La vida a menudo encuentra la forma de agotarnos.
La vida a menudo encuentra la forma de agotarnos.
Ya sea por una pérdida, estrés económico, laboral, familiar o circunstancial, problemas de salud o conflictos; en fin, el peso de las circunstancias puede llegar a ser abrumador.
Si se está pasando por un momento difícil, es importante recordar que hay esperanza en Cristo. Una esperanza real, transformadora y energizante.
Tener en mente las promesas más reconfortantes del Señor nos da fuerza y ánimo, tales como: su invitación a encontrar el verdadero descanso para nuestras almas atribuladas.
Cuando el corazón se siente agobiado, el cuerpo cansado y las emociones nos dejan del todo agotados/as, es importante recurrir a la ayuda de Dios.
Todos experimentamos períodos como este, en los que nos sentimos cansados, desesperanzados, impotentes y muy desanimados. Son momentos en los que nos preguntamos cuánto más podremos aguantar. Creo que todos hemos pasado por eso.
Y en esos momentos, no hay que rendirnos, no me rindo. Dios tiene una respuesta clara y práctica, sin importar cuál sea el problema.
Cristo, el Hijo de Dios y Soberano de este universo, dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mt 11.28-30).
Quizás se llegue a pensar que ya se ha intentado confiar en estas palabras y que se sigue tan preocupado/a como siempre. Pero Dios no ofrece soluciones que no funcionan. Entonces, hay que llevar nuestras cargas más profundas al Señor y encontrar el alivio que tanto se necesita.
Primero, acepte la invitación:
Cristo dice: “Venid a mí” (Mt 11.28).
Cuéntele en oración cuál es su carga: “Señor, así es como me siento; ………….. Esta es la razón por la que me siento tan abrumado”. No importa cuál sea el problema. Si se siente agotado/a emocionalmente, cansado, triste, enojado o abrumado por el pecado, por las circunstancias o el día a día, Cristo es “manso y humilde de corazón” y lo recibirá con bondad (Mt 11.29).
Segundo, entréguele su carga:
Reconozca que no puede manejar el problema y que debe entregárselo a Él. Aunque a menudo pensamos que ya lo hemos hecho, volvemos a tomar la carga. Podemos repetir este proceso muchas veces y aun así seguir aferrándonos a dicha carga. Cuando esto ocurre, es porque seguimos centrados en la carga y no en Cristo.
Examine sus oraciones: ¿cuánto tiempo dedica a expresar su desesperación en comparación con alabar a Dios por su poder, su fidelidad y su amor? Entonces, cambie su enfoque: de la carga a Aquel que la lleva.
Dios colocó recordatorios a lo largo de su Palabra para ayudarnos con esta rendición: Él quiere llevar nuestras cargas (1 Pedro 5.6, 7).
Él nos sostendrá a través de ellas (Salmo 55.22).
Él no desaparece de nuestra vida, sino que continúa ayudándonos cada día (Salmo 68.19,20).
Hay que recordar estos versículos hasta que se tenga la convicción de que se puede “echar toda la ansiedad sobre Él, porque Él se preocupa por cada uno de nosotros”.
Tercero, sígalo con fervor:
“Llevad mi yugo sobre vosotros” (Mateo 11.29). Cristo no quita todos los yugos; Él cambia nuestro yugo pesado por uno ligero (Mateo 11.30).
Su yugo es que nos sometamos a Él y caminemos en obediencia, por gratitud y alegría, con la ayuda del Espíritu Santo. Llevar una carga al Señor no siempre significa que desaparecerá. Él dice: “Aprended de mí” (Mateo 11.29); a veces nos enseñará cómo vivir con ella sin que nos agote.
Por último, ¿qué podemos esperar?
Cuando hagamos todo esto, encontraremos descanso para nuestras almas (Mateo 11.29).
Con su yugo, lo que estamos atravesando comenzará a sentirse “cómodo” porque su carga es ligera (Mateo 11.30).
Pronto podremos caminar con la confianza de que Dios tiene el control, sabiendo que Él resolverá las circunstancias en su tiempo y a su manera perfecta.
No importa lo que usted esté enfrentando, ni cuánto tiempo lo haya enfrentado, no importa cuán pesado sea y cuán mal lo haga sentir: Jesucristo es suficiente y adecuado para sostenernos, fortalecernos y quitarnos ese peso terrible de nuestros hombros. Esa es su promesa.
Sus promesas son para el hoy y para el ahora, no solo para el futuro.
No importa cuán difícil sea nuestra situación, eso no nos excluye del amor y cuidado de Dios; al contrario, es cuando su invitación se vuelve más evidente.
No es necesario que usted tenga todo resuelto antes de acudir a Él, ni que lleve sus cargas solo. Dios es un Dios vivo y de gran poder y esta a nuestro lado.