Freier (2013) de Bettina Flitner
Freier (en alemán, putero) es una serie documental fotográfica realizada por Bettina Flitner en 2013 al interior del Wellness bordell Paradise, un gran burdel ubicado en Stuttgart, Alemania. Durante aproximadamente diez días, la fotógrafa trabajó en el lugar instalando luz y cámara en las habitaciones, donde entrevistó y retrató a los puteros del burdel —los hombres que pagan por prostitución—.
Flitner les hizo una pregunta concreta: “¿Por qué estás aquí?”. Las conversaciones se extendieron desde diez minutos hasta dos horas. Posteriormente, los hombres aceptaron ser fotografiados sentados en las camas donde pagaban por dichos servicios y autorizaron el uso de sus declaraciones textuales junto a los retratos.
Los hombres retratados, con edades que van desde los 23 hasta los 73 años, respondieron con una franqueza notable. Las citas se presentan sin edición ni suavización, y pueden incluir declaraciones misóginas o racistas, ya que forman parte del discurso real de quienes sostienen la demanda prostitucional.
¿Por qué pago por sexo? Las mujeres suelen ser un fastidio. Me estresan cuando no tengo suficiente tiempo para ellas. Si quiero follar, vengo aquí y me voy. Y ya está. Una novia normalmente me aburre al poco tiempo. Y pagar por sexo tiene esa cualidad especial: eres dueño de la mujer que compras. Puedes hacer con ella lo que quieras. Eso es poder. ¿Mi última vez? Vengo al burdel seis veces por semana. A veces tengo sexo con la misma mujer, a veces con otras. Me gusta un poco más intenso, no lo habitual.
Christian, 23 años, empresario, soltero
Mi primera vez en un burdel fue hace 4 años. Las citas me estresan y me quitan mucho tiempo. En un burdel, todo es más tranquilo, sin mentiras ni ilusiones. Puedo decir honestamente que estoy soltero y no hago daño a nadie. Me gustan las mujeres con cabello negro y ojos marrones, pero no las asiáticas. No me gustan nada. Tiene que haber algún tipo de conexión entre la mujer y yo, para que ella también sienta atracción por mí. A veces miran sus relojes cuando entras en la habitación y te molestas.
Dung, 28 años, gerente junior de restaurante, soltero
Necesito mucho sexo. Y siempre me emociona tener sexo con mujeres jóvenes. También voy a clubes de intercambio de parejas. Pero normalmente hay mujeres viejas y feas. A veces contrato con escorts. ¿Mi tipo? Negras o de piel clara. Mulatas o letonas. Sin silicona ni labios inyectados. No me gustan las mujeres demasiado profesionales; prefiero las que solo lo hacen ocasionalmente. La última vez fue hace una semana. Dijo que fue el mejor sexo que había tenido. 50 euros. Lo de siempre. La relación calidad-precio es muy alta aquí.
Günther, 55 años, dueño de un bar, divorciado, 1 hijo
Soy demasiado tímido para acercarme a las mujeres. Trabajo desde casa y no salgo mucho. Este es sin duda un mundo de fantasía. Los hombres buscan ilusiones, y yo también. A veces, después del sexo, las mujeres de aquí me dicen 'te quiero', y eso es fidelidad del cliente. Me he enamorado de prostitutas dos veces. Quería ser un buen samaritano que las ayudara a salir de aquí. Pero eso ya pasó; ya no me enamoro. Ahora siempre estoy aquí por una mujer. Encajamos a la perfección, al menos en la cama. No se nada de ella.
Ingo, 43 años, asesor fiscal, soltero
Lo haces una o dos veces y de repente te acostumbras. Normalmente tengo que invitar a cenar a una mujer guapa, cuesta 100 euros y probablemente no funcione. Aquí siempre funciona. Me gustan las mujeres del sur: de España, Italia o República Dominicana. También me acosté varias veces con una colombiana, guapísima y con muchas curvas. Era muy apasionada o una gran actriz, pero de repente desapareció. ¡Qué pena!
Iwan, 65 años, mecánico de autos, soltero
Hace diez años me desperté por la noche y no podía levantarme. El corazón me latía con fuerza y llamé al médico; me llevaron a la unidad de cuidados intensivos. En ese momento pensé que mi vida podía terminar al día siguiente. Vengo al burdel una vez por semana. Llevo tres meses acostándome con la misma mujer. Hoy pasé dos horas con ella. La verdad es que, si voy a un club, ya no me gustan las mujeres normales. Sus cuerpos. Aquí usan talla 34 o 36.
