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YOU ARE THE REASON
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Kiana Khansmith
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¿Sabías que Fontanarrosa tiene su tipografía? La diseñó Eduardo Rodriguez Tunni -basada en sus viñetas- y se llama Anarrosa.
Todo es genial aquí: Una coreografía bien ejecutada, una canción maravillosa que habla de un ultimátum y la extraordinaria voz de Tracy Chapman.
*Alejandro Borenzstein*
Querido Samuel
«Breve mensaje para el actor Samuel L Jackson quien pidió apoyar a España en la final porque, según él, la Argentina es el país más racista del mundo.»
Dear Samuel:
No hace falta que te diga todo lo que te admiramos desde siempre y cuánto hemos disfrutado de tus películas. Por eso nos resultó extraño y duro que hayas dicho: “Argentina es el país más racista del mundo”. No te voy a engañar Samuel, tus palabras nos dolieron.
Argentina no es un país racista. Somos promducto de la mezcla de razas, sangres, religiones y nacionalidades. Seguramente, por eso somos un poco caóticos, pero también muy creativos, divertidos y sobre todo indestructibles.
Acá la esclavitud se abolió en 1813. Cincuenta y dos años antes que allá, en tu país. Desde entonces nunca hubo que pelear por derechos para igualar razas o credos. Peleamos por otros derechos, por otras cosas, no te lo voy a negar. Y nos han pegado mucho. Muchísimo. Pero a todos por igual. Blancos y negros, inmigrantes y criollos, occidentales y orientales, católicos, judíos y árabes. Acá cuando la ligamos, la ligamos todos.
Creéme Samuel que si tu familia, en lugar de haberte criado allá en Tennesse te hubieran criado acá en las pampas argentinas, hubieses podido viajar en el mismo bondi que tomaba el jefe del Ku Klux Klan , y mear con él en el mismo baño todos juntos.
Rosa Parks, la mujer de Alabama que en 1955 desafió al sistema sentándose en la parte del bus reservada para los blancos, acá se hubiese podido sentar donde quería desde el primer día y nadie le hubiese dicho nada. Y si no había asiento libre seguramente cualquier caballero argentino se lo hubiera cedido. Así fue siempre.
Acá no hubo que esperar hasta 1965 para que una ley permitiera que los negros votasen un presidente. Acá votamos todos. Te reconozco que a veces votamos como el orto, pero todos.
Eso sí, fuimos un poco perezosos con las mujeres a las que recién se les otorgó el derecho en 1951. Grave. Feo, pero aceptame que allá fue mucho peor: por ser negro no pudiste votar hasta 1965.
Allá un supremacista es un blanco grandote que te cuelga de un árbol rodeado de antorchas. Acá los supremacistas son los que están en la tribuna cantando “vos sos de la B”.
Te cuento una rareza de la Argentina: la mayoría de nosotros tenemos un amigo al que le decimos “negro”. No solo eso si no que, cuando se lo decimos, su rostro se ilumina.
Acá decir “¿qué haces negrito?” es cariñoso y cotidiano, pero intuyo que allá en Tennesse, si digo “¿qué hacés negrito?” lo más probable es que me rocíen con nafta y me tiren un fósforo, aún con lo caro que se les puso el galón últimamente.
Para nosotros “negro” es simplemente un color, no le damos más vueltas. “Que bien te queda el negro”, “el día se puso negro”, “me las veo negras” son expresiones cotidianas por las que en Tennesse me lincharían y probablemente vos estarías de acuerdo con que así sea. Y no te culpo, allá es así. Acá no.
Nuestra mejor voz femenina fue la Negra Sosa y el mejor cuentista de humor fue el Negro Fontanarrosa. Ni hablar de uno de los cómicos más queridos de nuestro país: el Negro Olmedo. Te recomiendo sus películas, especialmente las que hacía con el Gordo Porcel. Sí Samuel, le decíamos gordo a Porcel y negro a Olmedo y acá nadie se ofendía. Mucho menos ellos mismos.
Acá Muhammad Alí no hubiese tenido que cambiarse el nombre en rechazo al legado de la esclavitud. Le hubiésemos dicho el Negro Clay y a otra cosa. Todos contentos.
Para que en la Argentina sea despectivo decirle “negro” a alguien hay que llevar las cosas a otro nivel. Por ejemplo, negro de mierda, negro cagador o negro hijo de puta. Pero si le decís negro a secas, así plain, sin aditivos, eso viene seguido de un abrazo.
Te cuento algo que no me vas a creer. Mi abuelo, al que le decíamos el Zeide, se llamaba Samuel, como vos. Fue un inmigrante polaco y judío al que la Argentina recibió con los brazos abiertos, como a todos los inmigrantes. Sin segregación, sin racismo.
