Pienso en el lenguaje últimamente. Y en los idiomas.
Se me ocurrió de repente y me pareció muy acertado asumir que la garganta de un francés jamás se abrasaría por las emociones embotelladas que es incapaz de comunicar. De su boca no correrían jamás coladas de lava. Ni permitiría que el azufre nublase su percepción.
Las palabras que no se expresan no desaparecen sin mas, avivan fuegos que cambian la percepción y la manera de entender. Me di cuenta de esto un poco tarde, el día que las fui a buscar y en su lugar solo encontré los restos de un incendio.
Como me da miedo que esto siga pasando, voy a intentar hacer algunos cortafuegos por aquí.








