—Disculpa, ¿me prestarías fuego?… olvidé mi mechero en casa y no concibo una fiesta sin un whisky y un buen tabaco— comentó el castaño a la primera persona que pasó.
“Whisky y tabaco” repitió, arqueando una ceja al escuchar las palabras del chico. “¿acaso tienes cincuenta años?” preguntó con sarcasmo, al tiempo que sacaba el mechero de su bolso y se lo extendía al castaño.
















