hello vonnie

Game Changer & Make Some Noise

ellievsbear
todays bird
Color Me Curious
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
ojovivo
art blog(derogatory)
macklin celebrini has autism
Doug Jones

#extradirty
RMH

pixel skylines

tannertan36
untitled

Discoholic 🪩

titsay
TMBGareOK. The Official They Might Be Giants tumblr
Today's Document
seen from United States
seen from Australia

seen from Germany
seen from Vietnam
seen from United States

seen from United States
seen from Uruguay
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from Singapore
seen from Lebanon
seen from United States
seen from Uzbekistan
seen from United States
seen from Singapore
seen from India
seen from Türkiye
seen from Malaysia
@anomalics-blog

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
thayer
Había sido necesario ese intervalo, a pesar de lo mucho que disfrutaba besándola y en lo adictiva que empezaba a transformarse aquella sensación, creyó que si quería evitar un desastre tenía que llevar la situación con cierto cuidado. Las palabras habían salido de su garganta con gran precisión, porque era justo lo que necesitaba saber, lo primero que deseo preguntar antes de caer nuevamente al encanto que tenía la forma en que otorgaba las caricias, el modo en que los labios ajenos permitían ser apropiados por los suyos. Hizo silencio al observarla en espera de una respuesta, aunque por un par de segundos fue capaz de creer que había sonado demasiado brusco, que quizás su manera de interrumpir no había sido la mejor, ni la más sútil. Sin embargo, esa clase de suposiciones se diluyeron al oírla hablar, a pesar de que sus primeras líneas fueron algo confusas. Creyó que tal vez, no había comprendido que su pregunta iba más allá de ese tipo de miedos, que se refería a algo más profundo. Pero de inmediato supo que simplemente evadía el tema, porque ella era lo suficientemente capaz (y mucho más) para darse cuenta acerca de lo que él intentaba hablarle. Aún así sonrió ligeramente por la respuesta, por oír de insectos y payasos, que nada tenían que ver con la situación. Sin embargo, no la interrumpió, no dijo nada, solo la escuchó y finalmente, por último se anticipó que había comprendido. La breve pausa fue el indicativo que las palabras tomaban otro rumbo y lo que siguió, lo tomó por sorpresa. —¿No es evidente?— respondió sin más, porque simplemente mentir marcaba un enorme ausente en sus opciones. —Lo siento, debería ser más claro— reconoció, a lo que continuó hablando. —Si, Nael. He pensado en ello desde la noche de la fiesta, y no podría negartelo— pensaba que era una obviedad. —Entonces, ¿eso es lo que te preocupa?— inquirió una vez más, ansiando aclarar lo que les tocaba afrontar.
Sus labios se entreabrieron ligeramente a modo de sorpresa en el momento en que escuchó las palabras ajenas, desviando su mirada de los ocelos contrarios al sentirse expuesta, y ni siquiera sabía por qué, ya que no era ella la que estaba haciendo algún tipo de confesión. Mordisqueó su labio inferior con nerviosismo, sin estar completamente segura de qué decir, ni cómo responder a aquella pregunta que el australiano formuló. Creía que debía ser sincera, después de todo él lo había sido cuando podría haber contestado cualquier otra cosa, tal y como ella había hecho respecto a sus miedos. Asintió, un simple movimiento de cabeza para darle a entender que sí, aquello le preocupaba. "Pero... no sé por qué." Y ahí iba otra mentira. "Quiero decir, sé por qué, pero... no debería." No sabía cómo explicarse, su dificultad para expresarse le jugaba en contra una vez más, y se maldijo a sí misma por ser tan inútil en ocasiones. Comenzó a jugar nerviosamente con sus uñas, atreviéndose a alzar sus zafiros a encontrarse con la mirada ajena. "No sé cómo hacer esto." Susurró, elevando sus hombros en un ligero gesto teñido de inocencia. Realmente no sabía. Era como si toda su inexperiencia referido a diversas situaciones se hubiese concentrado en ese preciso momento, impidiéndole hablar y pensar con claridad para expresar realmente lo que quería decir; se sentía incapaz de hacerlo. Quería hablar, quería decir algo de lo que cruzaba por su mente, explicarle que ella no podía involucrarse sentimentalmente con alguien más, y tantas otras cosas que simplemente no encontraban la manera de escapar de sus carmines.