Por supuesto, nunca faltó algún antisemita de los que siempre hay en todo el mundo, ahora un poquito más. Pero desde que llegó al país gozó de los mismos derechos que todos los demás. Laburó como un perro para que sus hijos argentinos crecieran y prosperaran.
El del medio fue mi papá, un gran actor cómico que se llamaba Tato y que con los años se transformó en un símbolo de los mejores valores argentinos. Entre tantos premios y reconocimientos que recibió, ganó mucho Martin Fierro que viene a ser como el Oscar de acá. Toda la familia ganó varios Oscar argentinos. Yo lamento mucho que a vos allá en Hollywood te hayan dado uno solo.
Y encima fue un Oscar a la trayectoria. No hace falta que te explique lo que significa el premio a la trayectoria: se lo dan a los viejos que laburaron mucho. Seamos sinceros, un Oscar de verdad, por un programa o una película concreta, no ganaste ninguno. Una pena Sam.
Sin embargo, tus palabras, como las de otros que también insultaron a nuestro país, han tenido algo positivo. Te cuento.
Acá hay una grieta desde hace mucho tiempo. Eso que a ustedes les pasa ahora con Trump, a nosotros nos pasó muchas veces y en los últimos 20 años nos pasó con los Kirchner. No quiero entrar en detalles, pero creéme Samuel que acá la sociedad está dividida por esta gente. Él ya falleció y ella está presa porque tuvo unos problemitas que no vienen al caso comentarte.
Mirá como serán las cosas que esta ola de agravios contra la Argentina logró lo que nadie imaginaba: estamos todos unidos en defensa de la verdad y la dignidad nacional. La Argentina tendrá sus defectos, pero no es el país más racista del mundo como dijiste vos. De hecho, creo que es menos racista que cualquier país promedio y muchísimo menos que países centrales que han sido colonialistas o directamente segregacionistas, como el tuyo. Por suerte ya no lo es.
Más allá de las diferencias de todo tipo, los argentinos estamos todos unidos detrás de algunas ideas, también de la Selección, de Messi, del recuerdo de Maradona y del hecho de que, si alguien dice que somos el país más racista del mundo, vamos a estar todos de acuerdo en que ese tipo es un pelotudo, con todo respeto. Mirá lo que lograste Sam. Todo un mérito. Ni el Papa Francisco, que era argentino y tanto lo intentó, pudo lograr la unión nacional.
Por eso, yo que vos me pego una vuelta por acá para comprobarlo personalmente. Te invitamos. Te va a gustar. La gente es amable, se come rico, hay muy buen teatro y los paisajes naturales son de los más variados y bellos de la Tierra.
Y si te gusta el fútbol, y veo que es así, te podemos llevar a la cancha para que disfrutes de una de nuestras mayores pasiones, con todos sus logros, incluyendo las 7 finales del mundo y los 3 mundiales ganados.
A propósito, lamento mucho que Bélgica los haya eliminado en octavos de final, con toda la que gastaron. Espero que no haya sido eso lo que motivó tus expresiones contra nosotros.
No te la pierdas, champ. Vení que la vas a pasar fenómeno.
Es más, seguro que alguien te va a proponer filmar una película o una serie. Y si te ofrecen pagarte una parte en negro, no te ofendas. Es para que te ahorres algo del impuesto a las ganancias. Es a favor tuyo.
En fin, querido Samuel, tal vez si venís nos puedas conocer un poco mejor.
Y si no, te lo explico del modo en que lo explicamos nosotros acá: es Argentina, no lo entenderías negrito.
Alejandro Borensztein
Clarín, 25/07/2026
Casi 10 años tiene ya “Happiness (2017)” de Steve Cutts y su vigencia está más plena que nunca.
El consumismo exacerbado y búsqueda obsesiva de la felicidad ¿están siendo nuestra condena?
Es una maravilla…

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“Sea como sea, era fútbol, pero no ha sido fútbol, sino política e ideología. Sucia, deleznable, injusta, pero muy eficaz en los tiempos de la viralización. Lo peor es que han intentado convertir a la selección argentina, una selección que ama al fútbol como ninguna, nutrida de gentes de todos los barrios y condiciones, con un aporte extraordinario a la historia del fútbol mundial, la han intentado convertir en el símbolo de todo lo que odian. Es el wokismo, es la izquierda caviar, es la geopolítica que mueve sus tentáculos, es el poder viral de los enemigos de la democracia…”
Pilar Rahola
Personas isla.
Personas puente.
Personas pico nevado.
Personas volcán.
Personas laguna.
Personas río.
Personas viento.
Personas brisa.
Personas aire.
Personas fuego.
Personas agua.
Personas tierra.
Personas día.
Personas noche.
Personas vivas.
Personas muertas.
Personas sol.
Personas pantano.
Personas sendero.
Personas todo eso…
Tengo que entender que no me quiere tener en su vida.

