A veces lo que está mal está bien.
No sé qué será de nosotros, pero mientras tanto, seamos lo que está vetado a los ojos de otros. Si el infierno es lo que nos merecemos, ¿por qué será que encontramos redención en él? Si el prejuicio conlleva que se nos expulse del paraíso, ¿por qué, estando abrazados, se nos abren las puertas del cielo? Sin querer te quise; sin motivo alguno nos encontramos. Te saludé aquella vez por cortesía; me respondiste con amabilidad. En tus ojos, la tristeza acumulada de una conflagración continua. Con el tiempo me volví tu cómplice y aliado; me tomaste por refugio; si estabas prohibida, no podía importarme menos si de pronto con moretones en los brazos aparecías. Me valía un carajo la normativa y su rigidez protocolar; me era indiferente el conventilleo cotidiano cuando te descubría frente a mi casa de vez en cuando, en esas noches desveladas en las que me acariciabas con las manos temblando. El amor apareció en medio de esa batalla que dabas tú, mujer de fortalezas varias, en aquel entonces tan resignada al miedo y a las amenazas, que asumiste por debilidad. Yo no supe qué hacer más que instalarme a tu lado para secar tus lágrimas y admirarte. Y es que había un inmenso sesgo en la manera en que te mirabas. Solo era cuestión de tiempo para que lo notaras: Hay reflejos que adquirimos sobre nosotros mismos, basados en el espejo roto en el que se miran personajes miserables. Solo buscan alguna ganancia, necesitan cierto control enajenado, viven inseguros y son tan frágiles mentalmente que tienden al postureo arrogante y narciso; solo saben vincularse con el resto a base de manipulaciones y violencia de cualquier tipo. Y no es cuestión de heroísmos, sé que podías sola, pero me dijiste: "Quédate conmigo". Y me quedé, porque en sostenerte encontré una razón para no caer. Desde entonces nos importa poco el qué dirán. Muchísimo menos aquel sujeto que te intimidaba, pues se tuvo que meter la cola entre las piernas y tragarse su puto ego. Y no porque me viera junto a ti, sino porque tú, tú eres más valiente de lo que pensabas. Ya te has dado cuenta, solo necesitabas un empuje, uno que salió de tu interior, al cual me sumo yo cada día mientras nos paseamos frente a todos y te presumo.
Memoria Selectiva.
Tu me diste ese empujón, me ayudaste a aliviar mi dolor, años de vivir una vida que no era mía y haciendo lo que otro quería desaparecieron el día que te conocí. Esa sonrisa cautivadora y especial me robaron el corazón y me dieron la fuerza y el coraje de ver en mi lo que yo no creía capaz de hacer, hace 12 años sostuvisten mi mano mientras enfrentaba el mundo que parecía caer frente a mi. Gracias mil y mil gracias por devolverme la paz que yo creía no merecer.



