thayer
Arremetió contra sus propias inseguridades, obligándoles a desaparecer mientras sus labios se acoplaban a los contrarios y se sentía cada vez más sumergido en algo que pretendía mantener en ese instante, porque le agradaba, porque le gustaba la sensación. Los roces sobre su piel, incluso se percibían más intensos y probablemente se debía al hecho de que no llevaba ninguna prenda como intermediaria entre el contacto y la calidez que emanaban las caricias ajenas. Aún sostenía sus manos aferradas a la cintura contraria, al mismo tiempo que sus pulgares se abrían camino acariciando el área que cubría sus costillas y así, planeaban ascender poco a poco. Tenía los ojos cerrados, disfrutando de lo que todo aquello provocaba mientras sus labios continuaban trabajando del mismo modo, capturando los ajenos, aumentando o disminuyendo el ritmo, tanto como fuera necesario. Pensaba en lo que sucedía, en lo bien que se sentía aquel privilegio de besarla, pero también pensaba en ella y deseaba que estuviera disfrutándolo del mismo modo. Le importaba lo suficiente para ser precavido, cuidando de no hostigarla o llevarla hacia un camino, por el cual quizás, no se sentía tan segura. —¿De qué tienes miedo?— preguntó cuando se separó, todavía sus dedos sujetando el torso contrario y lidiando también con su respiración, que se había hecho acelerada y profunda. —Puedes decírmelo— incitó la confianza y la contempló (gracias a la tenúe luz de la linterna) como si estuviera admirándola. Porque así se veía, hermosa.
Se dejó llevar por la danza de sus labios, disfrutando del contacto, de la electrizante sensación que recorrió su espalda ante las caricias ajenas. Sentía su corazón golpetear contra su pecho de manera acelerada, la sangre recorrer sus venas con más rapidez, aunque fuese simplemente una sensación. En el momento en que se apartaron, permaneció prácticamente inmóvil, con los ojos cerrados y la intención de regularizar su respiración, que acelerada, provocaba que su pecho subiera y bajara notoriamente. Presionó sus labios entre sí ante la pregunta, sintiéndolos latir ligeramente ante el previo contacto contra los del australiano. Apartó su mano del cabello ajeno, extendiendo sus dos brazos a los costados de su cuerpo y finalmente abrió los ojos, alejándose unos pocos centímetros para poder verlo, pero sin intenciones de romper la cercanía. "No tengo miedo." Susurró, segura, pero sabiendo en su interior que estaba mintiendo. No quería ocasionar ningún tipo de situación incómoda respecto de su relación, fuese cual fuese. "Quiero decir, no soy fanática de las tormentas ni de los insectos, pero no me dan miedo" Parloteó, reconociendo que estaba diciendo cosas sin sentido y probablemente matando cualquiera fuese la magia del momento. " Payasos, sí, esos me dan miedo." De pequeña unos niños más grandes del orfanato le habían realizado una cruel broma y desde ese día odiaba a los payasos. "Yo... yo te..." hizo una pequeña pausa, tragándose cualquier tipo de duda que pudiese generarse en su interior en ese momento y se dejó guiar por el impulso que ni siquiera sabía de dónde le nacía, pero lo preguntó: "—¿yo te gusto?"
thayer
El sonido exterior lo alertó, captando su inmediata atención aunque apenas pudo sostenerla unos cortos segundos. Ella delante de él invocando aquella intensa cercanía provocó que su preocupación emprendiera a deshacerse con tanta rapidez, del mismo modo que lo hizo ese extraño ruido que ya no se sintió. Quizás había sido un guardia, un insecto o un animal, pero cualquier opción probablemente ya se había alejado, o al menos a Thayer ya no le importaba demasiado. —No lo creo. Ha sido un error— si, había sido un error el dejar de besarla para detenerse ante un hecho insignificante, que incluso en ese momento ya había olvidado por completo. —¿Y tú? ¿Acaso te estabas burlando de mí?— murmuró divertido, al mismo tiempo que las caricias proporcionadas por la contraría empezaban a causar un efecto en él, siendo electrizantes y agradables, todo al mismo tiempo. Y sentía miedo, claro que lo sentía, y se trataba de una incertidumbre que de pronto se esmeraba a bloquear sus impulsos, impidiéndole que se dejase llevar por lo que realmente quería. En primer lugar, temía en perjudicar a la chica, temía no ser lo suficientemente bueno para sobrellevar una situación como aquella dentro del campamento, regido por las reglas. Y temía que esa conexión se convirtiera en una debilidad para ambos, haciéndolos perder. Pero, ¿por qué tenía que ver solo el lado negativo, cuando había comprobado que de una manera u otra, se hacían bien? ¿Por qué entonces, se empeñaba en buscar razones para negarse? Todo se debía al miedo y en ese instante, supo que ya no podía dejarse guiar por el. Así que tras lo último que pronunció, sus manos se aferraron a la curvatura de la cintura femenina con énfasis, atrayéndola con suma decisión una vez más hasta él y hasta sus labios, que se encontraban deseosos de tocar los contrarios nuevamente.
