Entre tanto afán, entre tanto ajetreo, entre tanta rapidez, entre tanta impaciencia, entre tanta queja, entre tanto mal pensamiento, entre tanta agonía, entre tanto desconcierto, entre tanto egoísmo, entre tanta envidia, entre tanto libertinaje, entre tanta desesperanza, entre tanto estrés.
Siempre hay una sola respuesta: JESÚS.
Gracias a Él por hacer brillar a las personas, gracias a Él por demostrar el camino al que quieres llegar, gracias a Él por su perfección, gracias a Él por su humilidad, gracias a Él por entregarnos TODO, gracias a Él por lo real que fue, gracias a Él por mostrarnos la VERDAD.
Hay un versículo que no tenía mucho sentido para mí; sin embargo lo tenía grabado en mi mente. “Jesús es el camino, la verdad y la vida” Jn. 14:6 .
¿Cómo alguien puede ser dueño de la verdad absoluta? - me preguntaba.
¿Cómo es que alguien puede llamarse así mismo “verdad”, si todos mienten”? - me cuestionaba.
No sé de qué manera puedes cuestionarte tú, pero, lo hacemos... para eso tenemos el cerebro.
Llegó a mi un pensamiento que (para serte sincera, no sé si estará bien) pero, al decir LA VERDAD, es porque todo lo que vivió, fue real, son cosas que pasan en la sociedad desde hace más de 2,000 años, y van a seguir pasando.
Pero hay que agradecer a las personas que hacen de este mundo, un mejor lugar.