Joachim, 58 años, ingeniero, divorciado, 1 hija
¿Por qué voy a burdeles? Jamás ligaría con mujeres como las de aquí. Y aquí puedo pasarme de la raya. Por ejemplo: sexo anal. Jamás tendría el valor de pedirle algo así a una mujer normal. Aquí solo cuesta 100 euros más. No me gustan las mujeres muy jóvenes ni las muy delgadas. Pueden tener pechos normales y una pequeña barriguita femenina. Llevo tres meses acostándome con la misma mujer dos veces al mes. ¿La última vez? La semana pasada.
Kai, 49 años, banquero, divorciado, 2 hijos
Tenía 17 años cuando fui a un burdel por primera vez. Con el primer dinero que gané. Ir a esos lugares es pura relajación para mí. No hay charlas triviales, las chicas son inteligentes y están preparadas para tus preferencias. Y eso puede volverse bastante adictivo. Tuve novia durante 4 años, pero siempre acababa saliendo el tema y la relación terminaba. Ahora mis visitas son por trabajo: estoy desarrollando una plataforma online con un amigo que crea coartadas para los clientes.
Ralf, 28 años, científico informático, soltero
Cuando se discute sobre la prostitución, quienes están a favor de su regulación dejan de lado arbitrariamente las opiniones de los puteros, porque sus discursos revelan las expectativas de acceso al cuerpo de las mujeres y las dinámicas de poder implicadas en su explotación sexual.
En la serie fotográfica de Flitner apenas se vislumbra la punta del iceberg del mundo de la prostitución. Al tratarse de hombres que muestran sus rostros mientras expresan sus opiniones como puteros, es probable que hayan optado por autocensurarse para no perjudicar su reputación ni exponer abiertamente lo que piensan sobre las mujeres, tanto las que se encuentran en situación de prostitución como las que están fuera de ese ámbito. Aun así, a lo largo de sus testimonios pueden apreciarse comentarios y guiños sugerentes que permiten entrever actitudes y concepciones misóginas.
Basta con revisar sitios web como Die unsichtbaren männer, que recopilan testimonios publicados por puteros bajo el anonimato característico de internet, para comprender que los discursos expresados en esos espacios suelen diferir de los que sostienen públicamente. Al no estar expuestos al escrutinio social, muchos manifiestan con mayor franqueza sus percepciones sobre las mujeres en situación de prostitución, sus expectativas como “compradores” y la forma en que conciben la transacción sexual. En esos testimonios son frecuentes las descripciones cosificadoras de las mujeres, las referencias a ellas en términos de consumo, las expectativas de disponibilidad sexual asociadas al pago y, en algunos casos, comentarios atravesados por estereotipos sexistas o raciales. Si la serie de Flitner permite entrever algunas de estas concepciones, los testimonios anónimos recopilados en ese tipo de sitios muestran con mucha mayor claridad la lógica y el lenguaje con que numerosos puteros describen a las mujeres y la prostitución.
Quienes defienden la prostitución terminan legitimando las concepciones misóginas presentes en muchos de los discursos de los hombres que sostienen la demanda y, con ella, la explotación sexual. Un hombre no puede no ser misógino y, aun así, acudir a un burdel, porque el acto de pagar por obtener acceso sexual al cuerpo de una mujer implica asumir que ese acceso puede convertirse en un objeto de compra y que el consentimiento puede obtenerse mediante una contraprestación económica. Para el abolicionismo, esa lógica constituye una forma de cosificación incompatible con la liberación de la mujer. Por ello, aunque un hombre no se considere misógino, al acudir a un burdel sostiene una institución basada en la subordinación de las mujeres y en la idea de que sus cuerpos y su sexualidad pueden estar disponibles para quien pueda pagarlos. En consecuencia, esa conducta sigue siendo misógina, no porque dependa de las intenciones o de la autopercepción del comprador, sino porque reproduce y legitima un sistema sustentado en creencias y prácticas degradantes hacia las mujeres.
Flitner, Bettina. “Freier I Johns.” Bettina Flitner, www.bettinaflitner.de/portfolio-1/freier-johns-r5wa7.
Floraisons. “Freier.” Floraisons, https://floraisons.blog/freier/.
Revoluções e Traduções. “Prostituição: Palavra dos Homens.” Medium, https://medium.com/@revolucoesetraducoes/prostitui%C3%A7%C3%A3o-palavra-dos-homens-c788fc23c8d0.