Mentiría si dijera que no tenía miedo, pero no lo que fuese que los había interrumpido, sino por el hecho de que algo en el campamento la estaba cambiando. No sabía si eran las personas a su alrededor, no sabía si se trataba de aquella obligación ciega e irreal de socializar con los demás campistas, no sabía si era el hecho de haber hablado de su situación con dos personas diferentes, descubrir que había alguien en quien podía confiar. Pero, si debía ser completamente sincera, no se encontraba completamente segura de saber si aquello le gustaba o no. De todas formas, no era algo en lo que se detendría a pensar en ese momento. "Quizás." Susurró con aires burlones, mordiendo su propio labio inferior al momento en que terminaba deslizando su mano sobre el brazo ajeno. El repentino acercamiento al cuerpo ajeno fue más que bien recibido, cerró sus ojos y sus labios se entrelazaron con los contrarios en un nuevo encuentro. Nunca estaba segura hasta dónde llegarían, cuándo entrarían en razón, pero no podía importarle menos. Se aproximó más hacia el cuerpo ajeno, inclinándose un poco hacia él para obtener un mejor acceso hacia sus labios, que con el correr de los días había probado ya unas cuantas veces y sin embargo parecía no cansarse. Subió nuevamente su mano hacia su nuca, siguiendo su camino hasta enredar sus dedos entre los oscuros mechones de su cabello. Ansiaba su contacto, su calor, y quería creer que era simplemente porque se trataba del australiano y no porque simplemente añoraba ese tipo de cosas, la calidez que una sola persona había sido capaz de brindarle en su vida.
noah
No pudo evitar una pequeña risa al oírle. La idea de venganza era algo que tenía bastante presente aún cuando sabía que no iba a poder hacer nada más que dedicarle el más pleno vacío, era algo personal que sencillamente prefería encargarse por si mismo algún día. Volvió a suspirar. No le gustaba la idea de abrirse a la gente y mostrar un mínimo de confianza, entre todas las cosas que podían aterrarle, ser traicionado de nuevo por alguien que apreciaba era la peor de todas. Optó, entonces, por dejar de pensar en ello y centrarse en el propio presente; ambos en la privacidad de una tienda sin nadie que pueda molestarlos. “ Con que me mantengas vivo me conformo, ¿no decías que me ibas a proteger? ” Bromeó, girándose hasta quedar de costado y poder apreciarla un poco mejor. Le encantaba fijarse todo cuanto podía en una cara bonita, poco le importaba ser tan superficial. “ Me alegro de haber acabado aquí contigo y no con algún instructor amargado o con aires de filósofo. O peor, un campista poco inteligente, he visto muchos. ” Acarició el dorso de la mano contraria con el pulgar, suavemente. “ Igual me tiraban por algún acantilado y sería terrible. Soy demasiado joven para morir aún. ”
"Lo dije... y lo haré." Aseguró, esbozando una pequeña sonrisa, manteniendo su mirada fija en la ajena y apenas moviéndose, girando un poco su cuerpo. No creía que hubiese demasiado de qué protegerlo si debía ser sincera, pero llegado el caso, no le molestaría hacerlo. Sí, quizás era hombre, mayor que ella y más alto, pero seguía pareciéndole algo indefenso, cosa que era bastante extraña en un lugar como ese. Sintió sus mejillas arder en cuanto escuchó aquellas palabras y sintió el suave roce contra su mano; una pequeña sonrisa divertida surcando sus labios al escuchar aquello. "Quizás seamos criminales, pero no creo que nadie vaya a tirarte por un acantilado." Simplemente porque cualquier acción de ese tipo los enviaría directo a prisión, y si estaban allí, era porque habían decidido evitarla. "Entonces... ¿piensas que soy inteligente?" Inquirió en un susurro, una pregunta realmente sincera. No se creía inteligente, nunca lo había sido. Ni siquiera había finalizado la escuela, y cuando asistió, no le resultó para nada sencillo. No era estúpida, eso lo sabía, pero siempre había pensado que inteligente era una palabra demasiado grande para ella.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
noah
Ante la repentina cercanía contraria, Nael desvió su mirada hacia abajo por unos segundos, pero no pudo evitar regresarla hacia los orbes contrarios cuando sintió el contacto de su mano contra la propia. Sus zafiros se fijaron en los ocelos contrarios y no dejó ir el agarre. Escuchó con atención aquella pequeña historia, no era la primera vez que escuchaba a alguien más decir que no merecía estar allí, pero en esa ocasión, sí le creía. "Yo te creo." Aseguró en un murmuro, apenas elevando sus hombros. "No luces como un criminal —bah, ni siquiera luces como alguien que podría hacer algo malo. Pero yo puedo... ya sabes, vengarme de tu hermana por ti." Tiñó sus palabras de un deje divertido, no iba a entrometerse en su vida familiar, por más de que tuviese curiosidad de conocer qué era lo que había llevado a su hermana a inculparlo. Sabía que indagar en la vida de los demás, provocaba una pregunta hacia ella, y no se sentía lista para andar soltando verdades por ahí, aunque Noah le agradara.
