Debbie:
—Por tu expresión supongo que han sido muchos malos jefes.— Respondió arrugando la nariz con una sonrisa disimulada. —Te entiendo, aunque por suerte en este último trabajo he tocado con la suerte de tener una buena jefa que confía en su personal. Sería muy incómodo con mis años tener que aguantar a una jefa o jefe déspota, desconsiderado y con aires de superioridad. Creo que mi paciencia no llegaría a tanto.— Pues aunque Deborah era una mujer de carácter dócil tenía cero tolerancia a ciertos comportamientos. —¿Un turista de muchos años?.— Preguntó siguiendo su broma. —Aunque sino tienes mascotas puedo perdonarte que no hayas visitado.— Rió.
—Muchos, de hecho. No soy bueno trabajando de planta así que soy consultor la mayor parte del tiempo. —Reconoció encogiéndose de hombros. —Aunque, irónicamente, el peor jefe que he tenido resulta ser mi mejor amigo... por eso tengo experiencia en manejarlos. —Bromeó un poco, sonriendo mientras asentía a sus palabras. —Creo que eso no importa cuando se trata de ser un pésimo jefe, supongo que es cuestión de principios a final de cuentas. —Aquello era algo que Alex jamás había aprobado, lo que tal vez significaba que su abuela lo había hecho más decente de lo que él creía. —Varios meses, en realidad. —Dijo marcando su acento australiano mientras sonreía ampliamente. —Vine aquí a visitar a alguien, surfear un poco y entonces se apareció una oportunidad de trabajo a la que no pude negarme. No sé si me quedaré, pero si es así, entonces le pediré sugerencias para mascotas… excepto gatos, porque soy muy alérgico a ellos.



















