una pequeña nota, un collar parecido al de los militares, del cual también colgaba un dije en forma de cuchillo. El collar revelaba el que fuera su nombre hace mucho tiempo, incluso antes de tener un tatuaje con el número 013 y memorias de una infancia turbia en un laboratorio humano. Ahí mismo, también estaban las llaves a dicho sitio, en el cual no hubo más que sufrimiento y muerte.
“Danielle: No soy buena para decir cosas, así que sólo diré esto: Gracias, y lo lamento. No volveremos a vernos, pero no podía irme sin dejar esto en manos de alguien confiable. Te dejo con algo que nunca le dije a nadie, ni siquiera Ares, y las llaves a un sitio que nadie debe abrir. Puedes hacer con ellos lo que quieras, enterrarlos, quemarlos, no sé. Son tuyos ahora. Cuida a tu gato feo y sobretodo, cuídate mucho. -- Atanea. “ @edevanes