tabitha
“Tenemos diferentes significados, entonces.” creía fielmente en sus palabras, pues aunque no estuviera de acuerdo con la dueña de áureos cabellos no se pondría a discutir, no cuando podía simplemente gozar de su pequeño placer. El cilindro se consumía entre sus dedos, su mirada perdida entre el horizonte y las gotas de lluvia que caían cada vez con más intensidad, sus pulmones llenándose por aquel delicioso aroma de tierra mojada. “Estoy bien” mentiras, jodidas mentiras. Odiaba aquel nuevo panorama, las largas y sofocantes caminatas, los mosquitos comiéndola viva y el miedo por ser picada por alguna abeja, simplemente la consumía, pero era buena para mentir, sus facciones neutrales no dejaban a la vista siquiera un ápice del terror que la consumía. “si por mi fuese no estaríamos aquí” el cilindro se posó en sus labios carmín, una calada buscando calmar sus nervios “odio caminar.” soltó más para ella, con el humo acompañando sus palabras.
Quería creer que el día que pudiese realmente comprender a Tabitha, se trataría de alguna clase de milagro, algo en lo que si debía ser sincera, no creía. Por esa razón, había decidido dejar de esforzarse, por más de que la personalidad contraria se le hiciera de lo más intrigante, y en el fondo era una de las personas allí dentro que más le agradaba, sin estar completamente segura del por qué, no tenía intenciones de insistir. "Lo de caminar no es lo mejor, pero no me disgusta estar en la naturaleza." Explicó, a pesar de que su opinión no había sido pedida por la contraria. "Aunque me siento bastante desprotegida, si es cierto que hay animales aquí y todo eso, podríamos morir en cualquier momento." Sí, quizás estaba siendo demasiado dramática, pero si esas palabras eran verídicas, entonces corrían riegos a cada minuto.
noah
“ Tal vez cuando era pequeño. “ Devolvió el suave empujón como reproche, pero optó por dejar el peso de su cuerpo sobre la foránea y, por qué no, posar la cabeza en su hombro en busca de algo de paz y tranquilidad, sin contar que la muchacha no era la única que estaba cansada. “ Yo puedo decirte que es el día más cansado de la mía, esta gente no sabe hacer nada más que jodernos. “ No se contuvo a la hora de hablar, estaban los dos juntos sin nadie que pudiera decir nada ni quitarle la razón. “ Debería de estar en mi casa chateando con alguien, no ensuciándome las botas y esperando por no ser devorado por nada. “ Resopló, levantándose del tronco para dirigirse hacia la tienda de campaña, tiró dentro sus pertenencias y luego se sentó en la entrada de esta, mirando hacia la campista. “ Prefiero recoger mugre a estar en medio de la nada. “ Y ahí concluyó sus quejas. “ Voy a morir. “ Finalizó, tirándose hacia atrás para echarse y dejar solo las piernas visibles.
Observó de reojo al mayor en el momento en que sintió el peso de su cabeza sobre su hombro, una media sonrisa estirándose en la comisura derecha de sus labios, simplemente porque le resultó una acción bastante adorable. Escuchó las quejas contrarias, sin apresurarse a objetar ni opinar al respecto, observando cómo se adentraba en la tienda y dejando escapar una ligera risita ante la conclusión de aquel monólogo, y la divertida imagen de las piernas contrarias. Se puso de pié, levantando su mochila del suelo para adentrarse ella también en la tienda. Dejó su mochila a un lado y se recostó junto al contrario, alineando su cabeza con la contraria y girándola para poder mirarlo. "La vida social no es lo tuyo, lo entiendo. Pero, tampoco es lo mío, y dudo que lo sea de cualquiera aquí. No vas a morir, te dije que no lo permitiré. Y... deberías verle el lado positivo, aquí en medio de la nada puedes dormir conmigo." Comentó con burla escabulléndose entre las sílabas.
dante
Su mano derecha planeaba obedecer, se elevó tranquila con la intención de acercarse al insecto para que se alejara de la ubicación tal y como lo solicitó la muchacha, sin embargo a medio camino se detuvo. La mariposa posada en el rubio cabello de la campista lucía totalmente inofensiva. “Te juro que nunca vi un insecto tan contento en el lugar donde está.” la reflexión salió disparada justo después de dejar caer su muñeca sin haber hecho nada al respecto.
