Corriditas
Bajé en Retiro apurado, y de vez en cuando a las corriditas para verla rápidamente de una buena vez. A lo lejos la vi sentada en un banco de la plaza del reloj británico con una remera de un color muy llamativo. Corridita.
Estaba solo a unos metros de ella y ni se paraba para saludarme, y darme UN FUCKIN ABRAZO, no. Nos saludamos así no más, y nos fuimos sin saber bien a dónde ir. ¿Qué importaba? La onda era estar juntitos.
Vimos un EGG gigante, y luego dos tipos cambiándose de ropa en la plaza, uno de ellos con semejantes rulos que me hacían acordar al cantante de Control Test, actualmente baterista de Lysol. Íbamos como en dirección al obelisco. Cruzando la calle le pregunté si le gustaba ir al cine. Yo realmente no creía que fuese una buena idea ir al cine en aquel momento, porque las películas duran una hora y pico, y en una hora y pico prefiero hablar de lo que sea con ella y de tanto en tanto acercarme a su cara para buscarle un beso. Pero se lo pregunté para saber si algún día podríamos ir, pero no me respondió, se puso nerviosa mirando otro lado como pensando qué decir.
Dijo de ir a Puerto Madero. Le preguntamos a un gordo por dónde quedaba y nos guió bien, tenía la posta el gordito. Era la primera vez que iba a ir a ese lugar y me encantaba que fuese con ella, sólo con ella. Era un lugar de gente de plata muy lindo. Fuimos no sin antes comprar unas latas, unas Miller, cerveza que nunca había probado, muy buena, la verdad. Lo que me molestaba de esa ciudad es que habían vagos, indigentes y fisuras, ¿en todo momento que estás por entrar a un negocio te tienen que pedir algo? Encima te pedían mercadería , cualquiera. Prefiero que me pidas plata, darte y que en vez de comprarte un pan rallado te vayas a comprar pasta base. El primero que me mangueó fue un negro mulato afrodescendiente que dijo "yo no le voy a pedir plata, ni nada, sólo quería pedirle por favor si me compra un aceite". Claro, un aceite que debe salir como 3 lucas el más barato. Le dije que no podía y luego salí con las cervezas.
Nos compramos 3 latas y fuimos contentísimos hacia Puerto Madero por la calle Paraguay. Caminábamos por entre medio de edificios altos, subiendo y bajando escaleras, todo eso mezclado con la ebriedad me hacía flashear que estaba en un mapa de algún GTA. Luego cruzamos una avenida muy peligrosa y en frente había una plaza. Lo único que vi eran asientos y me senté y aprendí que Nini Marshall era de Banfield. Desde ahí podíamos ver el Luna Park, donde alguna vez se presentó ella.
Al acercarnos al puerto había un viento frío que me recordaba mucho al frío de playa que amaba cuando era un niño. En aquél momento ya sentía que éramos uno.
Pasamos, habían negocios donde vendían ropa, lugares para comer, pero mucha atención no les di, hasta que vi muchas lanchas sobre un agua que no sabía de dónde salía. Recién ahí comenzaba el paseo al lado de ese sea lo que sea, pero ella prefirió que nos sentemos en un cantero que tenía un arbustito arbolito que servía como techito. Muy buen lugar para dos tortolitos. Había mucho viento y a ella le agarró frío, se puso una campera y me pidió que la abrace.
Luego se acostó en mi regazo. Hablamos mucho, de pavadas, y de cosas interesantes e importantes. Dijimos de ir a comprar más cerveza antes de caminar por Puerto. Ella se paró de inmediato. Anteriormente había dicho que cuando empecemos a caminar le iba a pedir que me guarde mi campera en su mochila. Yo quedaría en remera. Había mucho viento, sí, pero el alcohol te hace entrar en calor y además me sentía extasiado, el contexto no daba como para que me altere el frío. Cuando veo que se para le dije que se acerque porque la tenía que besar. Había que hacerlo en ese lugar, era ideal, era romántico, además se notaba que quería que la bese. Personalmente fue mi beso más esperado, y uno de los que más me gustó, por cómo se lo pedí y por la sonrisa que se pintó en su rostro posteriormente.
Ella también hacía corriditas, me ponía muy contento verla así, la notaba muy suelta. Los dos hacíamos corriditas. Habíamos tomado poco alcohol, pero ese poco mezclado con nosotros cerquita y de la mano ya es una ebriedad total.
Fuimos por el mismo camino por donde venimos, y cruzando la avenida escuchamos unos bocinazos y vimos un coche viniendo muy rápido hacia nosotros y nos cagamos de risa mientras nos apurábamos para salirnos de su camino. Me sorprendió que recuerde tan bien el trayecto, ella seguro conoce muy bien ese lugar. Llegamos al mismo supermercado donde habíamos comprado y un vago me pidió algo para comer y le dije que no podía. Nos compramos más latas, y le di un mil de más, pudo haberme cagado pero no lo hizo. Salimos y fuimos para Puerto Madero.
Comenzamos a caminar y todo era muy nuevo para mí. Apenas llegamos al puente de la mujer vimos a Spiderman y de inmediato le hablé y lo halagué por ser una persona flaca. Charlamos un rato los tres. El tipo vivía ahí cerca. Nos contó de un Spiderman gordo que se sacaba la máscara para fumar matando la fantasía de los niños. Eso es un crimen. Corté la charla en el momento adecuado. Le dije "te invitaría un trago pero..." - "no, gracias, no tomo" - "no, no por eso, sino porque tenés prohibido sacarte la máscara". Verla a ella mirando a Spiderman, sonriendo por lo bizarro de la situación me daba años de vida.
Me sacó fotos prendiendo un cigarro en el puente ese, salí feo pero ella dijo que no. Mi vieja dijo que soy un pelotudo de mierda por no haberle sacado fotos a mi mujer en el puente de la mujer, me parece que tiene razón, encima ella hubiese salido hermosa.
Miramos vidrieras, y me gustó mucho Rochas, me eché un meo al lado, y la hora no me importaba, ya no me importaba, no me importaba.
Nos sentamos en unos asientos raros, al principio ella estaba sentada frente mío, pero me gustó más cuando se sentó arriba mío y estábamos abrazaditos viendo judíos pasar. Fue una de mis partes favoritas de la noccio.
No sé cómo, pero de repente estábamos mirando la Casa Rosada a lo lejos, en aquella escalera nos habíamos puesto más serios y hablamos de cosas más profundas e importantes. Fue una de sus partes favoritas. Y después nos pusimos a escuchar Catupecu Machu y otros grupos muertos de rock nacional.
Veo en partes lo que tú ves, quieras o no estás adentro.
Nos paramos de aquellas escaleras del CCK y nos fuimos a caminar. Vimos a una señora con una copa en la mano caminando entre medio de dos buenos hombres. Estaba borracha, entonces me acerqué y le pregunté si me podía prestar su copa para tomar un trago de mi cerveza, dijo que sí. Me serví y tomé, empezamos a hablar y nos dijo que era de Chile. Yo pensé que era italiana. El señor chileno me enseñó que Equinoccio significa media noche, equi es medio, y noccio noche. ¿O cómo? No me acuerdo.
¿Quiere? Dijo ella , "sí". Yo no quise ofrecerle cerveza a la señora porque imaginé que a los señores no les iba a caer bien.
Qué extraño es el amor ¿no? Porque no tiene vuelta atrás.


















