Próxima estación: Olvido
Fiamma caminaba serenamente por las calles de Ámsterdam una mañana de otoño del ‘96, camino al encuentro pactado con su prima Chloé, en su predilecto Vesper Bar. Su extensa cabellera rojiza y rizada se volaba constantemente como en una especie de danza contemporánea capilar, por causa del viento sur. Observaba con su mirada tan peculiar a la bandada de arrendajos que se direccionaban hacia la Torensluis. Imaginaba ser uno de ellos: abría sus brazos, cerraba sus ojos y su mente viajaba junto con los pájaros. El vuelo le generaba libertad, viaje y el poder de desaferrarse de la tierra para poder despegar sus alas a ese cielo azul tan infinito. Era una sensación efímera, una mera representación de lo que su fuero anhelaba.
Doblando una de las esquinas, una niebla espesa merodeaba el ambiente desolado, a lo que Fiamma comienza a tener una visión muy reducida de su alrededor. Sus pupilas se contraían y dilataban al mismo tiempo que sus pasos se acortaban por el miedo a no ver.
Repentinamente, una fuerte bocina suena, Fiamma se sobresalta y corre apresuradamente: un automóvil estaba a punto de chocarla. Su corazón comienza a tomar un ritmo acelerado, su cuerpo no paraba de oscilar.
Su visión era cada vez más mínima e intentaba concentrarse en su sentido auditivo para guiarse por el barrio. Sus pies se encontraban desconcertados por pisar lo desconocido, por atravesar lo callejero sin tener la certeza de que iba a poder llegar al esperado encuentro. Ya habían pasado quince años desde que ambas no se veían y esta, era la posibilidad de Fiamma de poder platicar de todo lo sucedido en los últimos años: del duro proceso de la enfermedad de su madre y su muerte, de los amores, del maltrato de su padre, de sus logros y fracasos, de sus traumas, de sus experiencias, angustias profundas y de recordar su infancia juntas.
Su inquietud crecía, su boca se secaba gradualmente por causa de su respiración desesperada. El recorrido de veinte cuadras se le hacía infinito, sus zapatillas se perforaban con cada paso como si pisase clavos. Su tranquila caminata se había vuelto una tortura veloz.
Lograba concentrarse en sus latidos, en el correr de su sangre, en el funcionamiento circular de su organismo, pero al mismo tiempo se desconectaba cada vez más de su entorno, perdía contacto con su realidad externa. Ya no tenía noción de la cantidad de cuadras que había recorrido, ni de los puntos cardinales.
Su cuerpo le pesaba, el dolor en sus pies le ganaba a ese deseo de reencuentro. Ya no pensaba en querer ver a su adorada Chloé: ya no imaginaba ese encuentro lleno de abrazos, anécdotas, recuerdos de la infancia.
Su mente se revolucionaba segundo a segundo, como si funcionara en cámara rápida. Velocidad, terror, corazón que quiere salir del pecho, ahogo, mente que se retuerce, más terror. Fiamma cae al suelo. Un silencio invade su cuerpo, una mano toca su pelo cariñosamente, era Chloé, que la había observado desde la ventana del bar en el momento de la caída. Fiamma había llegado a destino sin saberlo y había aterrizado como un pesado yunque. Lentamente, logra abrir los ojos. Chloé la abraza cálidamente y la levanta para que retome su estabilidad. La acompaña hasta la mesa en la cual estaba esperándola, pide un café cortado para ambas junto con unos tostados y decide iniciar la esperada charla.
El reloj marcaba las doce y media del mediodía, Fiamma seguía con su mirada al segundero que pasaba por cada número con tranquilidad, solo eso podía observar, solo podía sentir al tiempo suceder y cada sensación interna. Seguía desconectada de la realidad, no sabía en donde se encontraba, solo notaba que su sensación de desesperación se había esfumado luego de su caída. Chloé desconcertada por la actitud de su prima, decide pedir prestado el teléfono del bar para llamar a un médico. Al terminar el llamado, vuelve a la mesa y Fiamma ya no se encontraba en la silla, se había ido del bar.
Los pasos de Fiamma son guiados por su intuición. Se dirige hacia una luminaria, el único haz de luz que lograba percibir. Sube un escalón y logra ver solamente ese panorama: una estación de trenes muy particular: allí no lograba ver a nadie más que a ella misma y a un tren parado en el andén que la invitó a subirse. Una vez dentro, ya no había retorno al recuerdo. Bienvenida amnesia.
https://www.youtube.com/watch?v=icHcy-f76cY
https://www.youtube.com/watch?v=LzRPpnc4DL8
Vasalisaria-