Entrecerró los ojos ante las palabras pronunciadas por el castaño, confusa ante la negativa reacción de quitar el insecto que se paseaba por su cabeza. "¿Y debería importarme la felicidad de un insecto?" Sacudió la cabeza de un lado a otro y elevó su mano hacia su cabello para revolverlo y así lograr que dicho insecto la abandonara, pero no fue necesario, porque pudo ver la mariposa alejarse volando de su cabeza, cosa que provocó que una ligera sonrisa se formara sobre sus labios. "Gracias por tu ayuda, chico del brasier." Comentó con divertida ironía.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
thea
Observó la lona, luego las piezas clavadas en la tierra. No estaba segura respecto al siguiente paso ni el procedimiento que debía seguirse, su vacilo se reflejaba en la expresión sobre su rostro. Sin embargo, decidió guardarse todo comentario pesimista y, sin oponerse al plan de la otra campista, tomó el extremo de la lona que se le fue indicado mientras sentía con la cabeza, dejando en claro que había comprendido. “Entendido,” respondió lacónicamente, dedicándole una nueva mirada a la menor, con las cejas ligeramente arrugadas. “Démonos prisa. Está por anochecer, y dudo que nos resulte posible terminar con ésto sin luz alguna,” comentó, para luego pasar a moverse un par de pasos lejos de ella, extendiendo la lona en el proceso y después hacer el intento por colocarla finalmente sobre la estructura.
Asintió, definitivamente la inglesa tenía un buen punto. Aseguró la lona entre sus manos para luego, con la ayuda contraria, dedicarse a colocarla sobre la estructura, que parecía realmente frágil pero... ella no la había diseñado, se suponía que debía de aguantar, ¿verdad? Definitivamente eso esperaba. No fue trabajo fácil, pero finalmente pareció que el trabajo estaba finalizado. "Creo que hay que asegurarla a las varillas desde dentro —por cierto, ¿compartiremos tienda?" Inquirió, no tenía ninguna intención de armar otra. Se adentró en la tienda para, efectivamente, sostener la lona a las varillas con tiras de tela que parecían estar allí para eso, como también ajustó las estacas también desde dentro, creyendo así que se sostendría con más facilidad.
thayer
Comprobó una vez más lo bien que se sentía alcanzar los labios ajenos, tocarlos con los suyos, perderse en ellos, dejándose llevar por la sensación que lo despegaba de la realidad haciéndole sentir que todos sus problemas desaparecían, que nada más importaba. Se sumergió con intensidad en aquella sensación en el momento exacto que Nael respondió, percibiendo como movía sus labios siguiendo su ritmo y el modo en que sus dedos dibujaban caricias por entre su cabello. Sus manos, en cambio, se encontraban sujetando los laterales del rostro contrario, como si la proximidad que mantenían nunca fuera suficiente. Aún no encontraba la razón exacta para explicar su forma de actuar, en realidad había más de un motivo, una variedad de sensaciones que ella le provocaba y eso le generaba un especie de cosquilleo que le impedía pensar con frialdad. Simplemente no conseguía resistirse, eso era todo lo que podía explicarse. El tan solo contemplar su labios un segundo, fue suficiente para desear hacerse de ellos una vez más y así, volvía a estar inmerso en ellos, capturandolos, acariciándolos una y otra vez con los suyos. Solo hubo un detalle que lo liberó de los encantos ajenos, siendo un ruido que escuchó a escasos metros de ellos. Probablemente era un guardia, cumpliendo con su turno, vigilando. Pero aún así, se despegó conservando la cercanía, inmóvil y expectante con lo que sucedía fuera. Lo único que emitió fue un gesto, elevando su dedo indice hasta sus labios para modular un sigiloso “shh”.