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«La diplomacia es el arte de enviar a la gente al infierno de tal manera que ellos soliciten direcciones»
Winston Churchill.
«Un gato tiene una honestidad emocional absoluta. Los seres humanos, por una razón u otra, pueden ocultar lo que sienten, un gato no lo hace. No conoce la falsedad ni la pretensión. Lo que ves es lo que hay: serenidad, desdén, afecto o distancia. Es un alma libre, fiel solo a su verdad. Quizás por eso los gatos no pertenecen a nadie y, sin embargo, lo dicen todo sin palabras.»
Ernest Hemingway
Bonnie Taylor 🎶🌹💖
Oda escrita en 1966
Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
Que, alto en el alba de una plaza desierta,
Rige un corcel de bronce por el tiempo,
Ni los otros que miran desde el mármol,
Ni los que prodigaron su bélica ceniza
Por los campos de América
O dejaron un verso o una hazaña
O la memoria de una vida cabal
En el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.
Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
Cargado de batallas, de espadas y de éxodos
Y de la lenta población de regiones
Que lindan con la aurora y el ocaso,
Y de rostros que van envejeciendo
En los espejos que se empañan
Y de sufridas agonías anónimas
Que duran hasta el alba
Y de la telaraña de la lluvia
Sobre negros jardines.
La patria, amigos, es un acto perpetuo
Como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
Un solo instante, nos fulminaría,
Blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
Ser dignos del antiguo juramento
Que prestaron aquellos caballeros
De ser lo que ignoraban, argentinos,
De ser lo que serían por el hecho
De haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
La justificación de aquellos muertos;
Nuestro deber es la gloriosa carga
Que a nuestra sombra legan esas sombras
Que debemos salvar.
Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
Ese límpido fuego misterioso.
Jorge Luis Borges
(Poema escrito en 1966, con motivo del sesquicentenario de la independencia formal, el 9 de julio de 1816.)

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NO ES UNA CIVILIZACIÓN PARA VIEJOS
Eso que llamamos civilización occidental ha decidido que las personas de la tercera edad constituyen un estorbo y deben ser confinadas en residencias no muy diferentes de las reservas indias de EEUU, donde solo prosperan la melancolía, el tedio y la soledad. Lejos de crear nuevas formas de convivencia, la necesaria crítica a la familia tradicional, basada en la hegemonía masculina, solo ha alentado la fragmentación social. Cada vez hay más hogares con una sola persona. Hogares que no son hogares, sino celdillas de un gigantesco panel donde nadie conoce a nadie y donde el vecino se percibe como un intruso y no como un semejante. En Occidente, el sentido de comunidad ha desaparecido. Un individualismo autodestructivo ha roto los vínculos afectivos, atomizando la sociedad. Los ancianos son los peor parados en este escenario. Los hijos se desentienden de ellos y las residencias, cada vez más saturadas, se limitan a proporcionar una atención insuficiente, que no incluye ternura ni calidez humana.
Desde los felices 20 del pasado siglo, se ha idealizado a la juventud, degradando a los ancianos a la condición de cachivaches inservibles. En otras épocas, la vejez era sinónimo de sabiduría, templanza y ecuanimidad, pero hoy se considera un período de decadencia que conviene ocultar, quizás porque recuerda la fragilidad de la existencia humana y su carácter efímero. No advierto muchas razones para exaltar la juventud. No he olvidado mis 20 años y recuerdo que los jóvenes de mi generación no eran sabios e inconformistas, sino egoístas, hedónicos, banales, irresponsables y, en algunos casos, absurdamente radicales o provocadores. “Bailando, me paso el día bailando”, cantaba Alaska y no mentía. En los 80, la frivolidad estaba de moda y hacer estupideces, como consumir drogas, emborracharse o llevar una vida promiscua, se consideraba una virtud o un gesto de rebeldía.
De joven, siempre busqué la compañía de personas mayores, de amigos como el tío Iturrioz de El árbol de la ciencia, ese sabio que mantenía largas discusiones filosóficas con Andrés Hurtado. Ahora tengo casi 61 años, echo de menos un Andrés Hurtado con el que hablar de todo lo humano y lo divino. Eso que llamamos civilización occidental solo me augura un futuro de soledad y olvido. Tal vez mi destino no sea demasiado importante, pero sí el de millones de personas de la tercera edad abocadas a un ocaso indigno y miserable. Los jóvenes no reparan en que ellos también envejecerán y que su final podría ser igual de amargo. No creo que haya que volver atrás, pues el pasado no fue un tiempo idílico, pero estoy convencido de que el porvenir no debería parecerse al presente. No pienso que el secreto de una buena vejez consista en un pacto honesto con la soledad, como apuntó García Márquez, sino en la posibilidad de conservar y establecer vínculos afectivos. El amor es lo que da sentido a la existencia. Sin él, el ser humano es un náufrago a la deriva.
Rafael Narbona