Algo dentro de ella le pedía a gritos que se apartara, que no estaba bien dejarse llevar, que las cosas terminarían revoltosas y un desastre, cosa que no era inusual para la francesa. Pero si debía ser sincera, no deseaba apartarse. La cercanía con el australiano no era simplemente física, a pesar de que no podía contemplar la idea de que también se tratara de algo más. Acallando los gritos en su interior, se dedicó a saborear los labios contrarios con suavidad, dejándose llevar por lo que fuese que la guiaba a continuar con aquello; hasta que el contacto se rompió gracias al sonido que irrumpió en aquel silencio. Entreabrió los ojos para buscar los ajenos, emitiendo una suave risita ante la acción del contrario, la cual ahogó instantáneamente para no llamar la atención de quien fuese que rondaba fuera, si es que realmente se trataba de un alguien. "¿Tienes miedo?" Inquirió en un suave susurro, soltando las palabras contra los labios ajenos, sin apartarse siquiera un poco y acariciando la piel de su cuello con las yemas de sus dedos, recorriendo con suavidad hasta seguir su camino sobre su clavícula y hombro, aprovechando la ausencia de una prenda que cubriese el torso ajeno. No quería arruinar nada, pero tampoco quería retener sus impulsos, simplemente porque no se sentía correcto hacerlo, y no estaba segura por qué. Había perdido su identidad poco más de un año atrás, quizás toda aquella experiencia del campamento le ayudaría a encontrarse nuevamente.
thayer
Nada le costó repasar las cosas que le agradaban, mencionándolas una por una, reparando en las que creía, la hacían más especial. Desde el primer día que la vio, cuando irrumpió su tranquilidad en aquel lugar alejado del campamento, comprobó lo divertida que podía llegar a ser y lo demás, fue surgiendo a medida que terminaban reunidos por algún u otro motivo. Era evidente que Thayer había comenzado a mirarla con otros ojos, razón que lo distrajo cuando terminó su respuesta, olvidando que le tocaba su turno para preguntar. Es que lo que empezó como un juego, había pasado a ser una conversación que les permitía conocerse más y mostrarse sinceros. Así lo veía él en aquel punto. —Es la verdad, no es necesario que me agradezcas por hacértela saber— aseguró, a lo que siguió con una leve sonrisa, que se mostraba tranquilizadora en su rostro. Mientras tanto, se removió en su lugar, permitiéndose girar su cuerpo un poco par quedar frente a ella y así, conseguir verla a los ojos sin ningún tipo de esfuerzo. —No tienes que decir nada— su mano se elevó para realizar el simple acto de acariciar una de la mejillas contrarias, dado que no se resistió luego de que ella le inspirase cierta ternura. Percibía aquella tensión, como si ambos deseasen romper la distancia, pero ninguno se atreviera a tomar los riesgos que eso conllevaba. Podía notar la mirada ajena en sus labios y no lo negaba, estaba haciendo un gran esfuerzo por continuar manteniendo la escasa lejanía, pero lejanía en fin. Fue él de pronto, quién se arriesgó y la caricia cesó para darle lugar a sus labios, que buscaron los contrarios con dulzura y una cautelosa lentitud.
Sabía que no tenía que hacerlo, con Thayer, sabía que no tenía que forzarse por hablar cuando no quería hacerlo o no sabía qué decir, porque no importaba que se encontraran en silencio, no le resultaría incómodo. Se permitió cerrar los ojos en el momento en que sintió el suave tacto de su mano contra su mejilla, mordiendo interiormente su labio inferior. Abrió los ojos en el momento en que sintió que el contacto desaparecía, pero no tuvo tiempo siquiera de reaccionar antes que el choque de sus labios provocó que volviera a cerrarlos. Se mantuvo inmóvil en un principio, a pesar de que no era la primera vez que lo besaba, temía que las cosas comenzaran a complicarse, una sensación de inminente ansiedad se apoderó de ella, pero decidió ignorarla, hacerla a un lado y así finalmente sus labios comenzaron a moverse contra los contrarios. Acompañó el suave ritmo impuesto por el mayor, al momento en que su mano derecha se abría paso hasta colocarse sobre la nuca ajena, acariciando con suavidad los oscuros mechones de cabello. Su cabeza le decía que se apartara, que simplemente estaba confundiendo al australiano y que era demasiado bueno como para involucrarse con alguien como ella... pero, ¿desde cuándo Nael escuchaba a la voz de la razón dentro de ella? La respuesta era nunca, razón por la cual mantuvo la danza de sus carmines contra los contrarios, disfrutando de la paz que aquello le traía.
thayer
—Espero que tengas razón— se encogió de hombros, sonriéndo ligeramente una vez al comprobar la buena impresión que causaba, dado que ella era la única ahí dentro que hasta el momento, lo conocía sin ningún tipo de mascara o pretexto. Oyó la frase “demasiadas cosas” y frunció el entrecejo, haciendo un esfuerzo por comprender como era posible que siendo tan joven cargara con tantos arrepentimientos. —No creo que eso haya sido tu culpa. Tenías tres años, Nael. Nadie es realmente consciente de como se comporta a esa edad— no se contuvo a divergir, así lo veía desde su humilde perspectiva. —Ellos se equivocaron al no darle una oportunidad a una niña de tres años— insistió otra vez dejando sumamente en claro como veía la situación desde su punto de vista. Contempló en la proximidad la expresión que resaltaba en la fémina mientras formulaba la pregunta, dándole luego lugar para que él emprendiera a responder. —Que siempre tienes alguna ocurrencia divertida, que la mayoría de las veces que te veo siempre estás sonriéndo, pero aun cuando no lo estás haciendo te ves muy linda igual— contestó, a lo que aún agregó más. —Que pueda confiar en ti, además de pasar buenos ratos, seas capaz de escucharme. Y el hecho de que seas impredecible, porque siempre estás mostrándome algo nuevo— fuese un talento, una anécdota o una idea, Nael conseguía mantenerlo expectante todo el tiempo.
Sintió cómo lentamente su visión se volvía borrosa, sus ojos cubriéndose de una fija capa de lágrimas que amenazaban con descender por sus mejillas. No entendía cómo alguien podía ver tantas cosas buenas en ella, o mejor dicho, cómo esas características propias que llevaba consigo desde siempre pudiesen ser algo que llamara la atención a sus ojos. Así era ella, su vida, impredecible y lejos de ser monótona, por eso siempre tenía que estar haciendo algo nuevo, fuera lo que fuera, y Thayer se había visto arrastrado a ello unas cuántas veces. No estaba completamente segura de qué podría decir, las palabras nunca habían sido su fuerte, menos cuando se trataba de una situación como aquella. "Gracias." Susurró, en un tono suave y apenas audible, debido a la cercanía no era necesario elevar la voz, ni tampoco le apetecía hacerlo; era como si la tonalidad de su voz se acoplara con la tranquilidad del exterior, mezclándose con los sonidos de la naturaleza y la brisa chocando contra la tienda. Entreabrió los labios, queriendo decir algo más, pero viéndose incapaz de hacerlo, por lo cual lo comunicó: "Yo no —no sé qué decir en realidad." Sus hombros se elevaron en un suave e infantil gesto, cargado de inocencia, que a pesar de todo, de alguna manera u otra, allí seguía. Se había olvidado por completo de aquel juego, de las preguntas y los turnos, simplemente concentrada en las facciones ajenas, desde sus ocelos hasta sus labios, los cuales observó por un par de segundos, pero no tardó en regresar a su mirada.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
thayer
Lo cierto era qué ambos tendrían tiempo para pensar en el futuro. En su caso, contaba con un año y medio para imaginar una y mil veces, como continuaría su vida tras salir de ese campamento. Por ende, comprendía que la chica aún no tuviera ese tipo de decisiones resultas y entonces asintió, como señal de que comprendía su punto de vista. En dos años muchas cosas podían ocurrir, quizás influirían o no en sus decisiones, pero no había dudas de que saldrían de allí con ciertos cambios a la hora de pensar. Al hablar de enamorarse no se echó atrás a la hora de admitir que solo una vez se sintió en aquel estado, aún así teniendo una buena reputación entre las chicas. Se halló muchas veces saliendo con alguna, por semanas o meses, pero solamente una significó realmente amor para él. —Te dejaré con la intriga— bromeó ante la pregunta, frase que ultimó con una suave risa divertido. Lo siguiente que indagó, tan rápido como llegó lo sacó a relucir, esperando con cierta ansiedad la respuesta que vendría. Necesitaba saber que concepto tenía de él, porque le importaba lo que ella pensara. —Suficiente. Comprendí que soy el raro del grupo— con humor, mencionó luego de oír aquellas palabras consideradas y volvió a sonreír, como muestra de que seguía bromeando pero al mismo tiempo, se despertó una agradable sensación dentro de él mientras la escuchaba. —¿Pretendes que arruine esos brillantes conceptos? Está bien, tengo miles— toda persona los tenía, en cantidades iguales probablemente. —Puedo ser muy impulsivo, lo que a veces me juega en contra. Cuando estoy enojado, soy realmente difícil de tratar. Solo la gente que me conoce muy bien lo sabe— ahí, tranquilos y a solas, no le costaba admitir sus errores. —También sé que tengo que dejar de ser rencoroso, perdonar es algo que me cuesta. Y bien, ¿ya arruiné mi buen concepto?— podía seguir, pero consideró que con todo aquello ya bastaba. —¿Hay algo de lo que te arrepientas?— volvió a indagar tomando su turno, una vez más sin modificar sus ocurrencias.
Y bien como lo había imaginado, el australiano no fue capaz de arruinar el concepto que traía de él. Aunque hubiese mencionado sus defectos, a la francesa no le resultaban más que cosas menores, que no alcanzaban a oscurecer la blanca superficie que presentaba el mayor. Negó suavemente con la cabeza ante aquella pregunta. "Dudo mucho que puedas hacerlo alguna vez." Y no mentía. Thayer le resultaba una persona fuera de lo común, por lo menos lo que era común para ella. Estaba acostumbrada a vivir en un mundo en el que todos estaban por su cuenta, y sin embargo él le mostraba otra realidad, desde cómo se comportaba con ella hasta conocer la historia de su familia. "Demasiadas cosas." Aseguró, prácticamente se arrepentía de toda su vida. "No tuve demasiadas oportunidades de tener una vida normal. Me contaron que cuando tenía unos tres años, una pareja tuvo una especie de entrevista conmigo para adoptarme y aparentemente me comporté terrible y por eso no me adoptaron. Supongo que me arrepiento de eso." No estaba segura de cómo era aquella pareja que se había interesado en ella tanto tiempo atrás, pero quizás todo hubiese sido mucho más diferente si la adopción era llevada a cabo. Giró su rostro a encontrarse con el contrario, sus zafiros enfocándose en los ocelos contrarios. "¿Qué te agrada de mí?" La pregunta se desvaneció en un suave susurro, al momento en que mordisqueaba su labio inferior.
thayer
Las palabras habían escapado de su boca, de un modo tan ligero y veloz, que no consiguió retenerlas. Fue inevitable recordar a grandes rasgos lo sucedido en la playa, por la simple razón de que era el recuerdo más cercano y agradable que sostenía su memoria. Luego entonces, se apresuró a formular la siguiente pregunta como método para evitar dar lugar a cualquier tipo de silencio incomodo, porque era capaz de percibir que ninguno de los dos aún no estaba listo para tocar el tema, o mejor dicho, ninguno mostraba intenciones de hacerlo. Las cosas así estaban bien, no pretendía cambiarlas, no todavía. Aún sabiendo que los cambios solían ser positivos, temía en destruir lo que tenían hasta ese momento. —¿Lo buscarías? Si… Ya sabes, tuvieras la oportunidad— se aventuró a preguntar, queriendo pero al mismo tiempo no, ahondar más en ese aspecto. Era algo extraño, pero no se contuvo. Después de todo, fuera del campamento habían dejado personas, situaciones, vínculos, aunque dudaba en que todo pudiera regresar a la normalidad el día que le tocara volver. —Una vez, realmente solo una vez. Lo demás… Solo fueron experiencias cercanas, digámosle así— sincero, respondió convencido. Única había sido la relación donde llegó a sentirse inmerso en lo que podía llamarse amor. Hubo otras, si, pero solo una vez sintió estar enamorado, al menos eso creía. —¿Qué impresión tuviste de mí? Cuando me vista la primera vez— supo que le tocaba preguntar, así que lo hizo sin dar vueltas.
Aquella pregunta provocó que su cerebro comenzara a funcionar rápidamente, inspeccionando las distintas variables de lo que sucedería si buscaba a Kevin. Había dejado de pensarlo desde el momento en que ingresó en el reformatorio, asegurándose que nunca más volvería a verlo, pero... ¿quería hacerlo? "Supongo que tendré dos años para pensar eso." Susurró, ya que sería el tiempo que pasaría en el campamento, lugar en el que no sólo debería cumplir su condena, sino que también tenía que decidir que haría con su futuro una vez que fuese libre. Enamorarse no sonaba tarea fácil, si una persona como Thayer sólo lo había hecho una vez... definitivamente no lo era. "¿Era un hombre o una mujer?" Inquirió con aire divertido, teniendo la intención de dejar la incomodidad detrás. Ante la pregunta ajena, presionó sus labios y los movió de un lado a otro, pensando en la verdadera respuesta. "Pues... eras divertido, y agradable. Sé que suena cliché, pero aquí dentro, eres un caso especial." Aseguró, con la certeza de que era de las pocas personas que realmente pensaba aquello. "No sólo cuando te conocí, sino hasta ahora —es como si no pudiese encontrar algo que esté mal contigo, eres atractivo, una buena persona, inteligente, confiable..." Dio algunos ejemplos, intentando darle a entender a qué se refería. "¿Acaso tienes algún defecto?" No estaba segura de si aquello contaba como pregunta, pero de toda forma así lo estaba tomando ella; aunque claro que entendería si el contrario prefería no contestarla.